La medicina, la salud y el clima enfatiza la responsabilidad medioambiental del médico

La jornada del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España expuso los logros y avances de la Alianza Médica contra el Cambio Climático

La Organización Médica Colegial (OMC) acogió la jornada La medicina, la salud y el clima el 31 de octubre. Durante este evento sobre el papel del sector sanitario en la protección medioambiental, se presentó la Alianza Médica contra el Cambio Climático (AMCC), una iniciativa conformada por sociedades médicas y científicas para concienciar sobre el impacto de la crisis climática en la salud. Tomás Cobo, presidente de la OMC, introdujo la jornada junto a Rosa Arroyo, vicepresidenta segunda de la institución, presidenta de la AMCC y Medalla de Oro y Brillantes de nuestro Colegio.

Para la Organización Médica Colegial, abordar el cambio climático no es una opción, sino una obligación ética, moral y profesional”, declaró Tomás Cobo. Durante su discurso, recordó cómo Pedro Cabrera contactó con él a raíz de un editorial que publicó el New England junto al British Medical Journal y 200 revistas científicas más para exponer la importancia de que se abordara el cambio climático desde la profesión médica. Esto inspiró la creación de un grupo de trabajo, que se consolidó con personalidad jurídica “ligada a la Organización Médica Colegial, pero con la independencia suficiente para desarrollar, impulsar y promover todas aquellas medidas que disminuyan la huella ambiental”. Agradeció a Carlos Cabrera, presidente de la Federación Temática de Prácticas Verdes y Sostenibles, por su papel en el desarrollo de su agrupación en la Unión Europea de Médicos Especialistas (UEMS). Actualmente “es de las más activas que tenemos en la Unión Europea y la estamos extendiendo a la Asamblea Médica Mundial y a la Comisión Permanente de Médicos Europeos”. Además, resaltó el papel de Rosa Arroyo por liderar la iniciativa desde el primer momento.

La presidenta de la AMCC subrayó que “consideramos un deber profesional liderar la respuesta ante este nuevo determinante social de la salud. Nos hará más daño cuanto menos preparados estemos. La Alianza contra el Cambio Climático pretende unir y movilizar toda la fuerza del sector sanitario a través del Consejo General de Colegios Médicos, de los 52 colegios provinciales y de las sociedades científicas. Esto nos va a permitir llegar a los más de 310.000 médicos colegiados”. Además, está compuesta por una serie de “organizaciones sólidas y con trayectoria y solvencia. Queremos colaborar con todos los agentes implicados, públicos y privados, siempre dentro del marco deontológico que dirige nuestros actos, ya que la medicina preventiva es la más ética que podemos promover”. 

Rosa Arroyo citó las palabras de la doctora María Neira, directora del Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la Organización Mundial de la Salud, quien también asistió al encuentro. “Nos enfrentamos ante una triple carga sanitaria: enfermedades infecciosas persistentes, enfermedades no transmisibles que se han vuelto epidémicas, y los efectos cada vez más visibles del cambio climático y de la degradación ambiental influyendo sobre la salud humana”. Continuó indicando que la Alianza Médica contra el Cambio Climático es un referente para los médicos de Europa y esto se debe a los avances de la Federación Temática de Prácticas Verdes y Sostenibles. Su éxito se originó a partir de la creación de tres documentos: el de posicionamiento sobre salud planetaria y clima, las competencias mínimas que debe tener cualquier médico especialista y en formación para afrontar el cambio climático y su impacto sobre la salud, así como una hoja de ruta para abordar la descarbonización de la UEMS.

La facultativa también destacó que la evidencia científica resulta clave para la generación de conocimiento. “Es necesario e imprescindible, pero no es suficiente. Hay que llamar a la acción. No solo tenemos que ser testigos, sino actores, y debemos alertar, investigar, proponer y actuar”. Aclaró que su intención es desarrollar un plan de acción “que lleve las ideas a proyectos concretos que se puedan medir y valorar, y facilitar un espacio de intercambio de buenas prácticas” entre las sociedades científicas. 

La doctora Arroyo expuso cuatro objetivos prioritarios para la AMCC. El primero consiste en integrar la salud planetaria en los planes de estudios a lo largo de toda la formación del médico. El segundo se centra en la puesta en marcha del manual clínico de salud y cambio climático, que tendrá un carácter transversal para todos los facultativos especialistas y pretende unificar la evidencia. La tercera medida sería la creación de una publicación que permitiese recopilar el conocimiento que se vaya generando. La última se sustenta sobre la concienciación de las instituciones y la ciudadanía para que sean “corresponsables con la salud del planeta” a través de encuentros en los que se compartan ideas y que se celebren, como mínimo, una vez al año.

El encuentro prosiguió con Héctor Tejero, asesor en Salud y Cambio Climático del Ministerio de Sanidad. Durante su intervención, habló del Observatorio de Salud y Cambio Climático del Gobierno de España. “La crisis climática es una crisis de salud pública”, declaró. “La Organización Mundial de la Salud la reconoce como la principal amenaza para el siglo XXI. En una estimación conservadora, calculan 250.000 muertes adicionales al año” entre 2030 y 2050 por desnutrición, malaria, diarrea o estrés térmico. También subrayó que el 37 % de todos los fallecimientos provocados por calor entre 1991 y 2018 se debieron al cambio climático. 

Señaló que el Observatorio tiene varios objetivos, entre los que se encuentran recomendar las mejores políticas públicas para reducir los efectos del cambio climático. “El que yo creo que más estamos trabajando es el desarrollo y mejora de sistemas de avisos de riesgos en salud, especialmente el del calor, que es el principal impacto del cambio climático en nuestro país”. También se procura el fomento de una comunicación eficaz y la investigación sobre estos temas. Además, intentan impulsar una cultura preventiva y de autoprotección en los ciudadanos. “La composición del Observatorio está reglada, pero tiene bastante libertad a la hora de formar grupos de trabajo”, recalcó el ponente antes de mencionar los cuatro que están en activo actualmente: el de temperaturas extremas, el de comunicación, el de salud laboral y cambio climático y el de cambio climático y vulnerabilidad, que, a diferencia del resto, acababa de empezar su actividad. 

“En los últimos cuatro años, hemos tenido entre 2.000 y 4.000 muertes al año en olas de calor”, afirmó. Sin embargo, “la buena noticia es que la adaptación funciona. Sabemos por la evidencia científica que hace mucho más calor que hace 40 años y que el verano dura dos o tres semanas más que en los 80. No obstante, cada vez muere menos gente porque hay una serie de procesos de adaptación colectivos e individuales que reducen los impactos”.

Por su parte, Carlos Cabrera rememoró que “cuando presentamos la idea de la Alianza, el doctor Tomás Cobo vio que no había ninguna acción similar en ningún país de la Unión Europea”. Por esa razón, a finales de 2022, “propuso en la Asamblea General de la UEMS la creación de una federación temática —organismos creados para asuntos muy concretos dentro de la organización y que mantienen una actividad transversal— para promover una medicina más sostenible. La acción fue aprobada por unanimidad”.  

Durante su exposición, abordó en profundidad los tres documentos creados por la federación temática. “Cuando llegamos a la UEMS y vimos que no había ningún documento de posicionamiento, lo primero que hicimos fue elaborar uno. No lo hicimos con el ánimo de que se mantenga, sino para que fuese el punto de partida y para seguir trabajando sobre él en acciones concretas”, detalló en referencia a la hoja de ruta de descarbonización.

Reveló que el documento de conocimientos mínimos supuso toda una serie de obstáculos para lograr llevarlo a cabo. “Todas las personas que se acreditan en la UEMS o que trabajan de alguna forma dentro de ella tienen acceso a él y pueden leer y conocer lo que consideramos que es indispensable en salud planetaria y humana”.

El modelo que estamos utilizando en la Alianza Médica Contra el Cambio Climático está siendo francamente exitoso para el poco tiempo que lleva activo. La cantidad de acciones que se están organizando desde colegios y sociedades científicas van a promover cambios tangibles”, recalcó Carlos Cabrera antes de señalar la intención de trasladar esta idea a otros países con la unión de los órganos de representación médicos europeos y las grandes sociedades científicas. “Si hacemos esto a nivel nacional y creemos que tiene un futuro muy prometedor, muy probablemente acciones exportadas desde aquí promoverán mayor cambio en lugares que no están tan adelantados”.

El siguiente ponente fue Josep María Antó, copresidente de The Lancet Countdown, quien expuso la estrategia global para la salud frente al cambio climático de esta plataforma de monitorización. “Tiene más de 270 expertos de 12 instituciones”, puntualizó. “Tanto la plataforma global como la europea poseen un proceso muy estricto de calidad para la selección de los indicadores. Deben estar basados en fuentes de información independientes que permitan monitorizar los datos año tras año. Además, hay un grupo de expertos especializados detrás de cada uno”.

Los indicadores se dividen en cinco ámbitos: la vulnerabilidad y los impactos, la adaptación, la mitigación, la economía y los aspectos financieros y las políticas y la gobernanza. A través de varios ejemplos, mostró la efectividad de estos indicadores, como el impacto de calor y temperatura, que es el más directo. “Mide una serie que va desde el 2003 al 2022. Sabemos que, en esta última década, se han añadido 17 muertes más por cada 100.000 en Europa debido al calor. El aumento de mortalidad es el doble en mujeres que en hombres”.

Otro ejemplo que abordó giró en torno a los planes de adaptación. “En este indicador, con datos de 2021 a través de una encuesta de la OMS, de los 22 países en Europa que contestaron, 10 habían hecho un análisis nacional de vulnerabilidad y de impacto. De esta decena, solo dos dijeron que había influido en sus políticas y uno aseguró que también en aumentar los recursos”. El tercer indicador que abordó fue el de mitigación. “No va a resolver los impactos inminentes, pero es imprescindible, porque a veces sí que tiene efectos inmediatos, a los que llamamos cobeneficios”.  

En sus conclusiones, Josep María Antó destacó que “la crisis del clima no es una de futuro. Es una realidad que tiene un impacto tremendo y actual. En Europa contribuimos de manera importante a las emisiones y causas del problema. Tenemos que dedicar un mayor esfuerzo a aprovechar las oportunidades para cuidar la salud del planeta y la humana”.

María Neira inició la última charla definiendo el papel de la AMCC como “revolución positiva blanca”, en referencia a la bata de los facultativos. Cuando se hacen encuestas a nivel global, los médicos “somos los que más credibilidad tenemos”. Por tanto, “no podemos aislarnos de este problema. Debemos ser parte de la solución. Tenemos la responsabilidad de comunicar y despolitizar este asunto”. 

Según explicó, “hemos de comunicar con táctica, y no solo estrategia”. Además, “no podemos esconder la situación. The Lancet Countdown y la OMS nos proporcionan datos terribles y muy sólidos de la evidencia científica sobre cómo el cambio climático está afectando a los pilares de nuestra salud —acceso a agua potable, aire limpio, alimentos, vivienda o salud mental, entre otros—“. 

La doctora Neira también retrató los efectos nocivos de las impurezas del aire, que son la causa de entre 7 y 10 millones de muertes prematuras cada año. “Hay que empezar a tratar el cambio climático y la contaminación del aire de la misma manera, porque las causas de ambas se superponen en un 75 %”. Indicó que esta realidad implica que los médicos deberían tratar también las energías renovables debido a su impacto en la salud, aunque parezca una materia desligada de la profesión. “Si ahora queremos realmente prevenir, hay que hablar de energía. Tenemos que entender que la combustión de combustibles fósiles contribuye tremendamente a las partículas PM2.5, que luego inhalamos y que no solo se quedan en los pulmones, sino que recorren todo el sistema circulatorio y llegan a cualquier órgano. Cada vez acumulamos más evidencia científica del impacto que tienen a nivel cerebral”.

Recordó que, a pesar de la alta inversión que supone la mitigación, el sistema sanitario ya está realizando ese sobrecoste al tratar a personas afectadas por la mala calidad del aire y la contaminación. También criticó que en el informe Stern —que estaba centrado en el impacto del cambio climático sobre la economía—, “no hay ni una sola mención a la palabra salud cuando, en realidad, el coste es enorme”.

Mónica García, ministra de Sanidad, y Juan Cruz, secretario de Estado del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, cerraron el acto. “Creo que España avanza con decisión y por ello estamos fortaleciendo programas que comunican la investigación científica con la innovación sanitaria”, declaró Juan Cruz. Por su parte, Mónica García recalcó que “ciencia, política y medicina tienen que ir de la mano. Si no es así, no estaremos haciendo un buen diagnóstico y no podremos ofrecer ningún buen tratamiento”. También enfatizó la necesidad de que la política esté “detrás de la ciencia” e “intentar adelantarnos a todo aquello que los científicos nos llevan diciendo desde hace tanto tiempo que debemos hacer”.