“La rehabilitación siempre ha sido una gran desconocida”

“Hay que mantener un equilibrio con respecto a la tecnología. Tenemos que empatizar con los pacientes y escucharlos de forma activa”

Jacobo Formigo Couceiro (Santiago de Compostela, 1974), responsable de la Unidad de Rehabilitación Intervencionista del Chuac, acaba de recibir el premio Merco-OdS como profesional más reputado de España en Medicina Física y Rehabilitación. El doctor Formigo se licenció y doctoró en la Universidad de Santiago de Compostela y es vicepresidente de la Sociedad Gallega de Medicina Física y Rehabilitación y coordinador del grupo de trabajo sobre artrosis de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física. Además, coordina el grupo de investigación en rehabilitación del Inibic y es autor de numerosas publicaciones científicas.

¿Qué se siente como profesional más reputado en su especialidad?

Cuando uno recibe la nominación, lo primero que se pregunta es por qué y qué le diferencia con respecto a los otros cuatro nominados, pero todavía no lo sé. Llevo muchos años trabajando en este ámbito a nivel nacional, con muchos cursos y mucha presencia, pero cualquiera de los otros nominados podría haberse llevado el premio de forma muy merecida. Se trata de un reconocimiento con un gran prestigio a nivel profesional, porque son tus compañeros los que determinan quiénes lo merecen. Estoy muy contento, pero por supuesto recibir este galardón no hubiera sido posible sin mis compañeros, sin mi jefe, sin el apoyo del equipo directivo y sin trabajar en el Servicio de Medicina Física y Rehabilitación del Chuac. Y tampoco sin quienes han conformado mi forma de ser y de trabajar: padres, hermanos, esposa, hijos, amigos, el colegio, la facultad… Es emocionante que el trabajo honesto realizado para intentar mejorar la vida de los pacientes sea reconocido.

¿Cómo ha evolucionado su especialidad?

Veníamos de una especialidad muy clínica, pero después de convertirme en coordinador del grupo de trabajo de rehabilitación intervencionista a nivel nacional —y junto a otros grandes profesionales— pudimos contribuir a la evolución de la especialidad. Nos subimos al carro de la técnica y la tecnología: afinamos mucho más los diagnósticos y podemos hacer tratamientos mucho más precisos, lo que nos permite ayudar mucho mejor a los pacientes. Mis dos grandes áreas de especialización son la neurorrehabilitación y las patologías musculoesqueléticas —y el dolor asociado a ellas—. En la primera trabajamos mucho en las terapias y con los terapeutas, y en la segunda tienen mucha más importancia las técnicas y el fomento del autocuidado en los pacientes para que sean conscientes de que hay que cuidarse y realizar ejercicio terapéutico. Esto también supuso un cambio: ahora les facilitamos que puedan llevar a cabo estas tareas, y ellos las hacen. La especialidad, que ha sido siempre una gran desconocida, ha mejorado mucho en los últimos años. Es importante darla a conocer y saber que nuestro trabajo diario va encaminado a mejorar la calidad de vida de los pacientes, disminuir la discapacidad y mejorar su participación en la vida de la forma más normal posible.

¿Cuáles son las patologías que más tratan?

La rehabilitación es una especialidad muy transversal que abarca una parte de casi todas las especialidades tradicionales que se dividen por sistemas. Por volumen, las más comunes son, precisamente, las áreas de neurorrehabilitación y de patología musculoesquelética. El hecho de trabajar en estos ámbitos de mayor volumen también contribuye a conseguir más repercusión a todos los niveles.

¿Cuáles han sido los principales avances que han transformado la rehabilitación?

En primer lugar, como en cualquier otra especialidad, la tecnología. En segundo, el empoderamiento de los pacientes y su corresponsabilidad en las terapias. Cada vez son más exigentes, y esto es algo que nos beneficia porque supone una motivación extra. El tercer aspecto relevante son las medidas, porque la rehabilitación era una especialidad con bastantes carencias para la evaluación objetiva de resultados en salud. Gracias a la tecnología, a diferentes aplicaciones y a la inteligencia artificial nos hemos subido al carro de la toma de medidas. Antes, al diagnosticar y tratar a un paciente con dolor de hombro, no era posible hacer escalas de valoración previa y a posteriori. Sin embargo, empleando tecnología, el paciente puede cubrirlas en casa y nos permite tener medidas de salud. Las nuevas tecnologías le están sentando bien a la rehabilitación.

¿Esa aplicación de la tecnología en la sanidad dificulta una atención empática?

Como en todo, hay que mantener un equilibrio. Tenemos que empatizar con los pacientes y escucharlos de forma activa. Se trata de algo prioritario, porque nadie sabe más de su enfermedad y de su proceso que ellos mismos. Escucharles nos va a permitir enfocar clínicamente el diagnóstico. Sin embargo, en nuestro caso, esto encaja muy bien con las nuevas tecnologías, porque a nosotros no nos quitan tiempo de consulta, sino que nos dan información y nos permiten monitorizar los tratamientos. Antes no sabíamos si el paciente realizaba el ejercicio que se le indicaba, pero con tecnología podemos monitorizarlos y, además, recibir feedback sobre si siente dolor —de manera que podamos modificar el ejercicio en la siguiente consulta— o si se siente mejor o peor que antes. Esto nos facilita una información que antes no podíamos tener y resulta un complemento ideal.

¿Cómo impactan esos avances tecnológicos en la calidad de vida de los pacientes?

Esto es muy importante. Con el enfoque tradicional solo teníamos una percepción subjetiva de cómo se sentía el paciente si se lo preguntábamos, pero no conocíamos realmente su calidad de vida. Ahora estamos empezando a implementar medidas para saberlo. En el área de neurorrehabilitación, por ejemplo, hemos trabajado en el proceso asistencial integrado (PAI) de daño cerebral adquirido y queremos implantar una valoración de calidad de vida a través de Telea —el sistema del Sergas para monitorización en domicilio— tanto antes como después de hacer una intervención. Si no podemos monitorizar ni emplear escalas de medición, no podemos saber el impacto en salud. En este sentido, Galicia es puntera, porque el PAI de daño cerebral adquirido es el primero enfocado al ámbito público en todo el territorio nacional.

Usted coordina el grupo de investigación en rehabilitación del Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña (Inibic). ¿En qué están trabajando actualmente?

En primer lugar, hay que agradecer al Inibic que haya aceptado un grupo de investigación en rehabilitación, porque es algo inusual. Las principales líneas de investigación son la neurorrehabilitación —donde estamos trabajando con ensayos clínicos para nuevos fármacos—, patologías neuromusculoesqueléticas y dolor —que todavía es un ámbito incipiente— e innovación en usabilidad—en el sentido de probar nuevas tecnologías o dispositivos—. Con respecto a esta última, la rehabilitación tiene mucha relación con nuevos dispositivos, tanto para telerrehabilitación, inteligencia artificial, plantillas, ortesis o férulas, entre otros.

Uno de sus últimos trabajos trata sobre la esclerosis múltiple, y en él indica que es necesario mejorar en este ámbito. ¿Qué están haciendo?

Estamos trabajando en áreas de penumbra en el conocimiento donde no sabemos bien cómo actuar. Una de ellas es la fatiga, que supone un problema muy grande porque más de la mitad de los pacientes la describen como su síntoma principal. Por encima de las limitaciones de movilidad o de las alteraciones sensitivas, la fatiga es lo que más les limita en la vida diaria. Hoy en día no hay ningún tratamiento efectivo contra ella y ni siquiera contamos con escalas de valoración que podamos utilizar de forma habitual. Estamos trabajando en mejorar tanto la evaluación de la fatiga como en desarrollar algún dispositivo o terapia que sirva para tratarla. Actualmente estamos llevando a cabo un ensayo clínico para mejorar este aspecto.

Mirando hacia el futuro, ¿qué aspectos habría que mejorar en la especialidad?

Por un lado, mejorar la evaluación e incluir cada vez más escalas o herramientas de valoración objetiva para cada una de las patologías. Estamos utilizando escalas globales, pero tenemos que intentar definir cosas cada vez más específicas para cada una de las patologías, lo que mejoraría la atención a los pacientes. Por otra parte, hay que optimizar las herramientas telemáticas e intentar integrarlas todas en Telea, para que sea lo más uniforme posible en el territorio autonómico —y, después, a nivel nacional—. También tenemos que mejorar la capacidad de registro de las patologías. Si somos capaces de saber cuántas esclerosis múltiples o ictus estamos tratando y cuánto tiempo de terapia le estamos aplicando, vamos a poder hacer medidas específicas de salud, fundamentales para saber si nuestras terapias están siendo efectivas o no. Con respecto al área de daño cerebral adquirido, tenemos que ser capaces de mejorar los recursos disponibles para alcanzar terapias de alta intensidad y terapia neurocognitiva, que en este momento es mejorable. Si en los próximos años mejoramos en estos aspectos, avanzaremos a buena velocidad de crucero.