Declaración institucional para una buena ciencia

Durante el seminario Mala Ciencia y Medicina Alejada de la Evidencia, organizado por el CGCOM, se presentó una declaración institucional para potenciar la buena ciencia y su mejor aplicación a la medicina clínica

Las pseudoterapias son una amenaza en expansión. Las actividades y los supuestos remedios vendidos como prácticas médicas sin ninguna evidencia científica que los sustente acarrean un peligro para la salud que sigue extendiéndose en la sociedad. No obstante, la lucha contra estas tendencias tuvo un avance importante el 10 de octubre en la sede del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos en Madrid. Durante esta jornada se organizó el seminario Mala Ciencia y Medicina Alejada de la Evidencia —que puede verse a través de este enlace—, en el que se abordó el impacto de las pseudoterapias en distintos ámbitos a través de dos mesas redondas y marcó un momento de gran relevancia con la aprobación de la Declaración institucional por una buena ciencia y su mejor aplicación a la medicina clínica. La firma de este documento representó la unión institucional entre la Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España (CGCOM), el Ministerio de Sanidad, el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt).

La jornada fue introducida por Tomás Cobo —presidente del CGCOM—, Rosa Arroyo —vicepresidenta segunda del Consejo, Medalla de Oro y Brillantes del Colegio y exintegrante de nuestra Junta Directiva—, Pedro Gullón —director general de Salud Pública y Equidad en Salud del Ministerio de Sanidad—, y José Ramón Repullo —coordinador del seminario y profesor de la Universidad Carlos III—.

El doctor Cobo puso de manifiesto el carácter “extraordinario” de la Declaración. También resaltó la necesidad de “continuar aunando esfuerzos entre las profesiones y las distintas organizaciones para alejar a aquellos que juegan con la desesperanza de las personas justo en el momento de mayor fragilidad, que es la enfermedad”.

Por otro lado, Pedro Gullón agradeció el papel de la Organización Médica Colegial y el Observatorio para sumar a representantes de las instituciones competentes en la lucha contra estas prácticas. Además, señaló algunos puntos relevantes de este nuevo manifiesto: “necesitamos que el ensayo clínico esté dentro del marco ético, que cuente con una revisión de conflictos de interés y que tengan una gran calidad. En definitiva, una cantidad de valores necesarios que están expuestos en esta declaración”.

La Declaración institucional por una buena ciencia y su mejor aplicación a la medicina clínica fue tema central de la primera mesa redonda, que llevó como título La colaboración para fomentar la buena ciencia y la buena medicina. José Ramón Repullo y Rosa Arroyo también formaron parte de esta sesión junto a Marina Pollán —directora del ISCIII—, Izaskun Lacunza —directora general del Fecyt— y Elena Campos-Sánchez —investigadora del CSIC—.    

La doctora Arroyo calificó el documento como un «hito respecto a la ciencia y contra las pseudoterapias. Es una declaración institucional de todos los representados y nuestro compromiso con la buena ciencia y su mejor aplicación con la medicina clínica”. 

Para reflejar su importancia, la facultativa leyó un extracto de la Declaración. “Reprobamos la pseudociencia y pseudoterapias, prácticas sobre las que no existe evidencia probada o la existente concluye que no son útiles e incluso que pueden ser perjudiciales para la salud y, con frecuencia, aprovechan la ausencia de información accesible o la desesperación de las personas prometiendo falsos resultados seductores. Por ello, nos comprometemos con el objetivo de mejorar el proceso que conecta ciencia y medicina”.

A continuación, enumeró los siete puntos del documento que exponen las metas que aspiran a alcanzar. El primero consiste en que “las prioridades en las políticas de investigación se basen en las necesidades de salud y bienestar y fomenten desarrollos e innovaciones que añadan valor sanitario y social». 

En el siguiente se evidencia que “la comunidad científica y clínica tienen que mantener actualizadas sus competencias en metodologías de investigación, fomentando las iniciativas de colaboración ya existentes u otras necesidades para garantizar relaciones estables de cooperación”.

El tercer punto promueve “una mejor comprensión e interpretación crítica de la literatura científica en el ámbito profesional sanitario”. El cuarto señala que “debemos aplicar los principios de la ciencia abierta para mejorar los procesos de revisión y publicación de los resultados de las investigaciones y poner a disposición de la ciudadanía de forma libre y gratuita el conocimiento científico, garantizando la validez de su metodología, el acceso a los datos y la reproducibilidad”.

El quinto apartado resalta la introducción de “cambios en la evaluación del desempeño de los grupos de investigación que prioricen la calidad y pertinencia de los trabajos, y no la cantidad”. Por otro lado, el sexto indica que ha de fomentarse “la transparencia, prevenir y evitar los conflictos de interés que afectan a la aplicación de la ciencia a la práctica clínica, particularmente en la formación continuada, en los patrocinios de reuniones científicas y en la elaboración de recomendaciones y guías”.

El último punto recoge que deben impulsarse “canales y contenidos apropiados que permitan difundir una información veraz y comprensible de los avances científicos, sin generar falsas expectativas a pacientes y ciudadanos y saliendo al paso de comunicaciones públicas prematuras, inmaduras o engañosas del resultado de la investigación”. 

Acto seguido, las representantes de las distintas instituciones científicas explicaron los pasos que dan sus centros para fomentar la “buena ciencia” frente a las pseudoterapias. La doctora Campos-Sánchez abordó el papel de los investigadores del CSIC, pero lamentó que sus esfuerzos no evitasen la desinformación de las prácticas sin contrastar. “No es suficiente con la divulgación. Seguimos hablando de pseudoterapias y sigue habiendo víctimas. Es necesario que los investigadores salgamos de los laboratorios y expliquemos lo que hacemos y cómo lo hacemos”.

Mariana Pollán afirmó que el objetivo del ISCIII se centra en mejorar la salud a través de la ciencia. “Tenemos un gran compromiso con esta última, que es la única herramienta para avanzar”. No obstante, recalcó que aún queda mucho por descubrir y que el método científico supone un conocimiento parcial. “No lo sabemos todo y por eso basamos nuestros estudios y diseños en aquello que nos haga pensar que lo que no conocemos tiene la menor influencia posible en los resultados que encontramos”.

Izaskun Lacunza concluyó esta mesa con una intervención en la que explicó que la labor del Fecyt “se centra en conseguir que el conocimiento científico contribuya a la calidad democrática. De poco vale tener una evidencia científica impoluta si luego no conseguimos conectar con la ciudadanía”.

De la ciencia a la clínica: retos en la generación, difusión y divulgación científica fue el nombre de la segunda y última mesa de la jornada. José Ramón Repullo coordinó las intervenciones de Ferrán Catalá —científico del CSIC—, Cristina Candal —enfermera e investigadora en Epidemiología y Salud Pública— y Álvaro García —coordinador del Departamento de Comunicación del CGCOM—.  

“La ciencia es una herramienta que nos permite entender el mundo que nos rodea, y que esta sea buena o mala depende de su uso”, señaló Ferrán Catalá indicando que esta comprensión de la realidad se alcanza “observando, haciendo experimentos, recogiendo datos, analizándolos, interpretándolos, comunicándolos y difundiéndolos”. También remarcó que la manera de obtener estos resultados es crucial en el proceso y, a pesar de su objetivo de favorecer la salud de las personas, es necesario reconocer que “hay áreas de mejora, y la falta de transparencia es una de ellas”.

Por su parte, Cristina Candal indicó que la mala conducta científica forma parte de la mala ciencia, y esto abarca “la falsificación, fraude, plagio y otras conductas cuestionables”. Además, subrayó que “la conducta ética debe regir todas las partes de la investigación, incluyendo la difusión de los resultados”.

La experiencia de Álvaro Garcia en el ámbito de las comunicaciones expuso la necesidad de los expertos en esta materia para hacer frente a las pseudoterapias. Evidenció esta realidad en lo vivido en la pandemia de la Covid-19. Durante esta época de crisis, circularon numerosas mentiras, como que las vacunas aumentaban los casos de autismo. “Desde la Organización Médica Colegial se ha hecho frente a estas situaciones combatiendo con evidencia científica las informaciones falsas”.

José Ramón Repullo también ofreció una reflexión sobre esta situación y los peligros de los datos sin contrastar. “Se genera tanta información científica que el gran reto actual es cómo compilar la evidencia para disponer de ella de forma efectiva”. Esto hace que sea necesario que “seamos capaces de identificar los problemas a los que nos enfrentamos”.