Raquel Marzoa, homenajeada con el premio al Mérito Hipocrático

La jefa del Servicio de Cardiología del Chuf recibió en Bilbao este reconocimiento a su carrera de la mano de la Sociedad Española de Cardiología

El pasado 26 de octubre, Raquel Marzoa, jefa del servicio de Cardiología del Complejo Hospitalario Universitario de Ferrol, recibió el premio al Mérito Hipocrático de la Sociedad Española de Cardiología (SEC). Marisa Crespo —responsable de la Sección de Insuficiencia Cardíaca del Chuac, Medalla de Oro y Brillantes del Colegio y vicepresidenta electa de la SEC— le entregó la distinción durante el congreso de la Sociedad celebrado en Bilbao, con la que se reconoce “una carrera marcada por resaltar los valores humanos en la Medicina y transmitir el legado hipocrático”.

 

La doctora Marzoa afirma que para cualquier médico este es el mejor de los reconocimientos porque “pone en valor el lado humanístico en el ejercicio de la profesión, una parte importantísima de la medicina. Humanismo y excelencia deberían ir siempre de la mano. Aunque no creo que sea merecedora de este premio, reconozco que me ha hecho mucha ilusión y ha sido una bocanada de aire fresco para seguir esforzándome e intentar llegar a merecerlo algún día. En todo caso, es de justicia decir que pertenece a todo el equipo —médicos, enfermería, TCAE, celadores y personal administrativo, entre otros—. Todos tenemos el mismo objetivo y juntos caminamos al lado del paciente en el proceso de enfermedad”.

Al hablar de la relación entre el facultativo y el enfermo, asegura que “la carga asistencial y administrativa del médico es de tal magnitud que nos resta tiempo para conseguir establecer una relación de confianza. Atender a los pacientes sin dejar de mirar una pantalla, además de que evita el ‘toque humano’, nos hace perder muchos datos. Mirarle o estrecharle la mano puede darnos información médica relevante que de otro modo no conoceríamos”.

“Algo que ha cambiado de forma importante es la facilidad con la que el paciente accede a la información. Tiene su parte positiva, pero también su lado negativo. Tienen acceso a muchos resultados de pruebas e informes prácticamente de forma inmediata, mucho antes de tener sus citas médicas. Intentan resolver dudas en internet y se desencadenan situaciones de gran estrés y ansiedad. Gestionar este tipo de información sin filtrar, sin estar acompañado de un profesional sanitario que plantee soluciones, puede convertirse en una situación cruel e inhumana. Asumir un problema de salud es mucho más fácil cuando lo acompañamos de una solución y, más todavía, si esta nos la ofrece alguien en quién confiamos. En eso consiste la medicina”, resalta Raquel Marzoa.

La facultativa también aporta su perspectiva sobre uno de los temas de mayor actualidad: la llegada de la inteligencia artificial. “Estoy convencida de que, bien utilizada, la IA ayudará a mejorar la calidad asistencial de nuestro sistema sanitario, agilizará circuitos asistenciales, reducirá errores y permitirá que el médico disponga de más tiempo para dedicárselo a la parte humanista de la medicina, importantísima en una sociedad cada vez más tecnológica. En todo caso, es fundamental que la inteligencia artificial se desarrolle sobre un marco normativo que asegure su uso ético. Los avances tecnológicos no están reñidos con el humanismo, pero debemos ser cautos”.

Respecto a la Cardiología, recuerda que se trata de una especialidad “que avanza a gran velocidad y tiende a subespecializarse”. Sin embargo, enumera varias transformaciones y dificultades que ha afrontado durante los últimos años, como el cambio del perfil de los pacientes, “que son más añosos, complejos y comórbidos” o que “el número de cardiólogos en España es insuficiente, especialmente en hospitales comunitarios o de menor complejidad”. También evidencia que “la pandemia y la falta de profesionales han impactado de forma negativa en las listas de espera, que es algo que preocupa a pacientes, profesionales y gestores. Uno de los mayores desafíos es conseguir dar respuesta ágil a la demanda de los pacientes, sin que suponga deteriorar la calidad asistencial o reducir, todavía más, el lado humanístico de la medicina”.