Miguel Ángel Caínzos, nuevo académico de Cirugía General y del Aparato Digestivo

Su ingreso se celebró el 6 de marzo en un acto en el que abordó el último medio siglo de historia de su especialidad

La Real Academia de Medicina de Galicia incorporó como nuevo académico numerario, el 6 de marzo, al doctor Miguel Ángel Caínzos, que ocupó el sillón de Cirugía General y del Aparato Digestivo. Su discurso se tituló Avances y problemas de la cirugía general y del aparato digestivo durante los últimos 50 años. Pedro Gil, que ostenta el sillón territorial de Vigo como académico numerario, realizó la contestación. La mesa presidencial del evento, celebrado en la sede institucional de Durán Loriga, contó con el presidente, el secretario general y el vicesecretario-contador de la institución: Francisco Martelo, Alberto Juffé y Carlos Acuña, respectivamente. Además, también estuvieron presentes los rectores de las universidades de A Coruña y Santiago de Compostela, Ricardo Cao y Antonio López.

“Supone un orgullo”, declaró el homenajeado. “Es cierto que tengo mucha relación con sociedades internacionales, tanto europeas como norteamericanas. He sido elegido miembro de honor en cuatro de ellas y eso representa un enorme reconocimiento profesional, pero, a la hora de la verdad, me produce una mayor satisfacción este nombramiento, que procede de mis colegas y compañeros de la medicina y la cirugía gallegas”.

El doctor Caínzos fue acompañado al acto por los académicos numerarios de Hematología y Hemoterapia y de Alergología: José Luis Bello y Carmen Vidal, respectivamente. Una vez fue presentado en la sala, el nuevo miembro inició su discurso. “Corría el año 1976. Siendo presidente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia el excelentísimo doctor don Eduardo Pérez Hervada, se decidió la creación de un nuevo sillón: el de Cirugía General. El 22 de octubre presentó su discurso de investidura el profesor don José Luis Puente Domínguez”.

El ponente evidenció los resultados de una evolución increíble de la especialidad que ha permitido que las estancias de recuperación tras operaciones como una colecistectomía o una hernia inguinal se reduzcan de siete días a uno o menos. Manifestó que este avance se debe a diferentes factores. “Uno sería el establecimiento definitivo de las especialidades y subespecialidades quirúrgicas. Como es conocido, la cirugía alcanzó su momento de gran esplendor a mediados del siglo XIX porque la llegada de la anestesia, y después la antisepsia, permitió que la mano del cirujano entrara en todas las cavidades del cuerpo”. Desde esos primeros años “estuvo claro que había tres ámbitos quirúrgicos claramente diferenciados: la cirugía propiamente dicha, la ginecología y la oftalmología”. No obstante, se acabó produciendo “la necesidad de crear especialidades. Así surgen la neurocirugía, la cirugía cardiovascular y la cirugía torácica, entre otras”. Como consecuencia de su evolución y desarrollo técnico, se hace evidente la necesidad de la subespecialización de los cirujanos. “En este momento, la cirugía general está compuesta por cirugía de la pared abdominal, endocrina o de la mama”, entre otras.

Un segundo factor fue la mejora de la anestesia durante la operación y de los cuidados tras la intervención. “La creación de las unidades de reanimación anestésica ha sido un importante acierto que ha contribuido a la reducción de la morbimortalidad postoperatoria de la cirugía”. También destacó el nacimiento de la cirugía mayor ambulatoria. “Es un modelo de cirugía que se practica en procedimientos de complejidad media o baja. Se puede realizar con anestesia general, local o regional. Este concepto tiene importantes ventajas para el paciente al minimizar las molestias propias de la cirugía, porque reduce notoriamente la estancia hospitalaria”. Además, “al no ser necesario el ingreso en cama se facilita una mejor gestión de las listas de espera”. 

La utilización de las mallas en cirugía general fue otro de los aspectos que favoreció el desarrollo de esta rama de la medicina. “Dentro de la especialidad de cirugía general y del aparato digestivo, la patología herniaria representa un capítulo fundamental”, afirmó. “La gran dificultad de la herniorrafia era la tensión que generaba la reparación de la hernia, que complicaba la cirugía y facilitaba la recidiva herniaria”. El problema “se redujo notoriamente con la llegada de las mallas. Su incorporación supuso una enorme ayuda para conseguir una reparación del proceso herniario en cualquier localización de la pared abdominal, incluso dentro de la cavidad abdominal. Hoy, el cirujano general dispone de un amplio abanico de diferentes mallas dentro de su armamentario”.

Un quinto aspecto fue la aparición y desarrollo de la cirugía mínimamente invasiva. “Consiste en la realización de intervenciones en la cavidad abdominal y en la torácica sin abrirlas, accediendo a su interior a través de pequeñas incisiones en las que se colocan unos finos trócares para introducir el material quirúrgico. En este tipo de operaciones, la mano del cirujano ya no entra en las cavidades”. Reveló que la cirugía laparoscópica digestiva llegó de la mano del cirujano francés Philippe Mouret. “Las ventajas eran claras: menor agresión a los tejidos de la pared abdominal y el peritoneo, menor sangrado durante la intervención quirúrgica, menor dolor postoperatorio, recuperación más rápida del paciente, menos adherencias intraabdominales, menos cicatrices con un resultado estéticamente superior y menos infecciones postoperatorias. En resumen, menor morbimortalidad como consecuencia de la cirugía”.

La implantación de la cirugía mínimamente invasiva en la cavidad abdominal “inició la conquista más difícil: la urgencia quirúrgica. Ahí, empezando por la apendicectomía, alcanzó rápidamente el gold standard al extenderse a otros órganos como la vesícula biliar con colecistitis. En el siglo XXI, la cirugía mínimamente invasiva ya es aceptada por cirujanos y pacientes como la técnica ideal para resolver una gran parte de la cirugía abdominal”.

El sexto factor que el doctor Caínzos expuso en su disertación fue práctica desaparición de la úlcera péptica del parte quirúrgico diario, que era un elemento habitual en cualquier hospital de tercer nivel durante décadas. “Todo cambió cuando los doctores australianos Robin Warren y Barry Marshall, tomando biopsias de la mucosa gástrica antral de enfermos ulcerosos, comprobaron en 1982 la existencia de una bacteria aerobia gramnegativa denominada Helicobacter pylori. El hallazgo fue definitivo para esclarecer que la verdadera causa de las úlceras pépticas gástricas y duodenales era esta bacteria. Hoy sabemos que produce aproximadamente el 80 % de las úlceras gástricas y el 90 % de las duodenales. El descubrimiento puso de manifiesto que el tratamiento quirúrgico debía ser sustituido por la erradicación antibiótica”.

Un séptimo punto destacado giró en torno a los trasplantes de órganos abdominales. “Determinados estudios experimentales han puesto de relieve la viabilidad de trasplantar riñones, corazones e hígados de cerdos modificados genéticamente a seres humanos. El futuro del xenotrasplante sigue estando lejos, pero tendrá mucho que decir en las próximas décadas, cuando se superen el rechazo de los órganos por problemas inmunológicos, de coagulación y las posibles infecciones por virus porcinos. También tendrán que ser valorados cuidadosamente los aspectos éticos”. Sobre este tema, el ponente añadió que, “recientemente, el equipo de urología del doctor González Martín ha analizado en el Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña un trasplante de organoides renales en animales con éxito”.

Miguel Ángel Caínzos también señaló la introducción del concepto de cibercirugía —originado en 1998— como un factor a tener en cuenta. “Incluye una complementariedad entre los clínicos y las máquinas, esencialmente los ordenadores, y la integración de las tecnologías digitales. Los nuevos conceptos que debería asumir el cirujano del siglo XXI son: telecirugía, telementorización y teleenseñanza”.

El ponente abordó la telecirugía compartiendo el relato del doctor Jacques Marescaux. Cuando el cirujano francés viajó a Nueva York en 2001, desde allí operó a una mujer de 68 años que se encontraba en el Hospital de Estrasburgo por medio de un robot. “Las órdenes enviadas desde la manzana neoyorkina hasta Francia necesitaron 20 segundos para atravesar el océano. En este momento, eso se hace en 2 segundos”. El experto expuso otros ejemplos de éxito. “Puede decirse que la telecirugía está completamente aceptada como tratamiento en 2026, porque se ha demostrado que con la tecnología actual es posible realizarla con seguridad y sin riesgos para el paciente. Lo mismo se puede decir de la telementorización y la teleenseñanza”.

A continuación, incidió en los avances brindados por las máquinas con el desarrollo del robot quirúrgico. “Durante la década de 1990 a 2000, se crearon diversos aparatos, todos ellos con nombres mitológicos. Los más importantes fueron los robots rivales Zeus y Da Vinci. Ambos estaban constituidos por sistemas maestro-esclavo formales. Esto quiere decir que carecían de elementos preprogramados o autónomos, por tanto, dependían completamente de la actividad del cirujano. No hay error porque el robot no puede operar solo. Necesita siempre al cirujano detrás”. A raíz de la unión de los dos robots en uno único, en 2018 ya se habían realizado más de cinco millones de intervenciones con esta herramienta. “En Galicia hay siete robots en hospitales públicos — adquiridos en 2021— y algunos en privados. Con ellos, se han superado las 11.400 operaciones. Todos los hospitales han solicitado que se adquieran más robots al Sergas porque son absolutamente imprescindibles”.

El facultativo prosiguió afirmando que, “en aras de incrementar la calidad del acto operatorio, se han producido novedades de interés durante los últimos años”. Entre ellas se encuentra la Surgical Safety Checklist. “A propuesta de la Organización Mundial de la Salud, se ha introducido esta lista de comprobación como herramienta de seguridad para verificar aspectos claves durante una intervención quirúrgica con el objetivo de reducir errores y mejorar la seguridad del paciente”. Otra innovación fue el National Surgical Quality Improvement Program (NSQIP). “En 2004, el American College of Surgeons validó este sistema. Su objetivo es capturar y reportar los resultados del ajuste de los riesgos de las intervenciones quirúrgicas”. También mencionó elementos que afectan al preoperatorio, como el ACS-NSQIP Risk calculator. “El cirujano tiene que contestar una serie de preguntas que le hace el enfermo y su familia, y una de las respuestas que tiene que dar es cuáles serán las complicaciones posibles de esa cirugía. En este contexto, el American College of Surgeons creó la ACS-Nsqip Risk Calculator para predecir estos problemas. Lo llevaron a cabo en 1.557 procedimientos quirúrgicos, en los que incluyeron más de un millón y medio de pacientes”.

Miguel Ángel Caínzos aseguró que el postoperatorio suele ser el momento en que se producen la mayoría de los problemas derivados de la cirugía. Las complicaciones más habituales son “el sangrado, la enfermedad tromboembólica con trombosis venosa profunda y embolia pulmonar, la fuga anastomótica por dehiscencia de la sutura, las eventraciones o la aparición de adherencias intraabdominales —pueden cerrar o acodar un asa produciendo una obstrucción intestinal que requeriría cirugía inmediata—”. Aseguró que todas ellas “se pueden y se deben prevenir. Esa es una función conjunta del cirujano y el anestesista, pero el problema está en las infecciones postoperatorias”.

Las infecciones retrasaron “el inicio de la puesta en marcha de la cirugía. Hoy estamos lejos de aquellos mediados del siglo XIX, pero son peores, porque muchos enfermos tienen edades superiores a los 80 años y su sistema inmune prácticamente no funciona”. Además, “muchas de las bacterias se han hecho resistentes a los antibióticos”. Las infecciones suponen una complicación que se debe a la contaminación durante la intervención. “El 90 % de las infecciones postoperatorias se producen en el acto operatorio. Los gérmenes están allí, pero no los vemos hasta el cuarto o quinto día de recuperación al manifestarse la infección”. El cirujano “tiene que hacer lo posible e imposible para evitar la contaminación”.

Al hablar de la vida y trayectoria del nuevo académico numerario, Pedro Gil señaló que “todo lo que ha conseguido ha sido a través de muchos años de trabajo y esfuerzo considerable. No alcanzó la cima de repente. La suya ha sido una escalada lenta, ordenada y firme, sin apenas descanso en las etapas. Esto me parece especialmente encomiable en una sociedad en la que la velocidad trata de sustituir a la eficacia y en la que se pretende alcanzar la cumbre en pocos años. Son la madurez y la reflexión, sobre todo en nuestro oficio, la cirugía, las que deben ser condiciones insustituibles”.

Francisco Martelo concluyó el acto con unas palabras dedicadas a Miguel Ángel Caínzos. “Poniéndose de nuevo el uniforme de médico residente y desde su cimentación quirúrgica, ha aprendido las nuevas técnicas para mejorar de una gran manera la asistencia de sus pacientes y ser capaz de transferirlas a las nuevas generaciones”.