El IV Concurso de Casos Clínicos premia el trabajo de cuatro residentes

Los ganadores fueron Eva María Rivera, Alba Parga, Guillermo Martínez e Irene Dacosta

La Fundación Hipocrática reconoció la brillantez y la profesionalidad de la nueva generación de facultativos en la cuarta edición de su Concurso de Casos Clínicos para residentes. El acto de entrega de los diplomas acreditativos a los cuatro ganadores tuvo lugar el 7 de julio en la sede colegial de Riego de Agua. Eva María Rivera, del Servicio de Oftalmología del Chuf, obtuvo el primer premio, dotado con 1.000 euros; Alba Parga, del Servicio de Pediatría del Chuac, recogió el segundo, de 750 euros; y, ante el empate en las puntuaciones de Guillermo Martínez, del Servicio de Cirugía Oral y Maxilofacial del Chuac, e Irene Dacosta, del Servicio de Cirugía Pediátrica del Chus, el jurado decidió conceder dos terceros premios de 500 euros cada uno.

“Me ha generado una ilusión muy grande. Ha sido el reconocimiento al trabajo que hacemos los residentes en la sombra”, comentó Eva María Rivera. Al explicar el caso con el que ganó el concurso, reveló que “se trata del diagnóstico precoz de una patología muy grave, como es una estenosis carotídea, por medio de una retinografía realizada en atención primaria”. De esta manera, “el paciente pudo ser intervenido sin tener secuelas graves producidas por la patología, como un ictus. Creo que lo bonito es que demuestra que la unión de los diferentes niveles asistenciales permite dar una atención temprana y accesible a los pacientes”.

Los retinógrafos están presentes en “numerosos centros de salud de Galicia”, aseguró. “Permiten hacer fotografías del fondo del ojo y se suelen utilizar en pacientes diabéticos o con otras enfermedades. Resulta interesante comprobar cómo esta acción tan sencilla en el caso de un paciente asintomático ha permitido que lleguemos hasta un diagnóstico potencialmente mortal”, añadió la facultativa.

Por otro lado, destacó que, actualmente, “los residentes, sobre todo los del servicio de mi hospital, nos encontramos bastante bien. Vamos a congresos y tenemos que estudiar y trabajar mucho, pero es una experiencia muy positiva”. Además, también ofreció su perspectiva sobre el estado de la Oftalmología. “Entre las elecciones de los MIR, es una de las especialidades que está claramente en auge. Considero que esto responde a una situación que no atañe solo a los residentes, sino a la medicina en general. Al final, se opta por opciones que no tengan guardias presenciales de 24 horas y con una salida privada potente. Hoy en día, eligen las especialidades por calidad de vida”.

El segundo premio fue para Alba Parga, quien abordó un caso de enfermedad invasiva grave por SARM comunitario. “El paciente era un niño de 14 años sin factores de riesgo que llegó a Urgencias con una inflamación en el brazo derecho. En principio creímos que podía ser una osteomielitis o una artritis. Se le hizo una analítica y comprobamos que había una PCR elevada y que tenía una leucocitosis y neutrofilia importantes, así que lo ingresamos. Le sacamos un hemocultivo y le suministramos un antibiótico de amplio espectro”. A las pocas horas, “y gracias al Servicio de Microbiología, con el que tenemos una relación muy estrecha desde hace unos años, descubrimos en una PCR que era un Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM). En principio, habíamos puesto una cefalosporina y la cambiamos para adaptarla a la resistencia del microorganismo”.

La evolución del niño fue desfavorable: sufrió émbolos sépticos y una sepsis grave, que trataron con adrenalina y noradrenalina. “Tuvimos una reunión multidisciplinar con Microbiología, Farmacia y Traumatología y planteamos las alternativas. Una de las opciones era la amputación del miembro, porque en las resonancias se veía bastante afectado y no parecía que pudiésemos salvarlo. La segunda era, pese a la gravedad del paciente, volver a hacer una limpieza y ser mucho más agresivos, que fue la que escogimos. Le pusimos vancomicina intraósea, que no se suele llevar a cabo en niños, estando de acuerdo los cuatro servicios y tras hablarlo con los padres”.

A partir del lavado, “el niño fue evolucionando bien, pero nos planteamos que tenía que estar de dos a tres semanas con tratamiento intravenoso. Ahí surgió la idea de ponerle dalbavancina asociando rifampicina. De esta manera solo tuvimos que ponérsela una vez a la semana y se le dio de alta dos semanas antes de lo esperado”.

La residente comentó que, “aunque lo que hicimos ya se llevaba a cabo en adultos, resulta muy novedoso en pediatría. Nos facilitó mucho el seguimiento y la posibilidad de que el niño pudiese irse a su casa y estar mucho más cómodo”.

Alba Parga siempre tuvo clara la elección del servicio al que quería unirse al escoger su residencia. “Nunca tuve dudas de que me gustaba el ámbito hospitalario. Cuando era residente de primer año estaba un poco más desorientada, pero cuando roté en el área neonatal —en el segundo año— comprobé que eso era lo que quería hacer y enfoqué toda la residencia en ello”.

Guillermo Martínez presentó un caso sobre el uso de guías de corte en cirugía ortognática, a propósito de un osteocondroma condilar. “Los osteocondromas de la articulación son lesiones no muy habituales y benignas, pero resultan muy molestas al crecer en una zona de la mandíbula y provocar unas secuelas importantes a nivel estético. Además, pueden producir dolor y dificultar la masticación”. 

El médico indicó que “hay muchas técnicas que se dejaron de usar hace 50 años por no ser seguras o por su carácter impredecible. Gracias al trabajo en conjunto con los ingenieros y al uso de tecnologías más actuales, estamos consiguiendo tener unas guías de corte muy adaptadas a la anatomía del paciente y a la lesión”. Este caso “fue importante en ese sentido porque reutilizamos un tipo de osteotomía que se dejó de usar porque dañaba un nervio que pasa por dentro de la mandíbula. Sin embargo, ahora tenemos mucha más predictibilidad y seguridad”.

“Nuestro servicio trabaja mucho con ingenieros en distintos niveles. En casos con unas guías de corte y placas a medida, solemos colaborar con los de las propias casas comerciales. Además, en otras muchas situaciones y durante el día a día tenemos bastante suerte porque contamos con un equipo de ingenieros que forma parte del propio hospital. Nos ayudan mucho, sobre todo en fracturas. También nos permiten imprimir biomodelos del hueso del paciente con impresoras 3D. Así podemos ver mejor las fracturas y modificar las placas que vamos a emplear para encajarlas de una manera más eficiente antes de empezar la cirugía”, compartió.

Señaló que la Cirugía Oral y Maxilofacial “tiene una labor muy acotada a una zona —cabeza y cuello—, aunque es muy amplia. Tratamos cánceres o fracturas y hay gente que se dedica a la estética o la plástica. Al final, tenemos un poco de muchas especialidades. Además, incorpora numerosos avances con software de planificación. Muchas veces hay que operar en el ordenador antes de meterse en el quirófano. De hecho, hay muchos centros muy punteros”.

En otro orden de cosas, Guillermo Martínez definió la residencia “como una montaña rusa”. Explicó que durante esta etapa “tienes muchos momentos fantásticos y otros que son todo lo contrario. Al final, si intentas trabajar y aprender con todo el mundo lo mejor posible, llega a ser muy disfrutable”.

Por su parte, Irene Dacosta detalló que su caso fue el de “una recién nacida que en el periodo prenatal tenía una sospecha de atresia de esófago. Nosotros manejamos bastantes y la más frecuente es la de tipo 3, que se caracteriza, entre otras cosas, por la fístula distal. Cuando nace y confirmamos la patología, comprobamos que se trataba de una variante menos frecuente, sin fístula, que representa entre un 5 % y un 8 % de las que vemos. Tenía seis cuerpos vertebrales de distancia entre un cabo del esófago y el otro”.

Continuó expresando que, “a pesar de que existe una controversia alrededor del manejo de este tipo de pacientes, consideramos que lo primordial era conservar su esófago nativo antes de hacer una sustitución esofágica. Hicimos controles quirúrgicos seriados, alimentamos a la bebé a través de una gastrostomía y en su cuarto mes de vida le hicimos una anastomosis de ambos cabos del esófago. Actualmente, la niña tiene casi un año. Está con controles endoscópicos y come de manera adecuada”.

Como residente reivindicó que “se trata de una etapa maravillosa para aprender en la actualidad. Siempre estás amparada y protegida para avanzar sin tener el peso de tanta responsabilidad. También es verdad que estamos luchando por lograr muchos derechos, no solo como residentes, sino como médicos, debido a las guardias de 24 horas y el nivel salarial”.

Al profundizar en torno a la Cirugía Pediátrica, expuso que “solo existen cirujanos pediátricos en los hospitales más grandes. Al aumentar las plazas cada año, suele acabar habiendo un problema de paro en nuestra especialidad. Creo que habría que ser un poco más consecuentes y que solo se ofrezcan en los centros que tienen mucho volumen de trabajo y en los que se pueda dar una formación adecuada a los residentes”.

 

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