“Las pacientes son el centro de todo lo que hacemos en la Unidad de Mama del Chuac”

Joaquín Mosquera analiza los avances profesionales y técnicos que han permitido mejorar la detección y tratamiento del cáncer de mama

Los compañeros de la Sociedad Española de Diagnóstico por Imagen de la Mama (Sedim) han reconocido recientemente a Joaquín Mosquera Osés por ser “un referente para los que nos dedicamos a la imagen mamaria”, por su empuje en el seno de la institución —de cuya Junta Directiva formó parte— y por haber impulsado una jornada anual que ya ha cumplido una década de vida. El doctor Mosquera, especialista en Radiología y responsable de la Unidad de Mama del Chuac, situada en el Hospital Abente y Lago, prefiere quitarse el foco de encima y ponerlo sobre las pacientes, “que son el centro de todo lo que hacemos”, asegura.

El coordinador de la Unidad de Mama destaca que “ha sido la primera unidad multidisciplinar que se creó que en nuestro hospital, y creo que este es un camino por el que debe transitar la estructura de los centros hospitalarios, de forma que el paciente sea el punto central sobre el que pivotemos las especialidades implicadas en las diferentes patologías”. En este sentido, se muestra orgulloso del “gran nivel de implicación que demuestran todos los profesionales que trabajan aquí, tanto los médicos como el personal de enfermería o los administrativos. Además, contamos con muchas personas que son un referente en sus respectivos ámbitos”, explica. “Creo que en todo ello reside la clave del éxito de nuestra unidad —en la que, no obstante, también hay que hacer frente a ciertos déficits estructurales—”.

El cáncer de mama es el tumor más frecuente en las mujeres, y su abordaje y tratamiento han evolucionado mucho en las últimas décadas. Se han producido cambios enormes que nos han permitido mejorar en cuanto a la morbilidad de los tratamientos y a los resultados que obtenemos, indica el doctor Mosquera. En primer lugar, “el diagnóstico ha evolucionado mucho, porque los equipos son mucho mejores y hacemos mucho más diagnóstico prequirúrgico, de forma que hoy en día nadie entra a un quirófano sin saber cuál es su patología”. Esto no era así antes: “hace años, muchas personas tenían que ir a quirófano para conocer si, en su caso, se trataba de un tumor benigno o maligno”.

Además, en el ámbito quirúrgico, la cirugía es mucho más cosmética. Resulta indudable que el aspecto fundamental a la hora de tratar a una persona con cáncer de mama es el tratamiento oncológico, porque de él va a depender la supervivencia, pero si es posible hay que llevarlo a cabo de una forma más plástica”. También se ha ido reduciendo la agresividad —algo muy importante— sin que esto implique tener menos control de la enfermedad, sino todo lo contrario.

Otros aspectos “en los que se ha mejorado muchísimo ha sido en el diseño de tratamientos oncológicos mucho más personalizados para cierto tipo de tumores —porque hay que recordar que el cáncer de mama no es un único tumor, sino muchos diferentes, algo que tiene repercusión de cara al tratamiento—”, asegura. También “los tratamientos radioterápicos han avanzado en gran medida” y, además, “se han incorporado otras disciplinas que hacen aportes muy importantes a pesar de no estar con nosotros a tiempo completo. Son, por ejemplo, rehabilitación —para los casos de linfedema—, psicooncología —con un psicólogo que da soporte a aquellas pacientes que lo necesitan— o cirugía plástica. Y, por supuesto, un equipo de enfermería especializada, que es fundamental”.

El programa de detección precoz de cáncer de mama, que se puso en marcha en 1992, ha sido una de las claves para mejorar el abordaje de las pacientes. Según Joaquín Mosquera “afortunadamente, en Galicia tenemos un programa de cribado que funciona muy bien y tiene una gran implantación. El punto fundamental de su éxito es la adherencia de las mujeres, con unas cifras altísimas. Estamos en torno al 83 % de participación, lo que otorga una gran solidez al programa. Con el paso de los años, “el avance tecnológico ha provocado que también se haya mejorado mucho en cuanto al equipamiento. Ahora contamos con mamógrafos digitales, que permiten hacer más cosas, y seguramente incorporaremos inteligencia artificial, que también va a ayudar mucho a mejorar la detección. Además, en el medio plazo “es posible que contemos con nuevas técnicas, como la tomosíntesis, que consiste en una especie de mamografía ampliada”.

En el programa de detección precoz de cáncer de mama “también es importante el hecho de que se trate de una iniciativa centralizada, de forma que disponemos de todos los datos desde su puesta en marcha”. Las pruebas comenzaron haciéndose “a mujeres de hasta 65 años. Posteriormente se amplió hasta los 69 y, en la actualidad, el grupo de edad va desde los 50 hasta los 74 años, que es lo que marcan las guías europeas como ideal, porque la mayor incidencia de cáncer de mama se da con la edad. No se recomienda en personas más mayores, aunque por debajo siempre hay debate sobre la utilidad de hacerlo desde los 45, lo que tiene otras implicaciones que habría que estudiar con cautela”. En la Unidad de Mama del hospital coruñés se descubren, en promedio, “entre cuatro y cinco casos de cáncer de mama por cada mil exploraciones gracias al cribado. Por suerte, aquí no hay una gran incidencia, al contrario de lo que sucede, por ejemplo, en los países nórdicos”, asegura. Cada año, entre casos detectados precozmente y otros sintomáticos, “en la Unidad vemos alrededor de 450 cánceres nuevos, a lo que se debe sumar el seguimiento de las pacientes”. 

El doctor Mosquera mira al futuro con confianza. “Afortunadamente, el de mama es un cáncer con mucha prevalencia social, porque la población está muy concienciada —incluso hay casos de mujeres que sobrevaloran el riesgo de padecerlo—”. Además, “aunque es el tumor más frecuente entre la población femenina, también es el que tiene un mejor pronóstico: el porcentaje de supervivencia a cinco años se sitúa en el 80 %, y en los casos de tumores detectados en el cribado esa cifra es todavía mejor, prácticamente del 90 %”.

De cara al futuro, el facultativo asegura que “se va a avanzar más la detección para hacerla de la forma más precoz posible. Hay que incidir en ello, porque significa mejorar el pronóstico de las pacientes”. También “se están realizando ensayos clínicos con la vista puesta en nuevos tratamientos que sean, además, más personalizados, y se están consiguiendo avances en plataformas genómicas que permiten saber, por ejemplo, si una paciente se va a beneficiar de un tratamiento con quimioterapia o no”. También la cirugía “es cada vez más reducida, porque al hacerse muchos tratamientos prequirúrgicos, los tumores son más pequeños”. En definitiva, en los próximos años “se van a producir numerosos avances técnicos”.