
El auditorio de la sede coruñesa de Afundación acogió, el pasado 24 de septiembre, la jornada La destemplanza del tiempo: la soledad no deseada, organizada por la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y el Círculo de Bellas Artes dentro del ciclo Medicina y Filosofía. La sesión comenzó con la proyección de la película Arrugas —adaptación de la novela gráfica de Paco Roca y ganadora de dos premios Goya en 2012—, que dio paso a un coloquio moderado por Marisa Crespo, jefa de la Sección de Insuficiencia Cardíaca del Chuac, vicepresidenta de la SEC y Medalla de Oro y Brillantes de nuestro Colegio. En él participaron Ángel de la Cruz, guionista de la película; Fernando Villoria, médico jubilado y delegado en Cantabria de la Asociación contra la Soledad No Deseada, y Andrea Kallmeyer, cardióloga y filósofa.

En su presentación, la doctora Crespo señaló que la medicina “es una ciencia humana” y que, “ante la complejidad del mundo en el que vivimos y de su medicina, la alianza entre humanidades y ciencias y la conversación entre todas las disciplinas es hoy más necesaria que nunca”. En su experiencia, “tras muchos años junto a los pacientes he aprendido que la salud y la enfermedad no están en los libros, sino en las personas que las padecen, en sus contornos y en sus entornos”. En este sentido, incidió en que “atender a los pacientes es una forma de amor, de detenerse a escuchar y acoger el sufrimiento de quien está solo sin quererlo”. Frente a esa soledad puso en valor el “cine, la literatura y la música, que nos ofrecen un lenguaje común para emocionarnos y para reflexionar juntos sobre lo que nos afecta a todos e imaginar formas de vivir mejor. El sueño realizable del humanismo es que nada de lo humano nos sea ajeno y que —como diría Castelao— seamos capaces de convertir los sueños en realidades y las ideas en hechos”.
Para Fernando Villoria, Arrugas “denuncia el abandono” y “representa con una calidad extraordinaria lo que no queremos que nos pase y lo que debemos vigilar para que no suceda”. A raíz del visionado de la película, el facultativo explicó los elementos que componen la “tríada de la soledad”, que se complementan y que pueden estar presentes en su totalidad o de forma parcial. En primer lugar se refirió a la “soledad subjetiva, aquella que podemos sentir aunque nos encontremos rodeados de personas. Esta se acentúa con la edad, a medida que los amigos van falleciendo”. La soledad objetiva, por su parte, “implica tener pocos contactos y falta de participación en actividades o clubes”. Se trata de algo que “no se da exclusivamente en mayores, sino que puede afectar a personas de todas las edades”. Finalmente habló de la soledad funcional, “que implica carecer de apoyo social o familiar para ser cuidado. Cada día las familias tienen menos capacidad para prestar este apoyo”, lo que obliga a recurrir a la “ayuda institucional en residencias. Debemos estar vigilantes para que la atención en estos centros sea de calidad”.
En su primera intervención durante el coloquio, Andrea Kallmeyer reflexionó sobre la idea de destemplanza a la que alude el título de la jornada —y a la que hace referencia una de las residentes que aparecen en la película cuando se encuentra mal—. Haciendo una analogía con las Arrugas del filme, “es ley de vida, desde el punto de vista biológico o físico, que el tiempo transcurre desde la tersura del nacimiento hasta las arrugas del final de la vida. Vivir implica nacer y también morir. Sin embargo, no es ley de vida que la experiencia de ese transcurso, para algunas personas, sea difícil”. Y, jugando con un verso del poeta José Mateos sobre el árbol sometido a la intemperie, añadió que para alcanzar una madurez serena “hace falta tierra, aire, cultivo, compañía. Hace falta bosque”.
Buena parte de ese bosque puede plantarse con cultura, a juicio de Ángel de la Cruz, que aseguró que “quien tiene afición por la lectura, el cine o el arte va a sentirse menos solo”. Además, todas esas aficiones pueden servir para crear y potenciar relaciones. “Son una manera de compartir gustos comunes, y creo que deberíamos vivir más unidos a través de la cultura: ir al cine, visitar museos, asistir a conciertos o participar en clubes de lectura para compartir la vida. Es una forma de combatir la soledad no deseada, especialmente en el medio rural”, y “resulta muy bonito que se formen amistades para compartir este tipo de aficiones”. Ejemplo de ello fue la proyección de Arrugas en la Invernada de Cine que se organiza cada año en Cabreiros (Xermade), un pueblo de 200 habitantes donde “la gente mayor se suele quedar sola”. Para el guionista, “el arte y la cultura ayudan a relacionarse”.
Del plano cultural, el coloquio pasó al político. Fernando Villoria explicó que “existen iniciativas enfocadas a esta problemática, y siempre, antes de hablar de soledad o de apoyo social, se habla de las conexiones que tiene cada uno. Esas conexiones son las que te dan el soporte para realizar tu vida afectiva”. Estados Unidos “fue pionero, y después llegaron las estrategias de Francia —con el programa MONALISA—, Alemania y, por último, España”. La soledad, añadió, “tiene un impacto directo sobre la salud, porque está asociada con más ictus, más infartos y la aceleración de la demencia. Los países están viendo que esto es un problema que hay que evitar para retrasar el envejecimiento y las cuestiones relacionadas con él”.
Por otro lado, citó como ejemplo que Cantabria cuenta con una Dirección General contra la Soledad No Deseada “muy potente”, y que en Cabezón de la Sal el Ayuntamiento puso en marcha una iniciativa llamada Paseos saludables, “cuyo objetivo va más allá de caminar e incluye establecer conexiones sociales”. Además, destacó la iniciativa PACTOS por tu corazón de la Sociedad Española de Cardiología, una campaña de prevención y promoción de la salud cardiovascular que incide en factores de riesgo como la presión arterial, la alimentación, el colesterol, el tabaquismo, la obesidad, el sedentarismo, la salud emocional y la soledad.
Esta última tiene también una dimensión médica, que Andrea Kallmeyer abordó con dos palabras: “tejido” y “escuchar”. “Los tejidos biológicos no solo sufren en el organismo, sino que están muy influidos por el tejido social que los rodea”, afirmó. En las enfermedades crónicas, la falta de apoyos dificulta “mantener un tratamiento y unos cuidados”, y a ello se suma el hecho de “sentirse muy solo, que hace sufrir subjetivamente al corazón”, algo evaluado en “más de 200 artículos de revistas muy prestigiosas”. Por eso, aunque “se puede ser un médico o un especialista muy profesional y saber mucho de la materia científica, es necesario escuchar, y no solo auscultar”.
La doctora Crespo reivindicó el “potencial hipocrático” del cine, y Ángel de la Cruz confirmó que tuvo presente esa complementariedad entre arte y ciencia. “Paco Roca ya contaba con muchísima documentación, también científica”, pero el guionista del filme quiso conocer el problema desde dentro, así que visitó varias residencias —y, además, vivió de cerca el alzhéimer a través de su madre, que “padeció la enfermedad justo cuando estábamos con el proceso de la escritura de la película”—. Esa mirada se traduce en metáforas como las nubes que aparecen en la historia, “símbolo de la pérdida de la memoria”.
Ante la brecha comunicativa y el sentimiento de incapacidad de quienes sufren la soledad, Fernando Villoria se marcó como misión “animar”. Recordó que el sistema sanitario “está en un sitio especialmente adecuado para detectar los problemas de desconexión”, que pueden medirse e incluirse en la historia clínica con el código CIE-10 Z60.2 —problemas relacionados con vivir solo—, porque la soledad “es una situación de riesgo ante un evento, y también ante un evento cardiovascular”. La respuesta, no obstante, “debe coordinarse con los servicios sociales, la comunidad y la familia”.
El facultativo insistió en la necesidad de poner en práctica las acciones que dependen de cada uno, como “salir de casa, que es muy importante para buscar conexiones”. Hay que hacerlo, además, “con una sonrisa, ser amigable, no quejarse, no hablar de uno mismo todo el rato, arreglarse y no llevar la contraria directamente”.
Entre las reflexiones finales estuvo la de la doctora Kallmeyer, que evocó la invitación del filósofo Valerio Rocco a “morar en la demora”, la “filosofía de la proximidad” de Josep Maria Esquirol —que propone ser “más humano”—, y la idea de Simone Weil de la atención como un acto de generosidad. Como sucede con las historias, “muchas ideas también están dichas”, por lo que lo relevante, señaló, es “ponerlas a dialogar y vivirlas”. Eso fue lo que hicieron el 24 de septiembre el cine, la medicina y la filosofía.