

La Real Academia de Medicina de Galicia cuenta con un nuevo académico numerario. Miguel Pérez Fontán fue elegido para asumir el sillón de Nefrología durante el acto de recepción pública que se celebró el pasado 24 de abril en la sede de la institución en la calle Durán Loriga de A Coruña. Su discurso de entrada se centró en el cambio de paradigma en el abordaje de la enfermedad renal crónica y fue contestado por Javier de Toro, vicepresidente primero de nuestro Colegio y académico numerario del sillón de Reumatología.
La mesa presidencial estuvo compuesta por el presidente de la Academia —Francisco Martelo—, el vicesecretario-contador —Carlos Acuña— y el secretario general —Alberto Juffe—, así como el rector de la Universidad de A Coruña —Ricardo Cao— y el decano de la Facultad de Medicina de la USC —José Carreira—.
El académico inició su disertación “agradeciendo el gran honor que se me concede al permitirme el ingreso en esta ilustre Academia. Se me ha invitado a ocupar un lugar entre las personalidades más señeras de la medicina gallega actual”. A pesar “de mis limitaciones, trabajaré para mantener e incrementar, si ello fuera posible, el prestigio de este organismo, ya casi bicentenario, que tanto ha contribuido a la investigación, la difusión del conocimiento y el desarrollo humano en el campo de la medicina en nuestra tierra”.
El facultativo prosiguió incidiendo en la gran responsabilidad que supone su incorporación a este sillón de reciente creación. “De alguna manera, me convierte en portavoz de la Nefrología gallega, pasada y presente. Creo que soy el primer nefrólogo en esta institución, pero mi puesto se asienta sobre el trabajo de otros que me precedieron y de mis compañeros actuales, representados por la Sociedad Gallega de Nefrología, que, en su momento, tuve el honor de presidir”.
La nefrología “es una especialidad médica relativamente joven, aunque ya con una fructífera trayectoria. Naturalmente, y al igual que en cualquier otra rama de la medicina, podemos evocar a nuestros propios antepasados remotos, ya sea en el Antiguo Egipto o en la medicina hipocrática, que ya dieron importancia al estudio de la orina como fuente de información sobre males del organismo. Sin embargo, los primeros descubrimientos serios hay que buscarlos en el Renacimiento, donde se produjeron contribuciones significativas y basadas en métodos científicos”, explicó el experto.
Miguel Pérez Fontán señaló que el nacimiento real de la especialidad se produjo a partir de mediados del siglo XX a causa de tres avances: el desarrollo de la biopsia renal como técnica diagnóstica, el traslado a la práctica clínica de los conceptos básicos que llevaron al tratamiento renal sustitutivo con diálisis —núcleo de la especialidad durante décadas— y el desarrollo del trasplante renal. “El término ‘nefrología’ se usó por primera vez en España en los años 60, creándose en esta época las sociedades españolas de Nefrología y de Diálisis y Trasplante, aunque el reconocimiento oficial de la especialidad no llegó hasta 1974. El primer servicio de Nefrología de España, tal y como lo concebimos actualmente, fue el de la Fundación Jiménez Díaz, en Madrid, pero el primer trasplante renal exitoso en el país se realizó en el Hospital Clínic de Barcelona en 1965”.
Al indagar en la expansión de la nefrología, el ponente recalcó que el programa oficial elaborado por la comisión nacional de la especialidad incluye cuatro contenidos básicos: prevención, diagnóstico y tratamiento de los trastornos renales, de las vías urinarias y del equilibrio hidroelectrolítico; el estudio de las consecuencias de un mal funcionamiento renal; el conocimiento de las técnicas de exploración, así como la teoría y práctica de los procedimientos terapéuticos sustitutivos de la función renal —trasplante renal, hemodiálisis, diálisis peritoneal y otras técnicas de depuración extracorpórea—.
La nefrología “es una especialidad muy dinámica. En los últimos años se han abierto nuevos campos impulsados por avances excepcionales en fisiopatología, diagnóstico y tratamiento”, añadió el doctor Pérez Fontán. Al exponer algunos ejemplos, abordó “las enfermedades hereditarias, que afectan al riñón y están cada vez más presentes en nuestra práctica debido a los avances en el diagnóstico genético y a la aparición de nuevos tratamientos”. Otra área de rápido desarrollo sería la onconefrología. “La interrelación entre la enfermedad renal y el cáncer es cada vez más frecuente y compleja. La elevada incidencia de neoplasias y la mejoría de la supervivencia de los pacientes oncológicos ha condicionado que muchos de ellos desarrollen daño renal agudo y crónico”. En tercer lugar, mencionó el síndrome cardio-metabólico-renal.
Al profundizar en su discurso, exploró diferentes aspectos que han renovado la perspectiva alrededor de la enfermedad renal crónica, empezando por la estandarización de la nomenclatura y la categorización del trastorno. “En los últimos años se ha dedicado mucho esfuerzo a fijar criterios de categorización. El diagnóstico tradicional se ha basado, y aún se basa, en la cronología —evidencia de persistencia durante más de tres meses—. Lo que se ha ido depurando son sus criterios clínicos”. El filtrado glomerular “se ha impuesto como método principal de categorización. La forma más idónea y práctica de abordarlo en la práctica clínica es utilizar fórmulas estimativas, basadas en el valor de creatinina sérica corregida para factores relativos a la masa muscular. Las fórmulas mixtas, fundamentadas en una ponderación de los niveles de creatinina y cistatina, cada vez gozan de más predicamento por su mayor precisión, sobre todo a la hora de estimar el filtrado glomerular en grupos extremos de masa muscular”.
Por otro lado, “el significado de la albuminuria ya se conoce de antiguo para la enfermedad renal diabética, pero, en los últimos años, se ha incorporado de pleno como diana diagnóstica y terapéutica desde fases precoces de la enfermedad renal crónica de cualquier naturaleza”. Su combinación con el filtrado glomerular estimado por creatinina constituye “la base de la categorización”.
El estudio de prevalencia global de enfermedad publicado en 2025 “indica que más de 800 millones de personas en todo el mundo padecen enfermedad renal crónica, con una prevalencia aproximada del 14 % de la población mundial. Si bien es cierto que la mayoría de estos casos se encuentran en los estadios 1 a 3 —enfermedad renal no avanzada—, los análisis de mortalidad muestran un efecto independiente de la enfermedad renal crónica evidenciable desde fases precoces. En conjunto, representa la novena causa de mortalidad directa y se considera el séptimo factor más importante en la génesis de la mortalidad cardiovascular”, expuso el ponente.
Continuó subrayando la relevancia de la detección de la enfermedad. “Cuando el síndrome clínico de la uremia se manifiesta abiertamente, poco más se puede hacer que iniciar los preparativos para sustituir la función renal mediante diálisis o trasplante. Esta peculiaridad ha obligado a la nefrología a convertirse en una de las especialidades pioneras en el abordaje diagnóstico de las enfermedades crónicas antes de que sus manifestaciones se hagan aparentes. Desde hace años, el diagnóstico precoz de la enfermedad renal crónica se ha basado en la búsqueda proactiva del problema. Un simple análisis de sangre y orina permite desvelar su presencia. Sin embargo, y al igual que ocurre con los cribados oncológicos, aplicar estas medidas periódicamente al conjunto de la población no sería costo-eficiente. Por ello, los algoritmos de despistaje se centran en los grupos de riesgo: ancianos, diabéticos, hipertensos, pacientes que padecen enfermedades sistémicas con potencial afectación renal y pacientes con antecedentes familiares de enfermedad renal o de daño renal agudo, principalmente”.
Miguel Pérez Fontán incidió en el cambio de paradigma. Puntualizó el paso de una aproximación a la enfermedad con una actitud “casi nihilista” en las fases menos avanzadas para centrarse en el tratamiento renal sustitutivo a una más proactiva. Evidenció que esto, además de por lo expuesto anteriormente, se debe al avance —durante la última década— del conocimiento humano sobre los mecanismos de progresión de la enfermedad renal crónica y su prevención. “Así, a medidas tradicionales de impacto ya conocido, como la restricción dietética de proteínas y fósforo, el control estricto de la hipertensión arterial, la corrección de hábitos tóxicos, la lucha contra la obesidad o la prevención de la nefrotoxicidad, se han sumado nuevas medidas farmacológicas de eficacia cada vez más contrastada, y con un efecto añadido de prevención de riesgo cardiovascular, que las hace más atractivas”.
El facultativo también mencionó que la prevención primaria se realiza desde “una aproximación multidisciplinar de salud pública enmarcada en medidas generales, que suelen ser comunes a la prevención de riesgo cardiovascular —sobrepeso, hipertensión arterial, dislipemia, ejercicio físico o eliminación de hábitos tóxicos, entre otros—”. En definitiva, “la salud renal debe incorporarse como diana plena del espectro de la salud general de la población”.
El doctor Pérez Fontán destacó que “se han producido mejoras significativas, como la generalización del concepto de tratamiento ordenado de la enfermedad renal crónica, la potenciación de las técnicas de diálisis domiciliaria, así como las mejoras en el control de sus posibles complicaciones —muy especialmente la anemia, la enfermedad ósea-mineral o la hipervolemia—, el impulso a los programas de trasplante de donante vivo o fallecido antes del inicio de la diálisis o las mejoras en los procedimientos de desensibilización e inmunosupresión para pacientes inmunizados, entre otras”. En resumen, “los avances en el conocimiento de la fisiopatología de la enfermedad renal crónica, la concienciación del impacto sistémico de la disfunción renal y el advenimiento de nuevas herramientas de prevención y tratamiento han provocado un cambio de paradigma en su abordaje, que ha pasado de estar enfocado principalmente en la enfermedad renal crónica avanzada a un mayor interés por evitar la aparición y progresión de la patología en fases precoces”.
Acto seguido, Javier De Toro tomó la palabra para realizar la contestación. El vicepresidente primero del Colegio brindó un breve resumen biográfico de su compañero en el que ensalzó sus méritos y trayectoria. “Su discurso constituye una exposición de notable madurez científica. El nuevo académico aborda con rigor uno de los problemas más relevantes de la medicina contemporánea: la enfermedad renal crónica”. Miguel Pérez Fontán “introduce el concepto de salud renal, entendida como la preservación de la función renal en el marco de la promoción de la salud. Este planteamiento especialmente innovador desplaza el enfoque desde la reparación hacia la anticipación, situando a la nefrología en el ámbito de la medicina más proactiva e integrada”.
El discurso “no minusvalora la diálisis ni el trasplante, pero los recoloca” añadió el doctor De Toro. “Siguen siendo esenciales, aunque pasan a ser contemplados como recursos necesarios cuando fracasa la prevención o cuando la enfermedad progresa pese a todo. Esta inversión de foco resume la esencia del nuevo paradigma. Así, la enfermedad renal crónica se concibe como un proceso dinámico y potencialmente modificable desde fases iniciales”. La intervención del doctor Pérez Fontán “no solo aporta conocimiento, sino que invita a la reflexión. Nos recuerda que el progreso en la medicina no depende únicamente de la acumulación de datos o la sofisticación tecnológica, sino también de nuestra capacidad para reinterpretar la enfermedad”.

La ceremonia prosiguió con la entrega de la medalla y la acreditación a Miguel Pérez Fontán como académico numerario, que recogió en la mesa presidencial. Como es habitual, Francisco Martelo clausuró el acto con su propia perspectiva sobre la materia del discurso y la entrada del nuevo académico, así como los hitos de la especialidad en Galicia gracias al trabajo de numerosos profesionales. “En 1972, Luis González Rodríguez se estableció en el hospital Povisa de Vigo y Francisco Cerviño González, en 1973, en el Hospital Xeral de Galicia de Santiago de Compostela, donde realizó la primera diálisis en nuestra comunidad. En 1974, Juan Oliver García inició su actividad en el hospital Juan Canalejo de A Coruña, en el que se realizó el primer trasplante renal de Galicia, en el año 1981, de la mano de los urólogos Marcelino González Martín, en la actualidad académico de esta institución, y el recordado José Buitrón”.
El presidente de la institución también recordó que la enfermedad renal crónica es una importante causa de muerte y los pacientes que la padecen “dependen, en gran medida, del altruismo de los donantes o sus familias y de una buena estructura asistencial hospitalaria y extrahospitalaria”.
