
Con el objetivo de favorecer la formación y la colaboración continua entre los profesionales sanitarios, nuestro Colegio acogió un curso centrado en las arritmias cardíacas. Esta jornada intensiva consistió en un taller teórico planteado a través de ejercicios prácticos para facilitar la interpretación del electrocardiograma de los pacientes con trastornos de ritmo. La sesión se celebró tanto en la sede de Salvador de Madariaga en A Coruña —5 de mayo— como en la de San Pedro de Mezonzo en Santiago de Compostela —7 de mayo—. Emiliano Fernández-Obanza, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y en Cardiología de la Unidad de Arritmias del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo, impartió el curso.
El programa se dividió en cinco partes concentradas en una tarde que se enseñaron con ejemplos prácticos y lecturas de electrocardiogramas. La primera parte se centró en la electrofisiología básica y mecanismos de las arritmias, donde se explicaron las propiedades de las células, efectos de los fármacos y mecanismos patológicos. El siguiente apartado consistió en la interpretación de un electrocardiograma con los vectores de activación y el registro de la actividad eléctrica. El tercero se focalizó en las arritmias con frecuencia cardíaca normal y aportó claves para identificar el ritmo sinusal con todas sus implicaciones. Acto seguido se prosiguió con las de frecuencia cardíaca aumentada con su clasificación general y el análisis secuencial del complejo QRS. La última sección la protagonizaron las bradiarritmias —descenso del número de pulsaciones del corazón—. En este punto, se dieron indicaciones de estimulación cardíaca y de gestión del paciente.
El ponente realizó una introducción teórica para recordar conceptos sobre la materia, como la función del corazón de bombear los cinco litros de sangre del cuerpo humano a través de la vasta red de arterias y vasos capilares. “No puede detenerse nunca. Hay estudios que aseguran que, si nuestro corazón se para entre seis y nueve segundos, perdemos el conocimiento. Si se detiene durante más tiempo, el resultado es catastrófico”, remarcó antes de añadir que cada minuto que pasa sin que se reactive esa circulación supone un 10 % menos de posibilidades de supervivencia para el afectado.
“Cada ciclo cardíaco tiene que ser absolutamente eficiente para alcanzar los 2.500 millones de latidos que se producen a lo largo de una vida”, puntualizó. “El primer mecanismo para minimizar la interrupción consiste en la división del órgano en aurículas y ventrículos. La sangre se acumula en las primeras, luego se vacía en los segundos, que estarían todavía relajados”. Este sistema favorece un equilibrio dentro del órgano que permite su funcionamiento constante en las mejores condiciones.

A continuación, habló de la acción coordinada del tejido especializado. Una de sus propiedades “es generar el impulso eléctrico para que la aurícula tenga tiempo de vaciarse en un ventrículo relajado y evitar que ocurra todo al mismo tiempo”. En este proceso iniciado en el nodo sinusal, el impulso recorre el resto de los tejidos para hacer posible el latido, como el haz de His —tanto su rama izquierda como derecha— o el de Purkinje. Entre ellos puso especial atención a la estructura del nodo auriculoventricular, que frena la conducción del impulso eléctrico y que resulta de gran importancia para comprender las arritmias. Señaló que sirve como puente único de la transmisión eléctrica entre aurículas y ventrículos para actuar como filtro de seguridad entre ambos.
El automatismo es otra de las propiedades del tejido especializado que explicó el doctor Fernández-Obanza. Este fenómeno permite activar el impulso eléctrico sin estar conectado al sistema nervioso o al órgano y está presente en diferentes estructuras. De este modo, si el nodo sinusal que genera el impulso falla, el auriculoventricular puede tomar el ritmo cardíaco con 40 o 50 pulsaciones por minuto. Incluso si este no estuviera activo, la función podría recaer sobre el haz de His. “La naturaleza quiere que el ventrículo se contraiga”, aseguró el ponente.