
Begoña Graña, jefa del Servicio de Oncología Médica del Complejo Hospitalario Universitario de Pontevedra, fue la ganadora del VIII Premio de Poesía Eduardo Pondal, convocado por la editorial Medulia. El galardón permitirá la publicación de la obra seleccionada: Suite para sandar.
“Recibir un premio literario siempre es una alegría, máximo si lo otorgan editores muy rigurosos. Ahora mismo resulta muy complicado conseguir que te publiquen, sobre todo en un campo tan minoritario como el de la poesía”, asegura la doctora Graña. “El galardón facilita ese proceso y el de edición, que son indispensables para que la obra se pueda leer en las condiciones adecuadas”.
La obra “nace de una relación que me transformó y recorre el ciclo completo de este aprendizaje: desde la negación y la travesía del duelo, hasta alcanzar la aceptación y la ansiada cura final”. Cuando la autora habla del estilo de la obra, aflora su relación de fascinación y frustración con la música. “Aunque he estudiado música y toco algún instrumento como aficionada, nunca he sido capaz de componer nada. No tengo talento para ello, pero aquí intento crear metáforas musicales a través de la poesía”. Al incidir en la unión entre esta forma literaria y la música, recuerda que Luísa Villalta —autora, filóloga y violinista fallecida a la que se dedicó el Día das Letras Galegas en 2024— exploró la idea de que ambas van de la mano. “En el fondo, son un mismo lenguaje”.
Begoña Graña recalca que su pasión por la literatura le acompaña desde la infancia y que escribe poesía “por economía». Declara que «un poema bien hecho exige precisión quirúrgica: cada silencio es un corte exacto y cada palabra una sutura vital”.
Según explica, “la literatura y la medicina no están tan separadas una de la otra. Las facultades de medicina más prestigiosas del mundo cuentan con departamentos y programas oficiales de arte integrados en su currículum: han descubierto que el análisis del arte, la literatura, el cine o la música mejora drásticamente las habilidades diagnósticas, fomenta la empatía y reduce el agotamiento profesional. A veces, hay situaciones muy complicadas en mi especialidad —y en otras—. Eso exige tener un recorrido vital, y la literatura y las artes en general ayudan a afrontar esos momentos”. También “son un espacio de autocura. Muchos profesionales de la salud encuentran refugio en la música, la pintura o la literatura. Estas disciplinas artísticas nos permiten procesar y reconciliarnos con las crudas realidades a las que nos enfrentamos a diario en nuestra labor”.
La autora también se detiene en las dificultades para abrirse camino en el mundo editorial. “Este libro lleva unos dos años dando vueltas por premios y editoriales. Es muy complicado. Medulia es una editorial independiente y, sobre todo, publica poesía, lo cual demuestra lo aventureros y arriesgados que son. Hacen una apuesta profesional muy grande porque lectores de poesía hay pocos, lamentablemente. En un mundo donde prima lo audiovisual, el libro está pasando por momentos complicados”. Al incidir en la editorial coruñesa, recalca su labor. “Publican muchísimo y bien, ayudando a muchos autores noveles a tener su primer libro publicado. Es una referencia y les estoy muy agradecida”.
Al hablar de sus intereses como lectora, Begoña Graña se define como “una acumuladora de libros en lista de espera para su lectura” debido al poco tiempo que le deja el ejercicio profesional. “Creo que hay que leer en función de lo que uno quiera y en Galicia hay escritores fabulosos. Lo difícil en el mundo sanitario es encontrar ese tiempo de recogimiento en la lectura no médica, dado que tenemos que estar muy al día de lo que se publica en nuestras especialidades y la jornada no da para todo”.
Respecto a sus próximos textos, señala que tiene varios proyectos en mente. “El problema es el tiempo. De hecho, Suite para sandar es el último libro que acabé antes de asumir la jefatura de Oncología en el CHUP. Tengo a medio escribir un audiolibro en el que estoy colaborando con otro creador y que contiene música, pero no conseguimos acabarlo debido a mis compromisos profesionales y familiares. La escritura exige mucha concentración y es un trabajo muy solitario. También necesita tiempo porque, para hacer una obra, tienes que madurar el tema. Disponer de ese tiempo es un lujo”.