Carmen Vidal se convierte en la primera académica numeraria de alergología

La jefa del Servicio de Alergología del Chus estrenó el nuevo sillón con un repaso histórico de la especialidad

La Real Academia de Medicina de Galicia ha estrenado un nuevo sillón, el de alergología. Este hito la convierte en la segunda institución en España que incluye la especialidad entre sus académicos numerarios, y lo hace con la doctora Carmen Vidal, jefa del Servicio de Alergología del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela, asumiendo el nuevo nombramiento. Su acto de ingreso tuvo lugar en la sede de Durán Loriga el 13 de febrero, durante el que pronunció el discurso Alergología: una especialidad transversal para un tiempo de medicina integradora y de precisión.

La mesa presidencial estuvo conformada por el presidente, el vicepresidente y el secretario general de la Real Academia —Francisco Martelo, Carlos Acuña y Alberto Juffé, respectivamente—; el rector de la Universidad de Santiago de Compostela, Antonio López, y el presidente de nuestro Colegio, Luciano Vidán. La homenajeada accedió al salón de actos acompañada por los académicos numerarios José Luis Bello —hematología y hemoterapia— y Arturo González Quintela —medicina interna—. 

El ingreso “en la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia es, para mí, un acto memorable”, aseguró Carmen Vidal en su intervención. “Me resulta difícil expresar la emoción y felicidad que me embargan”. También subrayó la importancia histórica del nombramiento. “Entiendo que mi incorporación a esta institución es un reconocimiento a la alergología, que, hasta el día de hoy, no estuvo representada”. Representar a su especialidad como académica “es un honor y un deber” que asume “con el compromiso firme de participar en las actividades que esta Real Academia tenga a bien encomendarme”.

“Esta especialidad presenta un rasgo paradójico: es una gran desconocida, incluso dentro de la comunidad médica. Yo misma, como tantos otros colegas, atravesé la carrera de Medicina sin estudiar nada sobre alergias, y no por falta de interés, sino porque en España son pocas las universidades que han incorporado la alergología como asignatura propia, estructurada y con identidad suficiente”, aseguró la ponente. “La alergología exige un dominio sólido de la inmunología. Por supuesto, es posible atender clínicamente a un paciente alérgico sin comprender en detalle todos los mecanismos inmunitarios implicados, pero, si uno renuncia a ese conocimiento profundo, también lo hace a desentrañar los entresijos del proceso alérgico”. Su esencia “reside en ese mapa complejo de interacciones celulares, moleculares y ambientales que explican por qué el sistema inmunitario, cuyo objetivo fundamental es proteger, puede llegar a reaccionar de manera exagerada, disfuncional o, en ocasiones, peligrosa”.

Al ahondar en esta rama de la medicina, la doctora Vidal resaltó que la alergia no es una condición presente desde el nacimiento, sino que requiere una exposición previa y se adquiere a lo largo de la vida. “La alergia pertenece al grupo de las llamadas enfermedades complejas. Existe una interacción entre la genética y el medio ambiente”. Durante los últimos cincuenta años, “la prevalencia de las enfermedades alérgicas ha aumentado de forma espectacular, llegando a afectar hasta al 25 % de la población en países industrializados”.

La alergóloga señaló que Hipócrates ya utilizaba el término “asma” en sus escritos, aunque no conociese su origen al atribuirlo a la acumulación de humores densos y resbaladizos que procedían del cerebro en las vías respiratorias. “La primera descripción de la rinitis alérgica estacional fue realizada por el médico persa Rhazés —que vivió entre el siglo IX y X—”, pero fue en el siglo XIX cuando el galeno inglés John Bostock “presentó ante la Sociedad Médica y Quirúrgica un trabajo titulado Caso de una enfermedad periódica en los ojos y el pecho. Allí describía a un paciente varón de constitución robusta, pero de salud algo delicada, que no era otro que él mismo. Padecía estas molestias desde los ocho años cada vez que llegaba la primavera”. 

Después, “el también británico Charles Blackley fue el primero en relacionar los síntomas de la fiebre del heno de Bostock con la exposición al polen y lo llamó catarrhus aestivus. Sus anotaciones llamaron la atención de Charles Darwin, con el que se carteó y quien le sugirió que el polen implicado debería ser el de las plantas anemófilas, que polinizan por el viento. Charles Blackley advirtió que la colocación de una pequeña cantidad de polen en la piel podría permitir identificar el agente responsable. Sin que, aparentemente, nadie le diera importancia alguna, acababa de describir una de las armas diagnósticas más utilizadas en la alergología: las pruebas cutáneas”.

Continuó su exposición ensalzando uno de los momentos más relevantes de la alergología con el descubrimiento de la anafilaxia. “En 1901, Alberto de Mónaco había organizado una exposición a bordo del yate Princesa Alicia II por la costa francesa con la finalidad de investigar las toxinas que producían las medusas”. El objetivo inicial del estudio era “identificar posibles mecanismos de inmunización, siguiendo la lógica de que la exposición repetida a una toxina debía generar un estado de protección”. Charles Richet y Paul Portier fueron los encargados de la investigación. “Inyectaron la toxina a un perro llamado Neptuno. Tras la primera inyección, presentó una reacción local esperada por su acción. Cuando, días después, volvieron a inyectar la misma toxina al animal, este experimentó una reacción inmediata, violenta y desproporcionada, caracterizada por colapso cardiovascular, dificultad respiratoria intensa y muerte en cuestión de minutos. Este desenlace sorprendió a ambos al contradecir por completo la teoría de la inmunización que querían demostrar. Habían descubierto la anafilaxia”.

En su repaso histórico, Carmen Vidal detalló que el término “alergia” fue acuñado por el médico austríaco Clemens von Pirquet en 1906. Quiso identificar las influencias externas “en un concepto tan amplio y flexible que amenazaba con perder precisión. Consciente de poder convertir a la alergia en un cajón de sastre, lo restringió para referirse a las reacciones adquiridas frente a las sustancias extrañas de origen biológico”. La aparición del término condujo a discusiones y debates, como el de Robert Doerr, quien aseguró que no es una reacción de hipersensibilidad y que el concepto es erróneo. Según él, “no se trata de que el animal anafiláctico ni el hombre alérgico reaccionen de modo más intenso que un individuo normal de su especie en un sentido meramente cuantitativo, sino que lo hacen de otro modo enteramente distinto. Es decir, no son más sensibles, sino sensibles de otra forma”. La teoría de Doerr no prosperó, ya que se sigue considerando a la alergia una reacción de hipersensibilidad.

Otro evento resaltado fue el descubrimiento de la inmunoglobulina E en 1967 por parte del matrimonio Ishizaka en Estados Unidos y Gunnar Johansson y Hans Bennich en Suecia. “El crecimiento de la especialidad a partir de ese momento es exponencial. En la actualidad ya no diagnosticamos alergia frente a una fuente alergénica repleta de moléculas, sino que lo hacemos frente a un componente molecular concreto con consideraciones pronósticas y de gravedad muy relevantes”.

En las últimas décadas, “la medicina en general y la alergología en particular han experimentado una transformación profunda impulsada por los avances de la genética, la biología molecular, el big data y las tecnologías digitales. En este contexto, emerge la medicina de precisión, un enfoque que busca adaptar las intervenciones sanitarias a las características individuales de cada persona, pasando de un modelo de salud reactivo a uno proactivo y más equitativo”. Para describir el cambio conceptual, expuso el marco de las cinco Ps del que hablan algunos autores: personalizada, preventiva, predictiva, participativa y poblacional.

Otro concepto reciente que trató fue el de One Health —Una Salud—. Está basado “en la interdependencia entre la salud humana, animal y ambiental. La prevalencia en el aumento de la alergia, la aparición de nuevas sensibilizaciones, la exacerbación de cuadros respiratorios y la desigual distribución del riesgo no pueden explicarse únicamente por predisposiciones genéticas. Más bien parecen el resultado acumulativo de un entramado complejo de exposiciones ambientales, transformaciones sociales y alteraciones ecológicas, que ejercen un efecto de disfunción inmunológica”. 

Desde el año 2005, “al conjunto de todo lo que nos rodea y puede influir en nuestra salud se le conoce como exposoma. La respuesta adaptativa al mismo favorece la llamada respuesta de tipo dos persistente, que es característica de las reacciones alérgicas”, indicó la alergóloga. “La sobrepoblación en las ciudades, la vida limitada al interior de los edificios, el consumo de alimentos procesados, la exposición a agentes químicos y detergentes y la degradación de los espacios verdes conducen a una privación de la variedad microbiológica que favorece la alergia”.

La doctora Vidal también dedicó parte de su ponencia a reivindicar el papel de las especialidades transversales —alergología, oncología, hematología y las enfermedades infecciosas— en el funcionamiento de un hospital. “En este contexto, las especialidades transversales desempeñan un papel decisivo para actuar como puentes de comunicación y colaboración entre múltiples áreas médicas”. La influencia entre unas y otras quedó patente al retratar una característica común que la alergología comparte con las enfermedades infecciosas: la necesidad de adaptarse continuamente a la irrupción de nuevos agentes en el medio. “Su naturaleza multidisciplinar no solo enriquece el proceso diagnóstico y terapéutico, sino que contribuye a la construcción de equipos cohesivos y dinámicos ofreciendo una visión integral del paciente”.

La facultativa prosiguió con los efectos secundarios que pueden aparecer a causa de terapias inmunológicas. “Las reacciones a fármacos biológicos y quimioterápicos requieren un abordaje especializado que incluye pruebas y protocolos de sensibilización, así como estrategias de manejo multidisciplinar, que son muestra inequívoca de la flexibilidad y capacidad de adaptación de esta especialidad”.

Dado el efecto que ha tenido la entrada de la Vespa velutina en Galicia, Carmen Vidal también abarcó las consecuencias de esta especie invasora. “Fue descrita en 1836 por el entomólogo francés Amédée Louis Michel Lepeletier. Natural del sudeste asiático, nunca debió haber llegado a nuestro territorio y, sin embargo, ahí está, provocando daños en el ecosistema que ya parecen irremediables”. En el ámbito de la salud, “es capaz de desencadenar reacciones tóxicas y alérgicas, algunas fatales, en sujetos sensibilizados frente al veneno que inyectan tras su picadura”.

La Vespa velutina “se empezó a detectar en Galicia en el año 2012, y en 2017 comenzamos a ver el incremento de pacientes que son referidos a nuestro Servicio por haber presentado una reacción sistémica grave tras su picadura. En 2019, “el 77 % de los pacientes atendidos por reacciones por picadura de himenópteros fueron provocados por esta avispa”. Carmen Vidal subrayó que en el 72 % de los casos era la primera vez que padecían una picadura similar y explicó cómo era posible que provocase una reacción alérgica sin haberse expuesto con anterioridad. “El veneno de Vespa velutina tendría que compartir ciertas similitudes con los de otras especies de himenópteros. Utilizando los componentes moleculares del veneno de abejas comprobamos que la totalidad de nuestros pacientes tenían una inmunoglobulina E específica frente al veneno de la avispa común y, particularmente, frente a su alérgeno más importante: el Ves v 5”. Después confirmaron que el veneno de Vespa velutina también lo contenía.

La ponente evidenció que en alergología disponían de un medio de protección para los pacientes a través de la inmunoterapia específica para afrontar la situación provocada por el himenóptero. “La solución parecía sencilla. Solo había que solventar un pequeño escollo: no disponíamos de una vacuna específica en aquel momento. Decidimos realizar un ensayo terapéutico con la vacuna de Vespula. Los cambios inmunológicos que conseguíamos parecían orientar a una protección. Sin embargo, la prueba definitiva debía ser la repicadura del propio insecto”. Para el equipo, “esto supuso un problema ético de gran envergadura” debido a la toxicidad del veneno. “La respuesta solo se podía dar en el marco de la proteómica. Tras la extracción del saco de veneno de la Vespa velutina, realizamos un estudio cualitativo y cuantitativo de todas las proteínas allí presentes. Identificamos más de 200. El resultado fue tranquilizador, dado que las proteínas tóxicas no estaban presentes en una cuantía preocupante. Los problemas de toxicidad comunicados en Asia parecían más una consecuencia de una exposición a un elevado número de ejemplares que a la intensidad tóxica per se”.

La experta detalló cómo provocaron la repicadura en los pacientes por medio de un mecanismo llamado StingReady, un pequeño tubo en el que el insecto estaba encerrado y en el que uno de sus huecos poseía una reja para utilizar su aguijón a través de ella. Al colocarlo sobre el antebrazo, se provoca la picadura. “Gracias a este sistema, pudimos comprobar que nuestros pacientes estaban protegidos”.

En el último apartado de su discurso, Carmen Vidal se centró en el reto de la formación de nuevos médicos. “Vivimos en una época frenética con información que nos rebasa por todas las esquinas, pero ¿no es cierto que los síntomas son los mismos o parecidos? Si bien la formación especializada avanza muchísimo, ¿es que escuchar unos crepitantes o sibilancias en el pulmón o un ruido pansistólico es, ahora, distinto? Probablemente, no”. 

La ponente también señaló la trascendencia para la práctica del método propuesto por William Osler: escuchar, analizar y actuar. “Mediante la escucha, conoceremos las molestias de los pacientes, las circunstancias que las alivian o que las precipitan y, mirando a su cara, su expresión, podremos intuir grandes cosas”. A través de la exploración, “seremos capaces de identificar alteraciones morfológicas y funcionales”. Con toda esta información, “el médico debe analizar, realizar lo que se llama una composición de lugar, plantear con sus conocimientos el posible diagnóstico diferencial y, si fuera preciso, solicitar ayuda”.

El académico numerario Felipe Casanueva, quien ocupa el sillón de endocrinología, realizó la contestación de la ponencia, que inició elogiando a su autora. “Agradezco de forma especial a la doctora Vidal la oportunidad que me brinda de expresar públicamente en esta disertación el que celebremos dos hitos: el de tener una brillantísima profesional como nuevo miembro de nuestra institución, pero también el que se crea con esta nueva plaza de alergología, que demuestra el compromiso de la Academia con la modernidad y el avance progresivo de la medicina”.

El doctor Casanueva presentó la trayectoria de Carmen Vidal hasta convertirse en jefa del Servicio de Alergología del Chus. “Siempre ha tenido como modelo el del profesor clínico, con lo cual su intensa actividad profesional ha ido acompañada de investigación científica de nivel internacional. Ha publicado más de 190 artículos en revistas indexadas, con más de 4.000 citaciones”. También “ha impartido 78 conferencias por invitación, tanto nacionales como internacionales, y recibió numerosos premios. Ha dirigido varios proyectos competitivos de investigación. Todo ello le sirvió para ser vocal del grupo de trabajo de la European Academy of Allergy and Clinical Immunology y evaluadora del Instituto de Salud Carlos III”.

Continuó asegurando que la homenajeada “ha trabajado eficazmente en su visión de que la alergología debe ser una especialidad transversal estructurada de un centro sanitario de alto nivel. Ha llevado su unidad de una consulta aislada inicialmente hasta el desarrollo de un servicio formado por multitud de expertos y colaboradores, que, bajo su dirección y en varios departamentos, son capaces de realizar todas las técnicas diagnósticas precisas y avanzadas y los tratamientos más eficaces”.

Tras la entrega de la medalla de la Academia y el diploma a Carmen Vidal, Francisco Martelo incidió en que “la alergología exige, sobre todo, un dominio sólido de la inmunología. En este escenario sanitario, los alergólogos son los solistas y el coro y los inmunólogos componen la orquesta que, situada en el foso, aporta la música que acompaña a la palabra en una imprescindible simbiosis para conseguir curar al tercer grupo de personas que protagonizan la obra: los pacientes”. 

Los alérgicos “presentan síntomas que pueden implicar simultáneamente diferentes órganos, y fue la aparición de las técnicas de la biología molecular, la genética y las técnicas ómicas las que situaron la alergología como una especialidad nueva en construcción. En Galicia, la doctora Carmen Vidal es líder de estas investigaciones”. Su grupo, utilizando los venenos de otras especies de himenópteros, “ha podido explicar, en una publicación pionera, por qué la Vespa velutina, tras la primera picadura, puede conducir a una afectación sistémica o anafiláctica, identificando un nuevo alérgeno: el Vesp v 1”. La facultativa “ha recorrido el empedrado camino que va desde una unidad unipersonal de alergia en 1993 hasta la jefatura de servicio y la cátedra de medicina de la USC en la actualidad, con un importante grupo de investigación a su lado. Ha sido un camino difícil, pero seguro que para ella ha sido muy gratificante y para nuestros pacientes y nuestro sistema sanitario ha sido trascendental”.

La Real Academia de Medicina de Galicia “se convierte, tras la de Salamanca, en la segunda con un sillón de la especialidad de alergología. Es un mérito de la doctora Vidal y un honor para todos los alergólogos gallegos y para esta institución”.