

Nuestro Colegio colaboró el pasado 3 de abril en la segunda Reunión para responsables de Residencias del Área Sanitaria de A Coruña y Cee. La Unidad de Coordinación y Apoyo Asistencial a Residencias del área sanitaria y la Consellería de Política Social organizaron esta jornada celebrada en nuestra sede de la avenida de Salvador de Madariaga. En la inauguración oficial participaron el presidente de nuestro Colegio, Luciano Vidán; el director general de Mayores y Atención Sociosanitaria, Antón Acevedo; el gerente del Área Sanitaria de A Coruña y Cee, Luis Verde, y el responsable del Servicio de Hospitalización a Domicilio y Cuidados Paliativos (HADO) del Chuac, Fernando Lamelo.
Entre los agradecimientos, nuestro presidente recordó cómo la labor del doctor Lamelo durante la pandemia inspiró la creación de la Unidad de Coordinación y Apoyo a Residencias, enfocada en un punto de gran consideración en la sociedad actual. Además, somos el primero y, hasta donde yo sé, el único Colegio en España que tiene una sección dedicada a la atención sociosanitaria. aseguró Luciano Vidán. Reflejando el espíritu colaborativo, también añadió que “las iniciativas, preocupaciones y problemas los haremos propios y ayudaremos en la medida de las fuerzas que tenemos”.
Antón Acevedo también alabó la colaboración de las diferentes áreas y la labor del equipo de Fernando Lamelo. «Es un referente a nivel nacional. No he visto un desarrollo de una unidad de coordinación de residencias tan potente y tan bien engrasado como el que hay aquí, en A Coruña», declaró realzando su trabajo asistencial y de formación continuada. Además, puntualizó que esta consecuencia de los años de expansión de la Covid-19 había traído un efecto positivo para mucha gente que debería mantenerse: «aunque la pandemia fue la espoleta para empezar a trabajar mano a mano, ahora no podemos parar. Tenemos mucho camino por recorrer».
«La integración y coordinación de la atención social y la sanitaria es una meta largamente perseguida», afirmó Luis Verde utilizando sus 30 años de trayectoria como ejemplo. Aseguró que este reto tuvo muchos intentos y grandes fracasos hasta la creación de la unidad asistencial del Servicio de Hospitalización a Domicilio y Cuidados Paliativos. «Está compuesta por todos los recursos de los servicios asistenciales, sanitarios y sociales. Este es el gran logro. La responsabilidad no descansa en unas pocas personas, sino en el conjunto del sistema», argumentó.
El doctor Lamelo agradeció la unión que hace posible su trabajo y destacó su suerte por liderar un equipo de más de 2.000 profesionales. Llevamos un largo camino de cuatro años con mucha implicación humana y profesional, dijo el facultativo. El compromiso de la Unidad de Coordinación y Apoyo a Residencias se evidenció en 2023 con el premio de la Fundación Avedis Donabedian. «Nos queda mucho por andar», afirmó al expresar la necesidad de desarrollar su labor y el contacto entre profesionales de este ámbito durante la jornada.
La primera ponencia contó con Eva Fuertes, directora del Centro de Atención a Personas con Discapacidad de A Coruña (CAPD). Durante su intervención, explicó que esta entidad de titularidad pública ofrece 85 plazas residenciales y 15 de atención diurna. Aquí conviven personas con discapacidad intelectual, física y sensorial. Al exponer que entre sus usuarios hay tanto jóvenes de 22 años como mayores de 77, afirmó que el aspecto generacional no supone un impedimento para su trabajo. «No entendemos que cuando se llega a una edad sea conveniente hacer una derivación a otras residencias especializadas», aseguró.
La directora dejó de lado cualquier idea preconcebida al mencionar que existen más aspectos comunes que diferenciadores con otros centros de diferentes especialidades: «nuestro objetivo principal es garantizar la calidad de vida de nuestros usuarios». El CAPD atiende a personas en situación de dependencia 365 días al año durante las 24 horas. Su objetivo es fomentar la calidad de vida, por lo que el personal “favorece una convivencia carente de estrés en la que es posible desarrollar relaciones personales significativas para enriquecer el estado emocional de sus residentes”.
Eva Fuertes ahondó en la importancia de su servicio médico. «Las personas con discapacidad tienen una mayor vulnerabilidad frente a los factores patológicos. No disponen de los mismos sistemas de alarma para detectarlos ni la iniciativa para dar respuesta a esos problemas», expuso al mencionar afecciones que surgen con la edad como insuficiencia cardíaca, hipertensión o diabetes. La dificultad para expresar los síntomas de tales enfermedades requiere que los cuidadores estén muy formados en su observación para no pasarlos por alto. Además, también es importante realizar exploraciones periódicas.
La ponente destacó la formación de educadores como punto diferenciador con otras residencias. Los problemas de conducta que pueden surgir entre personas con discapacidad requieren una manera distinta de abordarlos tanto por psicólogos como profesores, que intentan prevenirlos. Su labor se ve facilitada por Cenpos, un programa de gestión para las residencias públicas que permite hacer un seguimiento de los usuarios. «Nuestra mayor satisfacción es garantizar su bienestar y que sus necesidades estén cubiertas», dijo la directora.
El siguiente ponente, Miguel Romero ―director de la residencia Caser Residencial de A Coruña― abordó el desafío del día a día de los especialistas y profesionales. «Nos encontramos con muchas dificultades, pero también hay días extraordinariamente buenos», aclaró antes de exponer algunos ejemplos de estas situaciones tan especiales. «Hemos visto personas que ingresan y que, al cabo de dos semanas, vuelven a caminar o a tener relaciones sociales que no tenían. También ha habido residentes con una úlcera que empezaron a curarse porque recibieron una alimentación adecuada o una medicación a tiempo».
El conferenciante compartió su deseo de que hubiese libros de anécdotas positivas para rememorar lo bueno frente al pesimismo de los medios de comunicación. Al profundizar en la situación del sector, expuso que desde hace 20 años se sabía que el evidente aumento de la esperanza de vida supondría un mayor número de personas en situación de dependencia y que los profesionales escaseaban, un problema que no ha desaparecido. «Creo que hay un desafío a nivel político al que no se está haciendo frente y que nos acabará pillando», argumentó. Esa tendencia resulta difícil de solucionar para el sector, aunque esa complejidad contrasta con los agradecimientos de las familias que “no cambian a su madre o a su padre a un centro más económico o cercano porque confían en ti”, añadió el director.
Es necesario dignificar el sector. Hay que darnos visibilidad en lo bueno, sentenció Miguel Romero, a la vez que reclamó una mayor inversión económica para mejorar la calidad de vida de los mayores del presente y del futuro. Además, evidenció una mayor exigencia normativa y de los clientes, así como dificultades de contratación de personal. A pesar de las dificultades, Miguel Romero consideró que «superaban el reto del día a día con creces» ante los resultados de las encuestas de satisfacción realizadas en su centro. “La mayoría de los residentes están contentos, pero esto no vende”, afirmó.
La charla de Margarita Garrido, gerente de la Fundación para Personas Adultas con Discapacidad Intelectual (Adcor), trató la gestión en su institución tras un cambio de paradigma. La organización lleva trabajando desde el año 1996 en el ámbito de la discapacidad intelectual. Sin embargo, en 2012, duplicaron su servicio de atención añadiendo una residencia para personas mayores. «Estuvimos preparándonos y formándonos durante un año para entrar en este sector, pero una cosa es el papel, que lo aguanta todo, y otra la realidad», detalló. Su residencia posee tres unidades repartidas en el edificio. La planta baja la componen once personas mayores codependientes, la primera acoge a 21 con discapacidad intelectual y un nivel de autonomía medio-alto, y en el segundo piso hay otras 21 personas mayores que entran en la categoría de «grandes dependientes».
Su estrategia hasta el momento estaba planteada para las personas con discapacidad. Su metodología consistía en idear proyectos de vida a medio o largo plazo para fomentar la integración e independencia de tales usuarios, un concepto que no pudieron mantener con sus nuevos residentes. Cuando trabajamos con personas mayores, gestionamos el final de su vida. Lo normal es que fallezcan en la residencia, aclaró la gerente antes de añadir que este fue uno de los puntos más difíciles de asumir. No obstante, pudieron acoger esta perspectiva gracias a su interés por mejorar la vida de sus usuarios.
Otro cambio fue la relevancia del aspecto sanitario frente al social. Las necesidades de las personas mayores obligaron a que se tuviese mucho más en cuenta la formación médica en su cuidado. Aparte de la complejidad que acarrea adaptarse a los dos colectivos, Margarita Garrido también subrayó la problemática de gestión de personal. La perspectiva de proyecto de vida de Adcor atraía a perfiles profesionales de terapeutas ocupacionales, educadores o técnicos de formación a la dependencia. «Contratamos a gente que viene motivada a trabajar en la discapacidad», reveló. No obstante, no fue tan simple encontrar y mantener talento en el área sanitaria.
La ponente calificó el perfil del gerocultor como el más importante: «es quien atiende de 8 de la mañana a 8 de la noche a los residentes». Su labor abarca atención a la dependencia, auxiliares de enfermería y certificados de profesionalidad. Poco a poco, la fundación logró asumir la nueva realidad manteniendo en mente el interés de sus residentes en esta etapa final de sus vidas.
La jornada continuó con la ponencia titulada Atención multidisciplinar sociosanitaria: una visión desde la Atención Primaria, de Javier Prieto, secretario general de nuestro Colegio y médico del Centro de Salud de Acea de Ama (Culleredo). En su introducción aseguró que en el Servicio de Atención Primaria tienen dos visiones desde el ámbito sociosanitario. La clásica posee múltiples ineficiencias y distorsiones. «Cuando hice la especialidad, no teníamos la posibilidad de rotar en estos centros. Tuve que pedir un permiso especial y, tras muchas peleas me lo permitieron, pero fue considerado materia extracurricular», contó el médico.
Como contrapunto, el ponente exploró lo que implica el modelo de atención sociosanitaria óptima y resaltó que los mayores requieren cada vez de más cuidados. Dentro de tal necesidad, habló del traslado de estos recursos médicos al hogar o centro social. Este hecho implica mejorar la coordinación y la atención para el paciente que está en su lugar de residencia habitual. Eso sólo se puede conseguir cuando se diseñan planes de cuidados multidisciplinares para evitar la fragmentación asistencial», explicó.
Con el deseo de alcanzar esta atención óptima mientras se disminuye la presión asistencial, el doctor Prieto introdujo el Programa de Integración Asistencial Sociosanitaria y Atención Primaria. Esta iniciativa surgió tras una reunión de la unidad de Coordinación y Apoyo de las Residencias Sociosanitarias de A Coruña y Cee. Durante el encuentro, los resultados de un análisis DAFO expusieron como grandes debilidades en esta área la intensa fragmentación asistencial y la poca implicación de muchos profesionales.
El impacto de estos datos inspiró una iniciativa piloto que acogen la residencia Caser y el Centro de Salud de Acea de Ama. Su objetivo es estimular a los facultativos de Atención Primaria, dar cobertura a los recursos asistenciales con planes de cuidado más personalizados y mejorar la coordinación entre el área sanitaria y los centros sociosanitarios. El programa cuenta con médicos de familia voluntarios.
«Todas las semanas hay una selección de cuatro residentes, dos por cada cupo médico, para hacer una valoración integral e integrada», comentó Javier Prieto. Las sesiones constan de 30 minutos para realizar este examen con la historia clínica Ianus y el informe básico de salud. Su finalidad es potenciar el seguimiento de las patologías, aplicar el programa de prácticas seguras en medicamentos de uso crónico para un mayor control, hacer propuestas consensuadas de estrategias diagnósticas y terapéuticas y realizar interconsultas a otros niveles asistenciales fuera de la unidad bajo la supervisión de los médicos. Estos objetivos también asumen nuevas ideas para mejorar la asistencia bidireccional.
La última ponencia contó con Laura Gamonal, geriatra de la unidad de Residencias del Servicio HADO. Su discurso abarcó la Influencia del entorno residencial en la valoración geriátrica integral. La doctora definió su especialidad como «compleja» porque va a contracorriente de lo que se enseña en la facultad. «En geriatría, basamos casi todas nuestras decisiones en la valoración geriátrica integral. También tenemos como objetivo emitir un diagnóstico y buscar un tratamiento, pero nos interesa, sobre todo, mantener la autonomía del paciente. Para nosotros, curar una leucemia es un fracaso terapéutico si lo dejamos encamado por culpa de la quimioterapia, afirmó.
La facultativa profundizó en el efecto de la atención sociosanitaria ―y, en particular, de las residencias― sobre los usuarios. Expuso que la mayoría de ellos sufren deterioro cognitivo, como demencia. No obstante, existen muchos programas de estimulación dentro de estos hogares de ayuda y la propia estimulación social también puede favorecer su autonomía. «El paciente puede estar mejor en una residencia que viviendo solo», puntualizó.
En cuanto al aspecto funcional, recalcó tanto el lado bueno como el negativo. Entre los contras evidenció una perdida de autonomía en sus tareas básicas, aunque la actividad física les permite recuperar mayor movilidad. A pesar de que muchos estudios retratan que las entradas en los centros pueden acarrear depresión, la doctora Gamonal detalló que tales estados anímicos pueden deberse a las causas que provocaron el ingreso, como la pérdida de un cónyuge o padecer un ictus que le arrebató la autonomía. “Hay que acabar con los estigmas de las residencias”, concluyó.
