Una mirada a las residencias del futuro

La residencia para mayores El Pilar ha eliminado las sujeciones y ha incorporado un aula sensorial con un programa de rehabilitación virtual

La residencia para mayores El Pilar se encuentra en la calle As Leiras de Bergondo, A Coruña. Actualmente posee 58 plazas y cuenta con una plantilla de 32 trabajadores. Al igual que otros centros, su objetivo es la atención personalizada de sus residentes: sus esfuerzos están dedicados a hacer que se sientan cómodos, cuidados y en las mejores condiciones. Esta exigencia los ha llevado a realizar proyectos innovadores con los que han modernizado sus servicios. La retirada de sujeciones o la creación de un aula sensorial con un programa de rehabilitación virtual han aportado nueva vida a sus instalaciones y favorecido el desarrollo autónomo de las personas que conviven allí.

“Nosotros teníamos poco más que el apoyo de nuestro centro de salud. Considerábamos que proporcionábamos un buen cuidado, pero nos faltaba darle un gran impulso a nivel asistencial. A raíz de la pandemia se creó la Unidad de Coordinación y Apoyo Asistencial a Residencias Sociosanitarias, un proyecto que formó el doctor Fernando Lamelo. Nos aportó una ayuda inmensa durante esta época en la que estuvimos muy afectados, y sigue ayudándonos a día de hoy”, recuerda Ana Maroño, directora de la residencia El Pilar.

“Pusieron a nuestra disposición un abanico de servicios que hasta la fecha nos eran completamente ajenos, como la Unidad de Crónicos Complejos con la posibilidad de hacer interconsultas; el de Nutrición, la de Salud Mental en las residencias, la reciente incorporación de una médica geriatra para consultas y valoraciones, y otra serie de servicios que nos hicieron más independientes. Así pudimos realizar más gestiones desde el centro, como solicitar una ambulancia o analíticas para los pacientes”, añade. Esta nueva dinámica supuso el principio de una tendencia innovadora que caló en la institución.

Uno de los cambios más drásticos fue la transformación de El Pilar en una residencia libre de sujeciones. “Hay una serie de usuarios que, dada su patología, utilizan sujeciones físicas para evitar caídas y controlar episodios de agitación en algunos centros. Nosotros éramos una de estas instituciones, pero el doctor Lamelo nos animó a hacer la formación para ser una residencia en la que no se utilicen estos elementos”.

Este aprendizaje se realizó en dos sesiones dirigidas por la Fundación María Wolff en septiembre de 2022, tras la propuesta realizada por Fernando Lamelo y una visita posterior a un centro que opera desde hace años como libre de sujeciones en la provincia de A Coruña: la Residencia Sanitas. Su paso por este centro les permitió ver el proceso y la forma de trabajo que implica no utilizar contenciones.  “En octubre y noviembre de ese mismo año, estuvimos haciendo unas valoraciones individualizadas a cada uno de nuestros usuarios. De ellos, 36 dormían con barandilla. Nos dimos cuenta de que la mitad no la necesitaba. El problema es que cuando estás acostumbrado a ese tipo de cuidados se los sigues proporcionando ‘por si acaso’. Todo era un ‘por si acaso’”.

Tras haber realizado este sondeo, el centro preparó una zona UVI —Unidad de Vigilancia Intensiva—. Este espacio se creó con el fin de ubicar a aquellos residentes que, tras las valoraciones, tienen un mayor riesgo de caída si caminan sin vigilancia y apoyo. “Siempre tiene que haber una persona vigilando la zona UVI”. Al principio “empezamos por los casos más fáciles, y luego progresamos a otros más complejos”, revela la directora del centro. Una gran ayuda fue la obtención de camas cota cero, que se caracterizan por no tener barandillas y disponer de un motor que permite bajarlas. “Cuando se acuestan, se bajan y quedan a ras de suelo reduciendo las consecuencias que puede tener una caída”.

En julio de 2023, la residencia El Pilar ya había retirado todas las sujeciones. Esta elección supuso una serie de resultados positivos para el personal y los residentes, tal y como explica Ana Maroño. “Una persona con sujeción presenta un estado de agitación inmenso al ser alguien al que se le ha privado de su libertad. Si se le pone por la mañana un arnés o un cinturón, empieza a alterarse. Eso se desarrolla durante toda la jornada y afecta al resto de sus compañeros”, cuenta la directora. “Ahora, la gente está más relajada. Eso ha permitido que cambie el formato de nuestro trabajo”. Las actividades son parte habitual de las dinámicas con la participación de un animador sociocultural, que se integró recientemente en el equipo.

Las valoraciones realizadas a los residentes también favorecieron un cambio en la medicación. El enfermero Adrián Fraga revela que, antes de convertirse en un centro sin sujeciones, la ansiedad que se producía se corregía con medicación. “Encontramos el desencadenante de las alteraciones. Al darnos cuenta, lo abordamos a través de otra serie de actividades y quedó claro que no necesitaban esos fármacos. Llevamos a los usuarios que tenían contenciones a la consulta presencial del psiquiatra y, entre lo observado en el centro y las valoraciones realizadas por la Unidad de Psiquiatría, se realizaron una serie de ajustes que se centraron en eliminar fármacos innecesarios. Quitar las sujeciones no nos obligó a aumentar la medicación, sino todo lo contrario”.

Cuando las familias contactan con ellos, Ana Maroño les informa de su metodología y lo que supone. “Cuando hacemos un ingreso, uno de los primeros puntos de los que avisamos es que somos un centro libre de sujeciones. Les decimos que nosotros contamos con otros métodos para evitar su uso”. A este respecto, la directora argumenta que la vigilancia resulta esencial para hacer posible esta autonomía. “Nos hemos dado cuenta de que cero sujeciones supone más vigilancia, tanto durante el día como por la noche. Hemos implantado unos protocolos que implican rondas cada 15 o 20 minutos por las habitaciones. Esto permite que, si el usuario se inquieta en la madrugada, se le pueda ayudar rápidamente con lo que demande en el momento, ya sea llevándole al baño o dándole un yogur en caso de que se deba a que tiene hambre, por ejemplo. Con ese tipo de acciones hemos conseguido que los residentes se vuelvan a acostar y se queden tranquilos”.

El avance que supuso la eliminación de arneses, barandillas y otros elementos similares marcó sólo el principio de esta tendencia innovadora. “Antes estábamos desmotivados. Nadie prestaba atención a nuestro trabajo. Nos faltaba ese empujón que nos hiciese ver el valor de nuestra labor y cómo mejorarla. Ahora no seríamos capaces de volver atrás. Estamos demasiado acostumbrados a actuar de otra manera. Nos ayudan las personas que nos aportan ideas, porque nosotros somos como una esponja y aceptamos todo tipo de sugerencias”.

Esta actitud descrita por Ana Maroño se vislumbra en la integración de su aula sensorial y su programa de rehabilitación virtual, Rehametrics. La inspiración de este añadido surgió al comprobar sus buenos resultados en una visita a la residencia Torrente Ballester en 2023.

Ana Balsa, terapeuta ocupacional, concreta la metodología y beneficios de este programa desde su implantación. “Permite pautar sesiones terapéuticas. Nosotros trabajamos con distintos tipos de usuarios. Hay algunos que se encuentran bien físicamente y hacen sesiones de mantenimiento, y otros que tienen deterioro cognitivo, pero con nuestra guía pueden llevar a cabo los ejercicios de forma similar. El programa tiene un sensor que los detecta y los refleja en un avatar”.

“En la pantalla se les representa recogiendo objetos, caminando o interactuando en la calle. También superan obstáculos que pueden ser cada vez más difíciles. El residente va alcanzando niveles y recibe un feedback con una puntuación. Eso le resulta muy estimulante. El programa tiene una aceptación impresionante”. La terapeuta añade que es accesible para las personas que tienen problemas de visión. “A lo mejor no ven la avispa que tienen que dirigir en la imagen, pero con el sonido del programa y nuestras indicaciones, mueven los brazos y se dan cuenta de que están superando la prueba”. 

Ana Balsa ejemplifica los beneficios en el caso de una residente que pasó de requerir asistencia para levantarse a hacerlo por su cuenta tras utilizar el programa durante un tiempo, llegando a caminar por si sola con la ayuda de un andador. “Son cosas que a lo mejor las podía haber conseguido antes, pero le faltaba la base de motivación”. A pesar de no estar familiarizados con esta tecnología, los residentes la reciben con emoción. “Como aquí siempre estamos innovando, a veces están más al tanto que nosotros. Les ponemos cosas nuevas con frecuencia y están muy habituados”.

Además del Rehametrics, la residencia posee un aula Montessori, que fue incorporada este año. “Está organizada en varias estanterías con actividades preparadas para usuarios que tienen demencia”, indica Ana Balsa. Este sistema permite que quienes lo utilizan puedan trabajar al ritmo que prefieran y cuando deseen. “El programa Montessori se basa en el desarrollo infantil, aunque en este caso se tiene en cuenta la vida práctica y cosas que el adulto con demencia reconoce. Puede que una persona que sufra esta enfermedad no pueda alimentarse sola, pero si le preparas el ambiente con los utensilios adecuados, se desenvuelve muy bien y alcanza logros muy curiosos”.

Ana Maroño tiene claro que el germen de este avance es el apoyo de la Unidad de Coordinación y Apoyo Asistencial a Residencias Sociosanitarias. Su labor no sólo favoreció la autonomía, sino que permitió una mayor relación con otros centros. No obstante, lamenta algunas consideraciones negativas que pueden existir de aquellos que no conocen el esfuerzo de las residencias. “Durante la pandemia se nos dio muy mala fama, pero las residencias funcionan muy bien. A veces recibimos a personas que vienen de sus domicilios y cuyos cuidados dejan bastante que desear, y en muchos casos el usuario mejora notablemente tras el ingreso en nuestro centro”.