Una nueva perspectiva para la rehabilitación cardiovascular

El Servicio de Cardiología del Chuac comparte los avances de su programa de prevención secundaria cardiovascular tras un síndrome coronario agudo

La medicina se actualiza de manera constante. Sea por causa de nuevas patologías o una mayor efectividad de los tratamientos, los facultativos y los centros de salud plantean nuevas medidas que pueden ser clínicas o estructurales. El pasado 26 de junio, nuestra sede colegial acogió una jornada centrada en el programa de prevención secundaria cardiovascular tras un síndrome coronario agudo. Este proyecto de innovación del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac) fue presentado por José Manuel Vázquez —jefe del Servicio de Cardiología—, Guillermo Aldama —cardiólogo responsable del proyecto— y Neri Fernández —enfermera coordinadora de la iniciativa—.

“Es algo sencillo. Se trata de una forma diferente de atender a los pacientes que han tenido un síndrome coronario agudo”. El jefe del Servicio introdujo la sesión aportando el trasfondo alrededor de esta innovación dentro del Chuac. La idea se lleva planteando desde el 2022. A pesar de los intentos para integrar el programa de manera completa en 2023, el facultativo confirmó que esperan que este 2024 sea el primer año en el que funcione de forma continuada. 

“El proyecto surgió por varias razones. Una de ellas fue el interés en cuestiones relacionados con el ejercicio, la vida saludable y la alimentación de nuestra enfermera. Ella fue de las primeras que propuso que estos pacientes recibiesen una atención un poco distinta”, comentó antes de señalar la Covid-19 como otro factor. “Nos enseñó que podemos atender a los pacientes sin que vengan al hospital y con un alto grado de satisfacción. Cuando los conoces y entablas una relación con ellos, es posible hacer un seguimiento a distancia de una forma que muchas veces es más cómoda para todos”. 

El doctor Vázquez añadió que el tercer factor que impulsó este nuevo concepto fue la necesidad de cambios en el sistema sanitario. “Ahora mismo estamos asistiendo al colapso de un sistema pensado hace 60 o 70 años, cuando nadie iba al médico y había muchísimo que hacer en el ámbito de la protección de la salud. Hoy estamos en el extremo contrario. Todo el mundo acude a los sanitarios por cualquier cosa, incluso aunque estén sanos. La sociedad ha cambiado y la sanidad también lo tiene que hacer”.

“Lo que quisimos plantear fue un programa de innovación asistencial. Primero hicimos un estudio que consistió en un ensayo clínico aleatorio entre pacientes con síndrome coronario agudo. A unos los incluíamos en este nuevo plan y a otros les atendíamos de la manera habitual —al darse de alta, el paciente iba a la consulta de Cardiología—. Aunque fueron pocos, comprobamos que en unos meses disminuimos la tasa de reingreso y que el control de los factores de riesgo había mejorado. La atención es más estrecha, aunque es menos presencial”, describió el jefe del Servicio de Cardiología.

Tras hacer un repaso superficial del origen de la iniciativa, José Manuel Vázquez cedió la palabra a Guillermo Aldama: “esto no es sólo un programa de innovación, es un cambio de concepto”. El facultativo detalló cómo funciona el Programa Gallego de Atención al Infarto Agudo de Miocardio. Este modelo asistencial permite identificar rápidamente a quienes sufren un ataque a través del 061: “los evacúa al hospital con mejor tratamiento —en lugar del más cercano—”, se realiza un diagnóstico para establecer una estrategia de reperfusión y se lleva a cabo el tratamiento médico. “Esto es una cadena de vida, pero no debería terminar ahí, sino cuando el paciente es dado de alta y se le proporciona prevención secundaria. Sabemos que la mejor herramienta es la rehabilitación cardíaca, y puede que sea el eslabón más débil”.

El doctor Aldama expuso los beneficios de la rehabilitación cardíaca a través de un metaanálisis de 85 estudios que encuadran a 23.430 pacientes. “Disminuye la mortalidad, la mortalidad cardíaca vascular, los infartos agudos de miocardio y la hospitalización. No sólo supone un beneficio personal, sino que promueve la eficiencia porque los costos sanitarios son menores. Es mejor y más barato”.

El cardiólogo resaltó que uno de los problemas del modelo de rehabilitación cardíaca que había hasta ahora es que exige acudir al hospital de manera presencial. Esto supone un obstáculo para quienes residen en lugares apartados del centro sanitario. También puntualizó que el horario de atención acarrea otra complicación. “Es un modelo en el que el paciente tiene que adaptarse a nosotros. Además, la consulta se hace dos o tres veces por semana durante tres meses. En Estados Unidos, donde la rehabilitación cardíaca es casi obligatoria, si todos los pacientes candidatos fuesen realmente de manera presencial a realizarla, sólo cabrían la mitad. No obstante, aunque hubiese espacio para todos, uno de cada cuatro hace la sesión; y de los que entran al programa, menos de dos de cada veinte lo terminan. Esto es importante porque cuantas menos rehabilitaciones se hagan, más posibilidades hay de tener un evento cardíaco adverso”.

Guillermo Aldama informó de algunas soluciones que se suelen sugerir, como colocar más unidades de rehabilitación cardíaca o agrandarlas. “Aunque lo hiciésemos, los problemas de acceso geográfico o de tiempo no se solventarían. Además, no adaptarías el programa al paciente, dado que no es lo mismo una persona procedente de un entorno rural con 75 años que otra de 50 que viaja todo el día por el urbano”.

Una vez quedaron claros el origen y los problemas que impulsaron esta iniciativa, Neri Fernández intervino para profundizar en su metodología de actuación: “ha sido concebido con unos puntos clave: establecer la comunicación directa entre el paciente y el programa de prevención secundaria cardiovascular, educar en factores de riesgo cardiovascular al paciente y a su familia, establecer una detección precoz de la clínica o del mal control de los factores de riesgo, realizar una coordinación de la atención al síndrome coronario agudo entre los profesionales —por ejemplo, entre los de atención primaria y Cardiología— y establecer un canal de comunicación ágil y eficaz”. 

La enfermera informó que el programa se inicia tras el alta en Cardiología. Durante la hospitalización del paciente, se produce la revascularización coronaria y se empieza el tratamiento de prevención secundaria. Después se conoce el ecocardiograma y la analítica —donde puede averiguarse el perfil glucémico y el lipídico—. “Esto nos permite ajustar el tratamiento hipolipemiante en la primera consulta del programa”. 

“Cuando se decide que se le va a dar de alta, los cardiólogos entregan una guía a los pacientes que han sufrido un síndrome coronario agudo. Ahí se le explica qué le ha ocurrido, los factores de riesgo y los cambios en el estilo de vida que tiene que realizar. Asimismo, se le aporta un cuaderno de medición para que pueda llevar a cabo controles de tensión, frecuencia cardíaca, peso y perímetro abdominal en su domicilio. Además, las enfermeras a pie de cama les dan una guía rápida con estos cambios en el estilo de vida para que ellas, de una forma rápida y cercana, pueden incidir y explicárselo al paciente y su familia”, relató la coordinadora de la iniciativa.

Neri Fernández subrayó que “todos los pacientes con un síndrome coronario agudo van a entrar en el programa. Únicamente aquellos que precisen una reevaluación serán derivados al cardiólogo de cupo. Si no, este no será necesario y recibirán un seguimiento por la enfermera de prevención secundaria cardiovascular”. 

La ponente aseguró que la primera consulta es presencial y permite hacer “una estratificación del riesgo, la fragilidad y la dependencia en actividades básicas de la vida diaria e instrumentales. Por lo tanto, el paciente que presente una vulnerabilidad va a tener un seguimiento, que consiste en una primera consulta presencial 30 o 45 días después del alta para evaluar el perfil glucémico y lipídico, y una consulta de seguimiento al año”. Sin embargo, añadió que también se realizan revisiones y pruebas si es necesario “para garantizar el control de factores de riesgo cardiovascular”.

“A aquellos pacientes que no presenten vulnerabilidad o que no sean dependientes se les realiza consulta cada tres meses. Así podemos individualizar la prescripción de ejercicio físico y escalar en su realización. Se trata de actividad aeróbica y anaeróbica. Entregamos fichas para entrenamientos de 3 a 5 días que se pueden hacer tanto en gimnasio como en domicilio. Con respecto a la alimentación, aprovechamos las recomendaciones de la dieta mediterránea y el plato Harvard”, comentó la enfermera al detallar los hábitos saludables marcados por el proyecto.

Durante la conclusión de la jornada, el doctor Aldama ofreció datos de seguimiento del proyecto entre 142 pacientes. Entre lo más destacado estaba la velocidad. “Somos rápidos al resolver consultas desde que el paciente se pone en contacto con el programa. Tardamos 1,15 días de media. En muchas ocasiones se contesta durante la misma jornada. El programa es ágil respondiendo las cuestiones de los pacientes”.