
Entre los últimos actos celebrados en la sede de Salvador de Madariaga tuvo lugar la cuarta edición de la Reunión de directores y responsables de residencias en Galicia, que se llevó a cabo el 28 de abril. Profesionales de toda la comunidad autónoma acudieron para conocer las novedades relacionadas con la atención sociosanitaria y el modelo que ha sido configurado gracias a la labor de la Unidad de Coordinación y Apoyo Asistencial a Residencias.

La mesa inaugural estuvo conformada por el presidente de nuestro Colegio, Luciano Vidán; el gerente del área sanitaria de A Coruña y Cee, Luis Verde; los directores generales de Familia, Infancia y Dinamización Demográfica y de Planificación y Reforma Sanitaria de la Xunta de Galicia, Jacobo Rey y Sofía López, respectivamente, y el jefe del Servicio de Hospitalización a Domicilio y Cuidados Paliativos del Chuac, Fernando Lamelo —impulsor de la Unidad de Coordinación y Apoyo a Residencias del área sanitaria coruñesa—.
“El Colegio Médico de la Provincia de A Coruña siempre ha tenido una especial sensibilidad en lo referente a la atención sociosanitaria”, afirmó Luciano Vidán. “Por ello creamos una sección que fue pionera en el ámbito de las instituciones colegiales en España y que se dedica específicamente a estos problemas. La reunión de hoy es el fruto de las actividades que se realizan en su seno”. También felicitó al doctor Lamelo por ser galardonado con la máxima distinción colegial, la Medalla de Oro y Brillantes, que “reconoce a los médicos que han destacado por los valores propios de nuestra profesión”.
Jacobo Rey declaró que “este tipo de actividades o jornadas formativas ponen en el foco la relación tan intensa que tiene que haber entre el ámbito sanitario y el social”. Al empezar el siglo, “la esperanza de vida en Galicia rondaba los 79 años y, en los últimos datos, se ha superado la barrera de los 84. Eso es una magnífica noticia que habla muy bien del sistema sanitario y de cuidados, pero supone un reto de primer nivel en la gestión de las políticas públicas y en la sostenibilidad de nuestro sistema de bienestar”.
Luis Verde compartió que se sentía muy satisfecho con muchas de las iniciativas que se habían realizado durante el último cuarto de siglo y que estaba especialmente orgulloso “de la creación de nuestra Unidad de Coordinación y Apoyo Asistencial. Cuando la pusimos en marcha nuestra vocación no era solamente supervisar y orientar a los centros residenciales, sino que también tuvimos la intención de participar”. Subrayó que, desde entonces, la organización sanitaria y los usuarios “estamos muchísimo más tranquilos”. Ese es nuestro objetivo: “que la gente esté mejor y que tenga mayor calidad de vida”.

El doctor Lamelo señaló que la Reunión de directores y responsables de residencias en Galicia supone un orgullo. “La filosofía que mantenemos en Hospitalización a Domicilio y Cuidados Paliativos es la de trabajo en equipo. Siempre he dicho que tengo el mayor grupo de profesionales del área sanitaria, porque cuento con 2.400 que se hallan en las residencias. Sin ellos, nada de lo que hacemos sería posible”.
En la primera mesa redonda, Luciano Vidán moderó las intervenciones de Sofía López y Constantino Piñeiro, director de la residencia Torrente Ballester. La primera ponente expuso las líneas de trabajo de la Consellería de Sanidad. “Galicia es la segunda comunidad autónoma con mayor índice de envejecimiento, lo que implica mayor complejidad, dependencia, fragilidad y soledad no deseada. Esta ecuación se vuelve más exigente al incorporar la dispersión, pero, sobre todo, implica que los modelos asistenciales tradicionales —caracterizados por ser reactivos— dejan de ser suficientes, porque esta realidad se traduce en una mayor presión y sobrecarga en atención primaria y una mayor frecuentación de los servicios de urgencias”.
Continuó exponiendo que la evolución del modelo de atención “pasa por incorporar un enfoque más proactivo. Uno que permita identificar, estratificar y realizar un seguimiento longitudinal y coordinado de los pacientes para anticiparse a las descompensaciones y adecuar la atención a las necesidades individuales”. El modelo procura “garantizar una atención integral, personalizada y coordinada a los pacientes crónicos complejos desde el primer nivel asistencial, desde atención primaria”, y aspira a “preservar la autonomía de los pacientes, garantizar la calidad de vida y retrasar en lo posible la institucionalización”. Además, intenta que los cuidados puedan realizarse en el domicilio particular o en la residencia sociosanitaria.

La ponente aseguró que el modelo se posibilita a través de las unidades de apoyo al paciente mayor crónico complejo en atención primaria. Al menos hay una de ellas por distrito y se adaptan según la necesidad y presión asistencial. “Permite articular circuitos preferentes con el hospital, lo que facilita una respuesta ágil y coordinada. Este objetivo se materializa a través de dispositivos de apoyo clínico y organizativo que refuerzan la capacidad del primer nivel asistencial ante pacientes de mayor complejidad. No sustituyen, sino que complementan, a los equipos de atención primaria y a los profesionales del ámbito residencial”.
Sofía López indicó que las unidades están integradas por un equipo multidisciplinar con un médico, tres profesionales de enfermería y otro de trabajo social. “Trabajan de forma coordinada y compartida con el equipo de atención primaria del paciente. Se ubican en los centros de salud, están dotadas de vehículo propio para desplazamientos y combinan la atención clínica con la educación sanitaria”. Todo ello “apoyado por un equipo tecnológico de última generación que permite llevar la capacidad diagnóstica al entorno del paciente”.

En su intervención, Constantino Piñeiro puso el foco sobre tres fechas relevantes: el momento en que se aprobó la Orden del 18 de abril de 1996 —que detalla los requisitos de las residencias sociosanitarias—, el desarrollo de nuevas medidas en 2020, como las que propició Fernando Lamelo y su equipo a raíz de las consecuencias de la pandemia, y el 2026 para resaltar los cambios y mejoras que ha habido durante estos años.
“En el ámbito de los modelos residenciales para personas mayores no hay uno único. Existe una variedad inmensa —residencias comunitarias, grandes, pequeñas, medianas, así como en manos de entidades sociales o privadas, entre otras—. Decir —como se ha hecho en muchos foros— que cualquier problemática relacionada sería fácil de arreglar y que existe una solución para todo sería una equivocación”, argumentó el ponente.
El director de la residencia Torrente Ballester enfatizó la importancia del cambio y puso de manifiesto la mejoría que se ha producido dentro del sector. “Aunque el movimiento hacia un modelo asistencial centrado en la persona venía de atrás, creo que Fernando Lamelo se adelantó sin saberlo a cómo tenían que hacerse las cosas desde un punto sustentado en la razón, la humanidad y la lógica. Con escasos recursos, realizó un trabajo que le dio una base de conocimiento”, que “aprovechó para crear una unidad de coordinación y apoyo asistencial a las residencias”.
Constantino Piñeiro compartió que el nuevo modelo asistencial nació a partir de 1996, cuando el anterior empezó a quedar anticuado y el sector público adquirió más fuerza. “En ese momento no existía ni era imaginable el crecimiento exponencial que viviría el sector en estas últimas dos o tres décadas. Desde el punto de vista de la cobertura sanitaria, nos obligó a considerar que todos los residentes deben tener los mismos derechos. Aquí entraba en juego el principio de equidad y universalidad en el acceso a los recursos sanitarios y sociosanitarios. Siempre planteamos las divergencias que podía haber con otros modelos europeos, como el francés. En él, se apela a un sistema de colaboración donde los servicios públicos de salud de los departamentos sufragan, de manera indirecta, las residencias privadas para que sean ellas quienes presten el servicio con dinero público y una cierta supervisión”. Aunque no hay que copiar este modelo, “debemos hacer posible que la persona que se encuentra en la residencia tenga un acceso, con las mismas condiciones, a los mismos recursos sanitarios” sin importar su localización o clase social. 
La segunda mesa se centró en las experiencias en las residencias y estuvo dirigida por Laura Gamonal, geriatra de la Unidad de Coordinación del Servicio de Hospitalización a Domicilio y Cuidados Paliativos. Junto a ella estuvieron Juan José López, director de la residencia Campolongo, y María José Vaamonde, coordinadora asistencial de Fundación Hospitalarias, que estuvo acompañada por Isabel Losada, usuaria del centro ocupacional integrado en la comunidad de Betanzos. Juan José López realizó una comparativa generacional de la vejez desde los años 80 a la actualidad y resaltó la importancia de la autonomía. “En nuestro caso, la vida es una construcción en la que el trabajo supone un aspecto que forma parte de nosotros. Entendemos la vocación de servicio y que nuestro esfuerzo debe tener una repercusión en el ámbito social, familiar y personal. Queremos construir la vejez. No queremos que lo hagan por nosotros y que nos digan que nuestra única opción es una residencia”.
Prosiguió argumentando que “no se puede seguir pensando en ayudar solo a los ancianos que lo necesitan. Debe atenderse a todos, y no empezar a hacerlo cuando uno tiene una necesidad. En Finlandia, la Federación Nacional de Asociaciones del Bienestar del Anciano empieza a trabajar individualmente y a demanda en los usuarios a los 55 años”. El director de la residencia Campolongo remarcó la importancia de que las personas mayores sientan que son dueños de sus decisiones. “Tengo el honor de dirigir un centro conformado por un equipo que trabaja mucho y muy bien, aunque los resultados no sean siempre perfectos y nos quede mucho por lograr. Cuesta mucho esfuerzo hacer entender que los residentes y las personas mayores tienen derecho a decidir casi todo”.

Por su parte, María José Vaamonde explicó la labor que realizan. “Venimos de un centro de atención a personas con discapacidad intelectual. Allí tenemos una residencia para personas con grandes necesidades de apoyo, un centro ocupacional y otro de día. Además, hay cuatro viviendas tuteladas” en distintos puntos de Betanzos. Añadió que los servicios que ofrecen en las residencias y centros son aprovechados por 157 personas. “Además, llevamos la gestión del servicio de Atención Temprana municipal y atendemos a niños de 0 a 6 años, con una media de 85 al año y, desde el año pasado, tenemos un centro especial de empleo que da trabajo a 18 personas”. También afirmó que se encargan de otro centro público en Ferrol que ayuda, aproximadamente, a un centenar de personas.

Tras esta introducción, la ponencia se enfocó en las actuaciones del centro ocupacional. “Intenta sacar a la gente de la institución para que realice sus actividades en un entorno normalizado y compartido por toda la comunidad. También procura apostar por la inclusión y la visibilidad de las personas con discapacidad intelectual”. De esta manera, se anima y enseña a los usuarios a realizar actuaciones por su cuenta, como podría ser aprender a cocinar o realizar la lista de la compra de uno de los pisos tutelados.
La última mesa finalizó la sesión con un debate y contó con varios participantes que fueron presentados por Mercedes Domínguez, enfermera de la Unidad de Coordinación. El grupo estuvo compuesto por Alejandro Martínez, médico del centro de salud de A Laracha; María Paz de Andrade, médica de la residencia Sanitas; María Núñez, enfermera de la residencia ASPACE; Ana Maroño, directora de la residencia El Pilar, y Fernando Abruñado, auxiliar de DomusVI Coruña.
