
El Colegio continuó con su labor de promoción cultural con la presentación de un libro sobre la evolución histórica de la sanidad y sus retos presentes en la sede de Riego de Agua el 13 de abril. La obra en cuestión fue De vulnerables a poderosos. La apasionante lucha de la humanidad por la salud y la vida de Jordi Varela. El autor estuvo acompañado por el presidente y el vicepresidente tercero de nuestra institución, Luciano Vidán y Enrique Castellón, así como el vicepresidente del Colegio de Médicos de Ourense, José Luis Jiménez. Durante la sesión ahondaron en el contenido y las tesis de la obra a través de sus intervenciones y de un debate posterior con los asistentes.
Jordi Varela “es un médico de familia que se ha formado tanto en la práctica clínica como en la gestión”, señaló Luciano Vidán en su introducción. “Ha ejercido durante años como director de hospitales importantes, como el del Mar o el de Sant Pau”. Además, “es profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona y colaborador académico de ESADE, y tiene numerosas publicaciones. Representa el ideal al que aspiramos como médicos”.

Enrique Castellón subrayó que De vulnerables a poderosos es un libro de divulgación de “alto nivel” dirigido tanto a los profesionales sanitarios como al público general. “Tiene una estructura muy original, organizada en relatos que giran todos en torno a la apasionante lucha de la humanidad por la salud y la vida. El autor la compara con las células del organismo, que son independientes, pero están conectadas entre sí. Lo toca todo en grandes ejes: determinantes y actores de la salud, creencias, ciencia y epidemias, entre otros”.
El vicepresidente tercero del Colegio destacó seis ejes del libro sobre los que quiso detenerse. El primero, la referencia al uso excesivo de los recursos sanitarios en paralelo al consumismo de la sociedad en general. Según indicó, citando un estudio de la Universidad de Stanford, entre una cuarta y una tercera parte de lo que consumimos en sanidad es innecesario. Un segundo eje son las métricas empleadas para evaluar el funcionamiento de los servicios. «Son muy cuantitativas y adolecen de un problema fundamental: no tienen en cuenta la experiencia del paciente», señaló. El tercer punto fue «el rechazo sistemático y el retraso de la innovación: cuesta mucho cambiar las formas tradicionales de actuar, revisar las prácticas y acometer formas nuevas de abordar los problemas médicos». El cuarto recogió una tesis del propio Varela, que «las crisis son aliadas de la salud pública», aunque —matizó— no siempre se traducen en transformaciones reales, como demostró la experiencia reciente de la pandemia. El quinto aspecto puso el foco en la financiación pública y el acceso universal como condición necesaria —que no suficiente, apuntó— de un sistema sanitario equitativo. Por último, resaltó el problema de la fragmentación y la rigidez del modelo. «Una sanidad que funciona muy bien en casos muy puntuales no se desenvuelve igual cuando hay problemas más complejos y multifactoriales, como la cronicidad o las personas mayores». Muchas veces «la integración de los servicios debería dar paso a una fragmentación más eficiente», añadió.
El doctor Castellón concluyó su intervención afirmando que la obra “nos hace pensar. Cuando estamos ocupados con muchas cosas, a veces nos viene bien que nos recuerden las más importantes, y este libro lo hace”.
Acto seguido, José Luis Jiménez tomó la palabra. “Se trata de un libro divertido y ameno. Creo que se puede disfrutar leyéndolo de corrido o revisando algunos de los 80 relatos que dividen sus siete capítulos. Todos están muy referenciados y hablan de esta apasionante lucha desde una perspectiva actual. Creo que mirar el pasado con los ojos del presente y con la idea del futuro da un gran valor a la obra”.
Manifestó que la obra empieza con tres cifras. Las dos primeras recogen el aumento de la población mundial y de la esperanza de vida —de unos 1.000 millones de habitantes en 1800 a 8.000 millones en la actualidad, y de 40 años de esperanza de vida a mediados del siglo XX a los 84 de España hoy—, mientras que la tercera atribuye esa mejoría, en un 25 % al trabajo de los profesionales sanitarios y en un 75 % a los determinantes sociales. «Por eso, el primer capítulo se centra en estos últimos. Habla de cuestiones como la pobreza, la alimentación, la violencia, la eugenesia o el acceso a la sanidad». Jordi Varela «las coloca en un contexto histórico, con una mirada en profundidad al presente».
El libro “no deja de meterse en charcos. No elude la polémica y no es políticamente correcto”, subrayó el vicepresidente del Colegio de Médicos de Ourense. “Hay muchos aspectos en los que se posiciona. Llama la atención cómo toca temas sobre la salud mental. Creo que es especialmente crítico con su manejo en el momento actual y en la deriva de los últimos años”.
Durante su intervención, José Luis Jiménez mencionó la manera en la que los capítulos retratan la ciencia, las epidemias o “el ingenio y la capacidad de los médicos para innovar”. También “aborda el desarrollo de los seres humanos” a través de anécdotas personales que exponen los cambios del mundo y su efecto en la vida diaria.
El doctor Jiménez reveló que el final del texto especula sobre las posibilidades del futuro. “Señala la importancia de compartir, curar, acoger y rehabilitar”. Además, el libro incide en el consumo sanitario. “Hay que medir el valor de los actos médicos. Vemos que es una barbaridad un gran número de decisiones que se toman en los hospitales y en atención primaria y que no tienen ningún sentido. No hacen más que complicar la situación, suponen un gasto excesivo y hacen perder el norte”.
Jordi Varela inició su intervención explicando por qué escribió este trabajo. “Cuando los médicos nos jubilamos —si hemos escrito y deseamos aportar algo—, tenemos tendencia a hablar de la historia de la medicina desde nuestra perspectiva. Dado mi pasado, quise hacer un libro reflexivo, pero que fuera un diálogo entre salud pública y clínica, porque no suele darse con frecuencia”. Prosiguió explicando que las perspectivas de ambos campos “son dos aproximaciones distintas. Los médicos tendemos a tratar a los pacientes lo mejor que sabemos y los epidemiólogos y los salubristas consideran que cuanta menos carga de enfermedad haya, mejor”.
Al repasar la influencia de los determinantes sociales en la salud, explicó que, “en la primera mitad del siglo XX, se produjeron las guerras más horribles de la historia de la humanidad. Durante los años 50, los centros de salud se encontraban en una situación absolutamente distinta. Antes eran hospicios, sanatorios y manicomios, pero no hospitales a los que la gente iba a curarse”. Al terminar la Segunda Guerra Mundial surgieron múltiples avances, como la penicilina, las sulfamidas y los respiradores. Además, los cirujanos pudieron adentrarse en las cavidades de los pacientes. Esta nueva medicina dio origen a los hospitales que conocemos hoy en día. “Por primera vez, los médicos tienen instrumentos que realmente curan y que son efectivos”, creencia que comparten los profesionales y el resto de la sociedad y que acarrea un importante prestigio. También empezó a haber capital alrededor de la medicina. “Todos los países se inventaron algún sistema similar a la Seguridad Social”, declaró el ponente. “Apareció un dinero para los trabajadores y sus familias que no había antes, así como las residencias sanitarias”.
Tras exponer este repaso histórico, mencionó la accesibilidad. “Vivimos en un país que es de los pocos del mundo que tiene una accesibilidad franca, aunque no es perfecta. Hay problemas de salud relacionados con la higiene bucal, las gafas y o las personas que no pueden pagar tratamientos, pero en términos generales es muy buena si la comparamos con otros países. Este no es solo un hecho político, también abarata costes”, resaltó al evidenciar que, en los sistemas de sanidad privada, quienes pueden acceder a él abusan de sus beneficios, lo que supone un sobrecoste.
En sus conclusiones, el autor abarcó los retos actuales de la sanidad. “Estamos en un sistema de salud socialmente evolucionado, muy equitativo y con problemas importantes de presupuesto y de listas de espera” y atención. “Está desenfocado, en parte, por culpa de los médicos. En los años 50, los facultativos inventamos hospitales efectivos y salvamos vidas con mucho empeño, que seguimos poniendo. Hemos tenido unos grandes éxitos dentro de nuestras posibilidades. Fruto de esto y la demografía, el siglo XXI viene cargado de otros problemas: envejecimiento, cronicidad, vulnerabilidad o fragilidad geriátrica, entre otros”. Reivindicó que estas nuevas realidades suelen ser de menor interés para los médicos en comparación con los casos clínicos habituales. “A los facultativos solo se nos ocurre polimedicar a una señora mayor que vive sola, es pobre y que tiene varias pluripatologías. Su botiquín es la muestra del fracaso de la medicina actual”, aseguró. “No es un problema técnico, se trata de una falta de visión de los valores del paciente”. Las especialidades están tan fragmentadas “que somos efectivos en ellas, pero estamos perdidos cuando llega una pluripatología”.