Consideraciones sobre la sanidad, aquí y ahora

Enrique Castellon COMC

“Locura es hacer lo mismo una y otra vez, esperando obtener resultados diferentes” (Albert Einstein)

CONSIDERACIONES SOBRE LA SANIDAD AQUÍ Y AHORA - Por Enrique Castellón

Enrique Castellon COMC

La universalidad y el acceso a todos los servicios con independencia del nivel de renta o de cualquier otra circunstancia personal, junto al excelente desempeño de muchos profesionales, constituye lo más valioso del Sistema Nacional de Salud. La inexistencia de información relevante —o la opacidad, cuando la información existe—, la rigidez organizativa, la autocomplacencia y la excesiva burocracia son sus mayores lacras. La ausencia de respuestas eficaces frente a los cambios que se producen en la sociedad y en el entorno global, consecuencia de la estrechez de miras, el desinterés por la prevención y la salud pública y su —mal— uso político y clientelar son sus mayores limitaciones. Sin embargo, en los debates públicos el foco no se pone en los aspectos negativos que habría que corregir, sino en cuestiones ficticias, pero con mucho impacto social. Así, por ejemplo, se advierte contra el peligro inminente de que los ciudadanos tengan que pagar la sanidad de su bolsillo. El problema no es tanto la esterilidad de un debate alejado de la realidad —no se ha planteado ni planteará semejante cambio, los valores del Sistema están plenamente consolidados— sino el alejamiento que supone de las verdaderas realidades. Ante la falta de soluciones frente a los problemas reales se agitan y anticipan amenazas imaginarias frente a las cuales, dada su inexistencia, es fácil predicar un objetivo.

Añadido a la vacuidad de los falsos debates está la tendencia a plantear soluciones muy simples a problemas esencialmente complejos. Históricamente esto ha permitido alcanzar algunos acuerdos —cuesta menos acordar respuestas simples—, pero cualquiera habrá podido observar lo efímero de esos compromisos. El problema de fondo de la sanidad sigue, recalcitrante, sin resolverse. La profesión médica debería hacer un esfuerzo “trascendente” para, más allá de su propio perímetro y sus particulares y legítimos intereses, dar un enfoque global al verdadero reto del Sistema: cómo mantener la salud, tratar la enfermedad y promover el bienestar de la sociedad de una manera sostenible y socialmente aceptable.

El Estado de Bienestar ha estado y está permanentemente sometido a tensiones. Y así seguirá, sin ninguna duda. Su vinculación con el ciclo económico global y circunstancias externas, previsibles o imprevisibles, que afectan a la economía del país lo condicionan. Pero, a su vez, los elementos que lo componen compiten entre sí de alguna manera por recursos inevitablemente escasos. En los momentos de mayor tensión en sanidad —y ahora pasamos por uno de ellos—, pedir mayor financiación es casi un acto reflejo. Dejando aparte la posibilidad de incrementar la ya abultada deuda pública —que no es sino retrasar un compromiso—, no existe otra fórmula que reducir recursos —o crecer menos— en otras partidas, que, en definitiva, no dejan de estar afectadas a otras necesidades. Con la particularidad de que otros muchos usos de los recursos públicos afectan a la salud, la educación sin ir más lejos. Por no hablar del medio ambiente o, yéndonos a determinantes más lejanos, pero no menos importantes, la lucha contra la pobreza o la exclusión. De hecho, tenemos un buen ejemplo en cómo la necesidad —percibida como imperiosa— de reforzar la asistencia sanitaria ha vaciado casi por completo la capacidad de atender la salud pública. Una situación absurda, porque en ausencia de prevención y protección de la salud, aumentan las cargas sobre la asistencia y, si se siguen retirando recursos de aquella para atender a esta, se entra en un bucle que retroalimenta la carga sobre los servicios de salud.

 

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