El vínculo del arte y la medicina a través de la pintura

Bajo el título 'Luz y Color', los doctores Marcelino González y Diego Vela expusieron algunas de sus obras en nuestra sede colegial entre enero y febrero de 2025

La amistad entre el urólogo Marcelino González y el cirujano infantil Diego Vela se forjó hace años, cuando el primero se convirtió en mentor del segundo para ampliar sus conocimientos sobre la práctica quirúrgica. No obstante, a ambos también les une la pintura, una afición que siguen desarrollando tras su jubilación. El público pudo contemplar los frutos de su habilidad entre el 21 de enero y el 6 de febrero en su exposición Luz y Color, que fue acogida en nuestra sede colegial de Riego de Agua a beneficio de la Asociación Española Contra el Cáncer. El doctor González presentó quince pinturas mientras que el doctor Vela cedió trece piezas.

“Estudiaba la anatomía y la histología pintando. Tengo una buena memoria visual, así que iba dibujando los músculos y los huesos con las distintas alteraciones para luego ponerles nombre”, rememora Marcelino González, un facultativo que defiende la vinculación entre esta forma artística y la medicina. “El escritor madrileño Francisco Umbral decía que la pintura es la gran pizarra de la historia. Lo razonaba argumentando que el pintor retrata aquellas cosas que le impactan, le gustan o le atraen, y nada hay más impresionante que aquello que está relacionado con la sanidad, como la enfermedad, el dolor o la muerte”.

La relación de la pintura con la medicina “no pasa solamente por plasmar las operaciones”, añade Diego Vela al abordar la unión entre el arte y la sanidad. “Representar la expresividad de la afectación de un paciente es algo difícil. Solo los ojos de un médico, después de haber visto muchos, son capaces de interpretarla y plasmarla en un lienzo. La medicina en la pintura está llena de ejemplos maravillosos de cuadros realizados por auténticos maestros”.

Por su parte, Marcelino González detalla el desarrollo artístico. “Inicialmente, la gente que se acaba dedicando a esto se centra en los dibujos. De ellos pasan a la pintura con los bodegones, luego al paisaje, y de ahí se llega al retrato. Esa ha sido mi evolución y la secuencia que los pintores siguen en base a las dificultades progresivas”. Además, indica que “he hecho alrededor de cien cuadros y estos últimos dos años los he dedicado esencialmente al retrato —en los que he recreado a familiares y personas cercanas—”.

Al hablar de sus temáticas, el doctor Vela confiesa que “las marinas me gustan mucho. Plasmarlas no es fácil y son algo tan bonito que hay libros y tratados de grandes pintores que abordan el mar en la pintura. Además, se puede expresar a través de todos los estilos, como el impresionismo o el hiperrealismo”.

La temática marítima que ensalza Diego Vela con sus obras fue alabada por su compañero de exposición, que ya tuvo la oportunidad de conocerla cuando expusieron juntos en 2019 junto al oncólogo ya fallecido Luis Antón Aparicio. “Diego tenía dos cuadros de percebeiros. Me gustaron mucho y eso me animó a hacer uno por mi cuenta”, comenta el doctor González en referencia a uno de sus trabajos expuestos.

Asimismo, Diego Vela comparte su visión sobre el desarrollo de su antiguo mentor. “Ha evolucionado mucho. Marcelino siente pasión por la pintura. En nuestra anterior exposición se podría decir que su estilo estaba en una fase incipiente hacia una mezcla de hiperrealismo y de un poco de abstracción. Tiene una capacidad impresionante para el desarrollo de los conocimientos y para plasmarlos en el cuadro. Ha trabajado mucho en su pintura”.

El 21 de enero, la inauguración de la exposición atrajo a expertos y aficionados a las artes que admiraron la celebración de la unión entre la pintura y la medicina. Además de los artistas, también acudieron nuestro presidente, Luciano Vidán, y el arquitecto José Ramón Soraluce, que hablaron sobre la brillantez de estos cuadros y conmemorar un aniversario de gran relevancia: el del primer trasplante realizado en Galicia.

Luciano Vidán recordó que el 21 de enero destacaba por ser la fecha del cuadragésimo cuarto aniversario de este hito sanitario, en el que Marcelino González se encargó de trasplantar un riñón entre un padre y su hijo. “Había un clima especial en el hospital. Estábamos todos pendientes de cómo iba a salir y fue maravillosamente bien. Supuso el inicio de un camino que aún continúa hoy y que ha convertido al Chuac en un referente mundial”. 

Además, resaltó el rol del médico como artista. “Quizás tenemos muchos facultativos que han cultivado alguna de las bellas artes —como pintura, escultura o literatura— por estar tan cerca de sus pacientes y de lo que pasa en su medio”. Acto seguido, presentó a los dos pintores citando sus méritos profesionales, artísticos y personales. “Los dos son tan buena gente y médicos que, desde un primer momento, quisieron que el beneficio que pudiera dar la exposición se dedicara a un fin extraordinario: la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer. Eso nos congratula al ir de la mano de valores propios de la profesión, como la solidaridad, el altruismo, la caridad o la compasión”.

El siguiente en intervenir fue el profesor Soraluce, quien ofreció una reflexión general que trasladó a los cuadros de Luz y Color. “De todas las corrientes del arte, las únicas que han pervivido en el siglo XX y que se siguen utilizando son el impresionismo y el expresionismo”, aseguró. “Es un tema interesante porque demuestra cómo el arte se afianza en la mente de la gente. Cuando alguien que no es un profesional trata de desarrollar una faceta artística, siempre recurre a estos modelos. De ahí que en muchos de los cuadros de ambos pintores pueda apreciarse la huella de Van Gogh o Münch”.

Al continuar con esta idea, afirmó que existen dos tipos de pintores. “Los que tienen como profesión la pintura deben ser muy arriesgados porque están al borde del abismo constantemente. Su pintura ha de ir a la hipervanguardia, si no se quedan atrás. Por otro lado, el arte para los no profesionales se puede desarrollar como un desahogo personal con toda la libertad de la que disponen”.

“Cuando se estudia el impresionismo se aborda una técnica. Nos interesa cómo está hecho el cuadro y cuáles son sus valores desde la perspectiva de su realización. En cambio, en el expresionismo, esto es secundario. Las intenciones resultan más importantes. Esos son los dos parámetros con los que se valoran ambas corrientes”, aclaró el arquitecto.

José Ramón Soraluce aseguró que el conjunto de cuadros del doctor Vela posee trazas impresionistas, postimpresionistas y expresionistas. “Podía haber estado en la exposición de Múnich de 1937, porque en aquella época el expresionismo era la corriente más vanguardista y la más odiada. Ese es el gran valor que tiene este estilo, el haber superado etapas dramáticas y que siga teniendo pujanza”.

En la obra de Marcelino González diferenció dos aspectos: su afición artística —“es totalmente experimental y con ella muestra cosas nuevas constantemente”— y su pintura temática como médico. “Por un lado, puede crear un cuadro como lo habría hecho Van Gogh, y por otro algo que nadie ha hecho nunca”. Al incidir en el interés por retratar un quirófano por dentro u otros aspectos del mundo sanitario, señaló que se trata de un rasgo único y exclusivo del doctor González, un estilo en el que sería referente si otro artista hiciese algo similar con posterioridad. 

Acto seguido, Diego Vela también ofreció algunas palabras de agradecimiento. “Soy un pintor aficionado y es increíble estar en esta mesa con gente como el doctor González Martín, que hizo el primer trasplante de riñón”. También rememoró que “cuando yo era residente tenía un libro que ponía que los trasplantes eran algo experimental hasta la fecha”. Siguiendo el hilo de estos recuerdos, el doctor Vela añadió que “no había laparoscopia, ecografías, TAC, resonancia ni trasplantes. No había nada. La medicina era un arte en el que uno miraba la cara del paciente y lo exploraba. Los medios que vinieron después dan una idea de cómo se han desarrollado las cosas”.

También ejemplificó la transformación de la sociedad en los últimos años a través de la demografía. “Cuando acabé Medicina, nacían 45.000 bebés en Galicia. El año pasado fueron 11.000. Hoy en día, hay el doble de perros que de niños. La sociedad es dinámica y va cambiando. Hace que cosas que parecían imposibles se hayan logrado, y muchos de los que están aquí son los que las han conseguido”.

Marcelino González continuó con la presentación. Entre sus agradecimientos destacó la asistencia de algunas personas que participaron en aquel primer trasplante, como el equipo de enfermeras. A pesar de que lamentó la ausencia del ya fallecido José Buitrón, quien fue su amigo y colaborador durante esa histórica intervención quirúrgica, celebró la asistencia de Javier Rodríguez Rivera, urólogo y coordinador de trasplante renal del Chuac. 

“Ya lo he dicho en más de una ocasión, pero yo llegué al quirófano de la mano de un pintor: Ladislao Tinao. Desde entonces, poco a poco, me he ido abriendo paso y evolucionando. Una vez que terminé mi profesión como urólogo, me enganché más a la pintura”, indicó el facultativo. “De alguna forma eso ha llenado mi vida; por una parte, el aspecto profesional con la urología y, por otra, mi afición a la pintura”. Afirmó que en ambos ha sido muy feliz y que “han ocupado alrededor de cincuenta y tantos años” de su existencia.

Tras esta breve introducción, ofreció una clase magistral sobre sus dos pasiones, tema en el que es experto, como bien demuestra su libro La Medicina a través de la Pintura. Este repaso empezó por nuestra propia sede colegial en Riego de Agua con su sala de exposiciones. “Durante once años, este local ha sido muestra de esa relación”. En sus inicios “hizo una exposición un gran pintor gallego muy amigo mío: Rafael Rueda. Luciano Vidán y yo tuvimos el honor de presentarlo. Desde entonces, numerosas muestras han tenido lugar aquí. Muchas veces han sido realizadas por colegas médicos, y otras no”.

El siguiente apartado de la explicación del doctor González reflejó la vinculación del arte y la medicina desde los inicios de la humanidad, empezando por la prehistoria y la pintura dactilar. “Es la representación artística más antigua que tenemos. Puede ser en positivo —el hombre primitivo manchaba las manos en pigmento de arcilla y las ponía sobre la pared de la gruta— o en negativo —ponía la mano sobre la pared y luego espolvoreaba el pigmento—”. 

Señaló que en alguna de estas imágenes se observaban la ausencia de falanges tras haber sido amputadas, lo que supone una conexión directa con la sanidad. Un ejemplo fue la Mano Roja de la cueva de Matravieso, en Cáceres, que posee 66.700 años de antigüedad. “Vemos que le falta un dedo y se trata de la mano más antigua pintada en el mundo, que fue realizada por los neandertales. Se ha debatido mucho sobre si esas amputaciones se debían a peleas, accidentes de caza o a congelación”, comentó el experto. Sin embargo, la teoría más extendida, y que se basa en casos de tribus actuales, es que fueron voluntarias debido a ritos religiosos o tribales. “Están hechas para honrar la pérdida de un ser querido o una persona admirada. Se ha comprobado que los llevan a cabo gente primitiva de África, Asia, América y Oceanía”.

La siguiente obra consistió en un bajo relieve de la Edad Antigua que muestra la circuncisión: la tumba de Ankh-Mahor (2.400 a. C.). “Es la tumba de un médico-sacerdorte-cirujano. En una de las imágenes tracciona el prepucio de un paciente y corta con pedernal de sílex de manera cuidadosa. En la segunda representación se ve cómo se realiza la cura con miel y aceite para mejorar la cicatrización y evitar los problemas de la infección”.

El doctor González recalcó que este bajo relieve supone la imagen más antigua de una intervención quirúrgica. Añadió que se han encontrado indicios de circuncisiones en momias del 4.000 a. C. También se refleja “en el papiro de Ebers, donde consta que se hacían estas prácticas cuando tenían uso de razón, o sea, al pasar a la edad adulta”. La motivación de la circuncisión en los egipcios de esta época era esencialmente por motivos higiénicos.

A continuación, el facultativo abordó la Edad Media. “Entre los años 1347 y 1352, la peste negra hizo que fallecieran entre 25 y 50 millones de personas en Europa. Esta enfermedad viene ilustrada en la Biblia de Toggenburg del 1411. Dado que aún no había imprenta, se trata de un códice manuscrito ilustrado”. 

También enseñó un cuadro que retrataba a un médico de la peste negra con su vestimenta habitual. Consistía en una gabardina o capa de tela gruesa impermeable, guantes, una máscara con lente de vidrio y nariz cónica en la que llevaban hierbas aromáticas —“para aguantar los malos olores de los bubones necrosados e infectados”— y un bastón —“con el que mantenían lejos a los apestados”—. El ponente subrayó que esta indumentaria no se conocería de no ser por el arte.

Acto seguido, pasó a la pintura moderna con Rembrandt, quien decía que “tenemos que recurrir con frecuencia a la pintura para saber sobre el pasado”. Esta verdad queda evidenciada en la Lección de anatomía del doctor Nicolaes Tulp, uno de los cuadros más conocidos del artista. El doctor González explicó que se llamó Tulp al médico de esta imagen porque significa tulipán en neerlandés, flor que es símbolo nacional en los Países Bajos. “Realmente se llamaba Nicolaes Peterson. Era cirujano, médico, profesor de anatomía y posteriormente terminó siendo alcalde de Ámsterdam”.

Continuó detallando que las clases de anatomía, como la representada en el lienzo de Rembrandt, “eran espectaculares. Consistían en actos sociales a los que asistía quien quisiera. Podían ir colegas, estudiantes o gente que no tenía nada que hacer, incluso músicos para amenizar la clase”. Además, señaló que el paciente de la Lección de anatomía del doctor Nicolaes Tulp había sido ahorcado por agresión y robo. 

Al analizar el cuadro, el facultativo dijo que “destaca la influencia de Caravaggio en el manejo de la luz y del claroscuro. Se puede contemplar la palidez cérea del rigor mortis del cadáver, que contrasta con el color rosa de los asistentes a la clase”. También se ve que hacen “una disección de los músculos del brazo izquierdo. Con una pinza los tracciona para mostrar su efecto sobre la mano y los dedos”. Además, sugirió una observación personal: “mi impresión es que este brazo izquierdo es más largo que el derecho. A pesar de que no he recogido ninguna información del porqué, creo que es debido a que lo más importante de este cuadro es la acción que está mostrando” en la operación.

En lo que respecta a la Edad Contemporánea, Marcelino González se centró en Santiago Ramón y Cajal, que es considerado el científico más importante en la historia de España. “Desde pequeño le gustaba mucho la pintura. Santiago solía coger papeles y los utilizaba para dibujar. Su padre, que era médico y cirujano, consideraba que el arte era para ociosos y calificaba la pintura como distracción nefanda. En su opinión, no servía para nada más que poner en riesgo un futuro de provecho”.

El urólogo declaró que, dado que el joven Ramón y Cajal sacaba muy malas notas, propuso a su padre que le pagase unas clases de pintura a cambio de que mejorase sus calificaciones. El cumplimiento de esta promesa con la mejora de sus resultados académicos y la confianza de su profesor de pintura sobre su gran porvenir como artista, no impidió que su padre insistiese en que su hijo fuese médico, objetivo que cumplió sin renegar del pincel. 

“Cuando fue a la facultad de Zaragoza, se dedicaba a pintar la anatomía en las clases de disección. Tenía la idea de que quería hacer un atlas de anatomía, pero no lo pudo terminar”, puntualizó el doctor González. “Una vez que acabó la licenciatura, se dedicó a la anatomía patológica. Estudiaba el sistema nervioso central dibujando las neuronas con sus conexiones. Hizo lo que se llamó expresionismo científico. Muchos investigadores consideran que la influencia de Ramón y Cajal en la neurociencia es equiparable a la de Einstein en la física y a la de Darwin en la biología”. 

También incidió en cómo este científico español acudió al Congreso de la Sociedad Anatómica Alemana de Berlín en 1889. “Fue admirado por la profundidad de sus estudios y por su manera de explicar el sistema nervioso con estos dibujos. Al final, en la década de 1900, publicó Histología del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados, su obra magna. Recibió numerosos reconocimientos, como el Premio Internacional de Moscú, las Grandes Cruces de Alfonso XII, la de Isabel la Católica o la de la Legión de Honor Francesa, entre otros. El más importante fue el Premio Nobel en 1906”.

En su conclusión, Marcelino González citó los escritos posteriores de Ramón y Cajal: “a mis aficiones artísticas de niño, a las que se opuso intensamente mi padre, debo ahora lo que soy. Hasta la fecha habré hecho unos 12.000 dibujos”.