El 130 aniversario se despide con una jornada sobre nutrición
Nuestro Colegio y el de Farmacéuticos organizaron una mesa redonda en Ferrol con expertos para abordar la alimentación saludable

Entre finales de 2024 y a lo largo de 2025, nuestro Colegio y el de Farmacéuticos en la provincia de A Coruña colaboraron para conmemorar su origen conjunto con una serie de actos dedicados a su 130 aniversario. El último de estos eventos tuvo lugar el 18 de septiembre en la sede de Afundación en Ferrol. En esta ocasión, el encuentro se tituló Salud con sabor: cómo evitar la obesidad y alimentarse bien a lo largo de la vida y contó con la participación de expertos que ofrecieron una completa perspectiva sobre la nutrición en la sociedad actual.
Luciano Vidán y Sara Catrain, presidentes del Colegio de Médicos y de Farmacéuticos, respectivamente, y José Manuel Rey Varela, alcalde de Ferrol, encabezaron la apertura del acto. “Es una satisfacción estar en Ferrol a título personal y profesional”, declaró el doctor Vidán. “Nuestro Colegio inició este año recibiendo la Insignia de Oro de la ciudad. Hoy, en compañía de un colegio hermano, ponemos fin a esta conmemoración conjunta del 130 aniversario de la fundación” de las dos instituciones.
“Quisimos tratar la nutrición porque en Galicia contamos con expertos de talla internacional en esta materia y, además, quisimos rendir un sentido homenaje a nuestro fundador, Don Ramón Pérez Costales. Este hombre polifacético y comprometido con la política siempre estuvo muy preocupado por los más vulnerables, los desfavorecidos y, sobre todo, la salud general. Por esa razón fundó el primer centro de vacunas que se creó en Galicia y la Cocina Económica. Él creía que la alimentación debía implicarnos a todos, en un momento en el que el problema era el hambre y no la obesidad”, añadió el facultativo.
Sara Catrain recordó que en 1894 se fundó el Colegio Médico-Farmacéutico como entidad única y destacó el papel de Ramón Pérez Costales como su presidente, “un médico coruñés que ayudó con todas sus fuerzas en causas sociales”. Además, afirmó que “ambas profesiones hemos evolucionado notablemente y hoy somos colegios independientes, pero la esencia, nuestra vocación de servicio público y compromiso para mejorar la salud de los ciudadanos, sigue vigente 130 años después”.
La presidenta del Colegio de Farmacéuticos repasó los eventos realizados en los últimos meses antes de profundizar en esta última sesión. “No podíamos ofrecer un cierre mejor para esta charla divulgativa que el cuadro de expertos que tenemos”, indicó antes de resaltar la importancia de la alimentación saludable, que es “algo fundamental para vivir más y mejor”.
El alcalde de Ferrol alabó el esfuerzo de los presidentes colegiales y puso en valor ambas profesiones sanitarias. “Todos sabemos que en algún momento de nuestras vidas nos encontramos con algún médico o farmacéutico. Nos dan confianza para afrontar el problema por el que acudimos a ellos. Ese sentir y su conexión con las personas es algo que creo que debe agradecerse desde la Administración pública”.
Nos encontramos “en una sociedad con avances médicos y científicos muy importantes. El reto que tenemos por delante ya no es vivir más años, sino vivirlos mejor. Esa es la clave. España es el tercer país del mundo en esperanza de vida, con una media de 83 años —muy superior a la que existía hace dos décadas—”, y destacó la relevancia de que esta longevidad se desarrolle sin dependencia. “La preocupación sobre quién nos va a cuidar mañana debería ser global, algo en lo que todos tenemos que contribuir”.
José Manuel Rey Varela evidenció que las personas centenarias suelen encontrarse en las aldeas de Galicia y reveló que la razón de su larga esperanza de vida se sustenta en tres aspectos: la falta de contaminación, el ejercicio físico y la alimentación. “Comen productos del campo, productos de calidad”.

Tras la bienvenida institucional, Luciano Vidán y Sara Catrain entregaron una placa conmemorativa del 130 aniversario al edil ferrolano. Acto seguido, los expertos en nutrición subieron al escenario para iniciar sus ponencias. En la mesa redonda participaron Diego Bellido, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad y jefe de la Sección de Endocrinología y Nutrición del Chuf; Pablo García, farmacéutico y dietista-nutricionista; Rosaura Leis, coordinadora de la Unidad de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica del Chus, catedrática de Pediatría y vicepresidenta de la Fundación Dieta Atlántica; Carlos Piñeiro, médico y presidente de la Asociación de Amigos del Corazón e impulsor del proyecto Cen mil motivos de peso; Paula Briones, farmacéutica y vocal de Alimentación del Colegio de Farmacéuticos de A Coruña, y Miguel Ángel Campos, cocinero del restaurante Illas Gabeiras.
Como moderador de la mesa, Diego Bellido comenzó las intervenciones hablando de la obesidad. Es “la enfermedad metabólica más frecuente, tanto en la infancia como en la edad adulta. Su prevalencia es muy alta: el 18,7 % de la población la padece. Tenemos más de siete millones de pacientes con obesidad”, indicó. Mostró los estudios más recientes y recalcó que España se encuentra entre los veinte países con una mayor tasa de personas obesas. También subrayó que los datos hacen estimar que habrá un crecimiento “significativo” de este porcentaje entre adultos y niños.
“Las obesidades son enfermedades pluripatológicas —causan más de 200 patologías—, crónicas, recidivantes y de etiología múltiple en las que no solo intervienen la genética, sino también el estilo de vida de nuestra población”, declaró el ponente, y añadió que son el factor de riesgo más importante de enfermedades que van desde las cardiovasculares hasta el cáncer.

El presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad informó de que su institución elaboró un decálogo de concienciación denominado Metaobesidad. Entre sus puntos más destacados se encuentra el definir la obesidad como enfermedad crónica. Se trata de “un reto que tenemos que consolidar a través de la Administración pública para que los pacientes que viven con obesidad sean tratados dignamente y tengan derecho a asistencia global sanitaria”. Además, hay que establecer la relación de impacto que existe entre la obesidad y la esperanza de vida. Los pacientes con esta enfermedad viven entre diez y veinte años menos que la población que no tiene sobrepeso”. También debe “ahondarse en las causas que la provocan —ambientales o genéticas, entre otras— para prevenirlas”.
Otro punto del decálogo resalta que “tenemos que poseer herramientas para estimar la grasa corporal y diferenciarla del músculo para que se hagan medidas terapéuticas efectivas y sanas”. Aseguró que la reducción del exceso de grasa representa una bajada del riesgo cardiometabólico y que se necesitan pautas de tratamiento multidisciplinar que impliquen a los estamentos sanitarios, políticas sociales y de educación. Por último, recalcó que es imprescindible evitar el estigma social que causa la obesidad y que se necesita un compromiso de concienciación y cambio para evitar su expansión y hacer que la prevalencia de la enfermedad disminuya entre la población.
Pablo García tomó el relevo para señalar que la fragilidad, la sarcopenia o la osteoporosis son algunos de los problemas que la obesidad puede producir en un adulto de edad avanzada. Advirtió que se pueden prevenir fortaleciendo la masa muscular con ejercicios anaeróbicos o de impacto y, sobre todo, con una dieta rica en proteínas —entre 1 y 1,5 gramos por kilo al día según la actividad que desempeñe cada uno—. “A poder ser, esa dieta debe tener un aminoácido llamado leucina, que suelen tener casi todos los alimentos animales, como la clara de huevo, la carne magra o el pescado”.
A continuación, puntualizó que la comunidad científica internacional concuerda en que, para proteger la densidad ósea, no se puede tener deficiencia de vitamina D y B12. “La hidratación es muy importante. Más o menos el 20 % la suelen aportar los alimentos. Las mujeres deberían ingerir 1,7 litros al día y los hombres 2 litros. Tenemos que saber que el porcentaje de agua desde que nacemos hasta que llegamos a la vida adulta va disminuyendo y llega a ser un 50 %, porque el músculo se pierde y generamos más tejido graso”.

El ponente también presentó los datos de un estudio realizado en Ourense sobre longevidad, que depende de los factores genéticos, ambientales, el estilo de vida y la atención sanitaria. “Hay muchos estudios en gemelos que avalan que entre 25 y 30 % de la longevidad depende de la genética y que el 75 o 70 % se sustenta sobre la epigenética. Nosotros obtuvimos evidencias científicas sobre esta última y averiguamos que un tercio depende de la nutrición. Esto significa que nuestra longevidad, en un 23,33 %, se sustenta sobre lo que comemos”.
Pablo García remarcó que entre los factores nutricionales que contribuyen a la longevidad están el pescado azul, el consumo moderado de carne, las verduras de hoja verde, las legumbres, las frutas y los productos lácteos. Aseguró que uno de sus estudios mostró que el consumo de pescado no era muy elevado —con la sardina y el jurel como los más habituales—. Del mismo modo, subrayó que la carne más popular es la de cerdo y que los grelos y nabizas son las verduras más demandadas.
“Tenemos una serie de componentes bioactivos funcionales dentro de nuestra dieta”, explicó. “La fibra es enormemente importante. Es el alimento de nuestras bacterias y tiene funciones metabólicas, inmunológicas y, sobre todo, de inflamación e impermeabilidad intestinal”. Sobre la casomorfina detalló que se halla en el queso fresco y que ayuda a sintetizar la molécula de glutatión, un potente antioxidante natural. Mencionó también el Omega 3 como antiinflamatorio que ayuda a mejorar el perfil lipídico. Aconsejó obtenerlo comiendo pescado azul dos veces por semana y frutos secos. Después abordó los glucosinolatos: son “moléculas antioxidantes, anticancerígenas y antiinflamatorias que tienen nuestros repollos y de los que habría que tomar 150 gramos al día”.
La siguiente ponente, Rosaura Leis, expuso que “hoy sabemos que las principales causas de enfermedad y muerte en el mundo tienen que ver con los estilos de vida no saludables. Por tanto, son prevenibles si somos capaces de modificar estos hábitos”. Rememoró que, en Galicia, durante los años 60 y 70, había desnutrición. Afirmó que en la dieta de la comunidad faltaba yodo, había déficit de vitamina D, que algunas zonas padecían bocio y que los niños presentaban malformaciones óseas. “Lo veíamos con normalidad, como vemos hoy en día el sobrepeso y la obesidad”. Esta situación “fue avanzando gracias a que economía mejoró y a que la alimentación se modificó”. No obstante, puntualizó que también se empezaron a ver efectos negativos sobre la salud. “Desde el año 2022, por primera vez, la prevalencia de sobrepeso en el mundo iguala a la desnutrición”.
El aumento de las enfermedades no transmisibles —como hipercolesterolemia, hipertensión o diabetes tipo 2— “no se produce solo en adultos. Se empieza a ver que también es pediátrico y que la obesidad es el trastorno nutricional y metabólico con más prevalencia en esta edad”, afirmó antes de añadir que un estudio de 2023 revela que casi un 40 % de los niños de 6 a 9 años tienen sobrepeso. En edades prepúberes se observan “cifras de colesterol y tensión más altas, resistencia a la insulina y apneas del sueño, entre otras alteraciones”.
“Hay un peligro de extinción de las dietas saludables”, sentenció la doctora Leis antes de enumerar los aspectos que definen la dieta mediterránea. Es rica “en cereales —fundamentalmente de grano entero—, frutas, vegetales, legumbres, pescados, aceite de oliva, vino con moderación y un bajo consumo de carne roja. Eso mejora una serie de patologías asociadas a la morbimortalidad, pero ahora sabemos que hay algo más. Algunos habrán oído del papel tan importante que juega nuestra microbiota intestinal en la salud, con más de trescientas enfermedades asociadas”. Prosiguió asegurando que el cuidado de este punto también ayuda a evitar problemas psicológicos como la demencia o la depresión. “En ese eje intestino-cerebro, lo que comemos resulta de vital relevancia”.

Por otro lado, profundizó en la dieta atlántica, encuadrada en Galicia y el norte de Portugal. “Nuestra historia culinaria tiene dos milenios de evolución a través de la cultura castrense, el Imperio Romano, los monasterios benedictinos, la nobleza gallega y el descubrimiento de América —tras el que se fueron incorporando los alimentos traídos del otro lado del Atlántico—. Se caracteriza por comidas de temporada, locales, frescas y mínimamente procesadas. Hay abundancia de frutas y vegetales —como los grelos, la coliflor o el repollo, que son básicos—”. También mencionó las castañas y las nueces y la importancia de lácteos como los quesos y la carne de cerdo, de vacuno y de caza. Además, incluye el uso moderado del vino y del aceite de oliva. Tiene “una preparación culinaria con más vapor, más cocción, más horno, más guiso y menos fritura”.
El pescado fue ensalzado dentro de esta dieta en cualquiera de sus formas. “Es mucho más que una fuente de Omega 3. Posee proteínas de alto valor biológico, vitaminas y minerales. Ya se ha demostrado que el consumo de pescado mejora el neurodesarrollo de los lactantes y de los niños porque el Omega 3 es necesario para el desarrollo cerebral”.
Carlos Piñeiro profundizó en el desarrollo y resultados del proyecto 100.000 motivos de peso, que obtuvo el Premio Europeo de Obesidad 2018 al Mejor Programa de Participación Pública. Declaró que desde el año 2009 realizaron un trabajo de investigación en el que observaron que, exceptuando el tabaco, los factores de riesgo cardiovasculares se incrementaban por grupos de edad. “Esto significa que estamos fracasando. Tenemos que reorientar la sanidad en general, pero, sobre todo, la Atención Primaria hacia la promoción de la prevención de la salud”.
Esta realidad inspiró al Centro de Salud de Narón a promover el proyecto, con carácter comunitario, dirigido a menores de 15 años y adultos, especialmente mayores de 50. La iniciativa surgió a raíz de la propuesta de implementación local de la estrategia de promoción de salud y prevención en el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad.
“Fue un proyecto que se completó en el 80 %. Se perdieron 78.600 kilos y participaron 4.800 personas. Teníamos un seguimiento muy sencillo. La Organización Mundial de la Salud recomienda no perder más de cinco kilos al año y esto fue lo que hicimos. No es complicado, pero requiere una educación y un trabajo específicos”.

Las llamadas Cardioescuelas conformaban una parte destacada de 100.000 motivos de peso, con el objetivo de que “los niños fueran agentes de promoción de la salud”. Los promotores observaron que “todos los programas comunitarios a nivel internacional fracasan, sobre todo aquellos relacionados con la prevención de la obesidad. Había que añadir un aspecto, que eran los cambios conductuales y solo podíamos conseguirlo con la implicación de los profesores”. Más de 90 educadores colaboraron para promover siete grandes áreas: nutrición y prevención de la obesidad, sedentarismo y actividad física, estilos de vida, cardioescuelas, ciudad saludable, consumo responsable y participación comunitaria.
“Creamos 140 acciones con contenidos de formación para el profesorado, 15 líneas de trabajo con un proceso recomendado y un congreso denominado Cardioescuela en el que los niños participaban con sus conclusiones haciendo un estudio de la alimentación, tanto en los desayunos como en las meriendas. Fue un intercambio con todos los niños del mundo”.
Sobre el sedentarismo, relató que “conseguimos incrementar la actividad física una hora y media diaria”. Además, “había experiencias de aprendizaje y servicio relacionadas con las huertas de la zona rural. Allí, los mayores intercambiaban sus conocimientos con los más pequeños”. El programa también ofreció tutoriales de actividad física para personas de la tercera edad.
La siguiente en intervenir fue Paula Briones, que dedicó su tiempo a los elementos esenciales para vivir. “Para que nuestro organismo funcione, dependemos del aporte de los nutrientes que contienen los alimentos, pero siempre en cantidades adecuadas”, puntualizó antes de ahondar en los esenciales, aquellas sustancias que son imprescindibles para el correcto funcionamiento del cuerpo y que este no puede sintetizar. “No existe ningún alimento que contenga todos estos nutrientes, por tanto, es necesario consumir distintos grupos. Además, el aporte que necesitamos no será siempre el mismo a lo largo de la vida. Dependerá de la edad y del estado fisiológico”.
La farmacéutica abordó las diferentes funciones que pueden ejercer, y empezó hablando de la energética. “Los hidratos de carbono y las grasas se comportan como el combustible del organismo. Se recomienda que el 50 % de calorías de una dieta media para una persona sin ningún tipo de patología correspondan a hidratos como azúcar, arroz, pasta, cereales, harinas, patatas, pan, legumbres, verduras o lácteos. Su aporte debe ser diario y en varias raciones. En cuanto a las grasas, el porcentaje debe situarse en torno al 30 % de las calorías totales. Se dividen en insaturadas —que son las buenas— y saturadas. Las primeras las encontramos en alimentos de origen animal y vegetal”.
Los nutrientes encargados de la función plástica asumen la formación y el mantenimiento de estructuras biológicas, explicó. “Hay dos tipos de proteínas: de origen animal y vegetal. Las primeras suelen tener una elevada calidad. Son la carne, los pescados, los huevos y los lácteos. En el caso de las segundas están las legumbres —como lentejas y garbanzos—, los frutos secos y las semillas. Cualquier persona vegana con un buen consumo de proteína vegetal tiene bastante cubierto el 10 % general que se necesita en nuestra dieta”. No obstante, advirtió que habría que tener “mucho ojo con las dietas tan de moda entre los adolescentes, como las hiperproteicas o, incluso, la creatina. Si nos sobrepasamos con las proteínas no se podrán descomponer, se van a retener y pueden afectar a los órganos de desecho —el hígado y los riñones—”.
La función reguladora “es papel de vitaminas y minerales. Las vitaminas pueden ser liposolubles —A, D, E y K—, que se pueden almacenar durante un cierto tiempo en el organismo, e hidrosolubles —C, B, niacina, riboflavina, y ácido fólico—, que no pueden retenerse”, explicó Paula Briones. “Minerales y vitaminas se encuentran en frutas y verduras que son frescas y de temporada. El consumo debe de ser diario y exceder las dos piezas”.
Con respecto al agua, incidió en que es el componente mayoritario del cuerpo y que es necesario tomar unos dos litros al día. “Hay que recordar que cuando nos hacemos mayores nuestra sensación de sed disminuye y que existen circunstancias en las que el aporte debe ser mayor, como durante el verano o al realizar deporte”.
Tras clarificar estos elementos, la experta afirmó que un estilo de vida saludable es tan importante como la nutrición y que se debe caminar unos sesenta minutos al día y poseer un buen equilibrio emocional. “Al hablar de dieta saludable, nos referimos a una variada. Podemos comer de todo”. Además, si no se planea una dieta equilibrada pueden surgir efectos secundarios como cansancio, somnolencia o mal humor. También recomendó distribuir la ingesta en cinco comidas al día: desayuno, media mañana, comida, merienda y cena.
El último ponente fue Miguel Ángel Campos, que expuso la historia de su restaurante, la situación del mercado gastronómico y el estado de sus productos. Empezó con un repaso sobre sus inicios en 1995. “En aquella época, en los restaurantes no había verduras, solo lechuga y tomate. Empezamos a incorporar el brécol y las coliflores”. Relató los problemas que surgieron con platos como el salteado de verduras. “Fue una lucha continua. Las cocíamos al vapor y la gente no estaba acostumbrada a morder una judía y que crujiese, pero si no, perdíamos toda la vitamina”. No obstante, siguieron incorporándola en distintas formas y variedades. “Somos un restaurante que usa muchísimo la col. Consumimos mucho repollo. Lo curioso es que no lo cocemos. Solo lo cortamos y salteamos porque buscamos los nutrientes y el sabor”.
“Cuando era pequeño e iba al mercado, me encontraba aquellas paisanas que bajaban de la aldea a vender sus verduras, sus patatas o sus huevos. Hoy ya no están. Creo que solo las podemos ver en el mercado de Santiago. Es una pena”, comentó. “¿Por qué la gente es más longeva en el interior de Lugo u Ourense? La verdad es que es por la calidad de su alimentación. No se trata solo de comer una verdura, sino que sea una de verdad”.
Sobre el pescado, además de resaltar la bajada de la media de consumo, recalcó las dificultades para la pesca este año y su impacto en los precios, un aspecto en el que también influye el cambio climático: el aumento de la temperatura del agua limita el florecimiento de las algas. “Eso ha hecho que los pescados no se acerquen a la roca”. Una vez terminada su ponencia y tras la sesión de preguntas y respuestas, el público pudo disfrutar de un tentempié del restaurante Illas Gabeiras que puso de manifiesto las ventajas y el sabor de la buena nutrición.




