"Deben mejorarse las condiciones laborales retributivas de los médicos para que resulten atractivas"
“No es de recibo que se les quite el cien por cien del complemento de exclusividad a quienes compatibilizan el ejercicio público y el privado”
Eduardo Iglesias García (Mieres, Asturias, 1966) asumió la presidencia del Consello Galego de Colexios Médicos a finales del pasado mes de enero —solo trece meses después de haber sido elegido presidente del Colegio Médico de Lugo—, tras la renuncia de su antecesor, Isidro Lago. El doctor Iglesias estudió Medicina en la Universidad de Oviedo y completó el MIR en el Servicio de Oftalmología del Hospital Xeral de Lugo. En la ciudad amurallada ha desarrollado toda su carrera profesional: primero, exclusivamente en la sanidad pública; después, compaginó esta actividad con la práctica privada; y, desde 2010, ejerce de forma libre en su propia clínica.
¿Cómo afronta el reto de presidir el Consello Galego de Colexios Médicos?
Por una parte, con ilusión, y por otra, con cierto temor. Con ilusión porque este tipo de cargos ayudan a intensificar la relación con todos los compañeros, especialmente —en mi caso— con los que la sanidad pública. Y con temor por la exposición pública que conlleva y porque resulta imposible contentar a todo el mundo. Hay que hacer frente a críticas buenas y malas, constructivas y destructivas. Sin embargo, siempre me han gustado los retos. Ser presidente del Consello es un desafío interesante.
¿Cuáles son sus objetivos al frente de la institución?
En primer lugar, seguir manteniendo la unidad que tenemos todos los colegios médicos de Galicia. Se trata de algo fácil de conseguir, porque todos los presidentes tenemos una buena relación y remamos en la misma dirección, aunque cada uno tiene sus ideas y desarrolla diferentes facetas a nivel profesional. Creo que continuar unidos es la forma en la que podremos conseguir beneficios para la sanidad, para nuestros compañeros y para los propios pacientes. Por otro lado, debemos seguir luchando para que se mantenga una sanidad pública de calidad y que la atención a los pacientes esté basada, sobre todo, en la excelencia.
¿En qué situación se encuentra el Consello en estos momentos?
Mi experiencia es corta, porque llevo poco más de un año como presidente en el Colegio Médico de Lugo, pero he podido comprobar que el Consello está muy unido. Esto es lo más importante. Además de los cuatro presidentes de los colegios provinciales, seguimos manteniendo el contacto con antiguos miembros de la institución, porque queremos que todo el mundo pueda aportar algo. Los expresidentes de los colegios aportan un punto de vista necesario, porque cuando se lucha por algo es importante contar con diferentes perspectivas para intentar llegar a un punto que nos pueda beneficiar a todos.
Echando la vista atrás, ¿cuáles con los avances más importantes que destacaría en los últimos años?
Los avances más importantes tienen que ver con la defensa de la profesión médica. El Consello siempre se ha manifestado cuando había alguna controversia que afectara a los compañeros con el objetivo de defender a la profesión. A pesar de todo, en ocasiones se dice que los presidentes de los colegios tenemos algún interés privado, pero las posiciones de quienes componemos el Consello son bastante comunes y todos luchamos por defender a los colegiados, aunque en ocasiones haya algunos a los que pueda parecerles que no es así.
¿Por ejemplo?
Una de las últimas controversias ha surgido a raíz de la postura del Consello sobre las incompatibilidades, porque ciertos sectores opinan que nosotros defendemos la privatización de la sanidad. No es así. Creo que la incompatibilidad es una incongruencia en el siglo XXI, y desde los colegios médicos siempre se ha reclamado una solución, aunque las negociaciones son largas y no se consiguen resultados de un día para otro. Los médicos tienen que saber que los colegios estamos para ayudarles a ellos y a los pacientes, y que cuentan con una vía a la que pueden recurrir para intentar mejorar la sanidad y la actividad profesional en la medida en la que nos lo permitan nuestras posibilidades.
En esta materia, recientemente han alcanzado un acuerdo con la Xunta para flexibilizar la compatibilidad entre el ejercicio público y el privado. ¿Qué supone para los profesionales y para el sistema sanitario?
Hasta ahora, la Ley de Incompatibilidades impedía que un médico que trabajara en el sistema público pudiera hacerlo también en un hospital concertado. Este último se entendía como parte de la sanidad pública, cuando realmente es un centro privado que tiene un concierto con el Sergas. Si se trabajaba en uno de esos hospitales y alguien denunciaba, el profesional podía enfrentarse a una sanción de suspensión de hasta dos años de empleo y sueldo. Esto supone que el médico pierda su plaza en el hospital en el que trabajaba y que, cuando llegue el momento, se reincorpore en el centro que le adjudique el Sergas. Todo ello,
insisto, es un anacronismo y no tiene sentido en el siglo XXI. Si alguien tiene un empleo en la sanidad pública y cumple con su horario y sus guardias, ¿por qué no puede complementar ese trabajo con otro de ámbito privado en un hospital concertado? En muchas ocasiones, con esta opción se busca potenciar el desarrollo personal, porque es uno mismo quien dirige su trabajo. Mediante el compromiso alcanzado hemos conseguido un gran avance. Para quienes defienden que parece que desde el Consello queremos privatizar la sanidad, aclarar que se trata de todo lo contrario. El acuerdo con la Consellería establece que los médicos que trabajen en un hospital concertado no podrán ver a pacientes derivados para un proceso de su especialidad. Yo, si trabajase como oftalmólogo en el Hospital de Lugo y tuviese consulta en un centro concertado, no podría atender a los pacientes que se derivaran por un problema de cataratas, por ejemplo. Esto es algo que me parece positivo.
¿Esta decisión puede ayudar a atraer talento a la sanidad pública?
Es posible que algunos se lo planteen, en función del tiempo que lleven trabajando en el ámbito privado y de cómo hayan desarrollado esa actividad. Sin embargo, no creo que sea un número elevado. Lo que sí se evita es que cualquier médico que trabaje en el Sergas y monte su consulta en un centro concertado tenga permanentemente sobre él la espada de Damocles de una posible sanción. Ante el temar a ser castigado, si a un profesional del sistema público le ofrecen un contrato en un centro concertado que le favorece económicamente es probable que se vaya a trabajar exclusivamente a la privada. En cambio, si puede compatibilizar ambas opciones no abandonará la sanidad pública.
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