

Mozalbinismo es un proyecto que forma parte de la ONG África Directo, entidad con la que nuestro Colegio ha colaborado a través de los Premios Solidarios. La iniciativa reúne a dermatólogos, oftalmólogos y cirujanos maxilofaciales para acudir a Mozambique con el objetivo de tratar a su población albina. Catalina Lavandeira, estudiante de matemáticas, coordina las misiones médicas y se prepara para una nueva campaña de ayuda que se llevará a cabo en octubre de 2026.
“En Mozambique, las personas con albinismo tienen una esperanza de vida que no llega a los 40 años y la principal causa de muerte es el cáncer de piel”, explica Catalina Lavandeira. “Tenemos un centro desde 2016 en la capital, Maputo. Allí hay un trabajador social y una enfermera todo el año que revisan la piel de las personas con albinismo identificadas. Aplican crioterapia y tratan lesiones precancerosas, pero solo hay diecisiete dermatólogos en todo el país. Además, sus recursos son muy limitados y existe muy poco conocimiento sobre carcinoma epidermoide y carcinoma basocelular”.
Desde hace cinco años, “organizamos dos campañas anuales en las que llevamos médicos de todo el mundo para operar esas lesiones que no pueden curarse en Mozambique”. La coordinadora detalla que, cuando se organizó la iniciativa por primera vez, solo acudieron cuatro médicos voluntarios durante dos semanas. Sin embargo, desde entonces, sus campañas han ido creciendo. “En octubre de 2025 cubrimos seis provincias y atendimos a 1.600 personas. Había 20 médicos”.
Mozalbinismo colabora desde 2022 con la farmacéutica Isdin. “Tienen unas becas para dermatólogos que denominadas Love Isdin. Seleccionan a unos diez médicos para cada misión. Ellos cubren el sur del país y nosotros hacemos lo mismo en el norte”. Además, la asociación también permite realizar donaciones anuales. “Cualquier persona con albinismo en Mozambique que identifiquemos recibe cremas gratuitas e ilimitadas durante todo el año. Eso supone un gran efecto llamada”. Por otro lado, África Directo proporciona el resto de médicos voluntarios, que conocen la iniciativa a través del boca a boca, las redes sociales o los medios de comunicación.
Catalina Lavandeira explica cómo los facultativos ejercen una función esencial al atender e informar a los pacientes con albinismo que tratan allí. “Tenemos dermatólogos en consulta. Revisan la piel con el dermatoscopio y aplican crioterapia. Además, hablan sobre prevención. Nos parece muy importante que sean médicos y profesionales sanitarios los que proporcionen esa formación, aunque nosotros también la demos durante todo el año. Es necesario que les expliquen que lo que les hace daño es el sol. Muchas veces piensan que los tumores son producidos por comer pescado o se quitan los léntigos por medio de curanderos y acaban con infecciones muy graves”. Aparte de brindar consejos sobre prevención, les entregan gafas de sol, sombreros de ala ancha o ropa de manga larga para protegerse frente a los rayos solares.
La coordinadora añade que también valoran la experiencia quirúrgica entre los médicos, ya sea para extirpar pequeños tumores o para realizar operaciones más complejas que requieren de cirujanos plásticos y maxilofaciales y de oftalmólogos. “A lo largo de los años nos hemos encontrado con provincias en las que los daños solares son muy extremos, hasta le tuvimos que enuclear un ojo a una niña a causa de ellos”.
El pasado octubre “llevamos 300 kilos de medicamentos en nuestras maletas. Los compramos en España y tramitamos todos los permisos con las aduanas de los dos países. En Mozambique hay una gran falta de anestesia y otros fármacos. La última vez sufrimos una crisis por la falta de gasas, vendas y otros materiales que tuvimos que llevar”.
Por otro lado, las infraestructuras de las que disponen dependen mucho de la región en la que actúen. “En las provincias del sur, en las que llevamos más tiempo, trabajamos en los hospitales centrales, que cuentan con quirófanos equipados. Sin embargo, en el norte, sobre todo en Tete, que es la zona más rural en la que estamos, la campaña transcurre cada día en centros de salud distintos. El equipo se mueve en autobús y duerme en diferentes lugares. Tenemos que intervenir así porque la población es tan pobre que no tiene dinero para acudir a los hospitales más cercanos. Además, son víctimas de mucha discriminación y hay gente a la que le da miedo salir de su zona o de su propia casa”. Dada la falta de medios, los voluntarios llevan kits quirúrgicos con la medicación necesaria.
Catalina Lavandeira explica que en el África subsahariana, sobre todo en países como Tanzania o Malawi, las personas albinas son víctimas de un estigma social muy grande. “Hace unos años se les veía como hijos del demonio, y luego pasaron a ser considerados amuletos de buena fortuna hasta un punto muy peligroso. El nivel de desinformación y el mito generado a su alrededor han sido tan altos que ha habido profanaciones de tumbas de personas con albinismo. Esos cadáveres han aparecido desmembrados y sin algunas partes, como pueden ser un dedo o los genitales, que utilizan para hacer pociones o amuletos. En las provincias del norte, hay personas que no acuden a las campañas porque tienen miedo de que vayamos a traficar con sus órganos”.
El estigma social de estas personas genera que “vivan escondidas” y “que solo se junten entre ellos”. La voluntaria también recalca que existe una incidencia de albinismo mucho mayor en África —aproximadamente 1 de cada 3.000 personas— que en Europa —1 de cada 17.000—. “Viven completamente aislados. Además, entre ellos hay mucho fracaso escolar porque, entre otras cosas, tienen problemas de visión. Si los padres de estos niños los mandan al colegio, abandonan los estudios muy pronto porque dejan de ver”.
Más allá de su labor en el centro de salud y de las campañas, África Directo aúna fuerzas con asociaciones locales de Mozambique, la mayoría dedicadas a las personas con albinismo. “Suelen estar formadas por tres o cuatro integrantes. Les ayudamos a que tengan una estabilidad económica y ellos comparten su base de datos con nosotros. Se aseguran de que las personas no sean víctimas de discriminación y hablan con los gobiernos para tener incidencia política. Nosotros acompañamos, pero ellos son quienes tienen que encabezar su lucha”.
Entre los obstáculos para llevar a cabo su labor, Catalina Lavandeira menciona la burocracia. “Resulta bastante engorrosa, puesto que puede llevar seis meses conseguir los permisos para los médicos, pero forma parte del proceso y es importante que respetemos los protocolos y las leyes del país al que vamos”. Al cuestionarse por qué merece la pena realizar esta labor solidaria, la voluntaria incide en que existe una gran falta de recursos en Mozambique. “La situación ha mejorado en los últimos años en lugares como la capital, donde hay menos enfermedades infecciosas y se controlan los brotes más epidémicos —como tuberculosis o VIH—. Sin embargo, sigue siendo uno de los países más pobres del mundo. Allí el acceso a la sanidad es solo para unos pocos. Sus hospitales públicos están desbordados, con pacientes tirados por los suelos porque no hay camillas suficientes”.
“Siempre he considerado que la gente que venga no debería hacerlo pensando en que se trata de una experiencia para ellos, sino en lo privilegiados que han sido de poder acceder a su formación. Creo que esta es una forma de devolver a la vida esa buena suerte. Para mí es muy importante que los médicos capaciten al personal de Mozambique. Mi objetivo es que dentro de diez años no tengamos que ir con ningún médico y que ellos sean capaces de sacar estos tumores”, comparte. “Lo mejor que puede pasar es que los médicos quieran repetir, y ha ocurrido con mucha frecuencia. Algunos han venido hasta tres veces. Han creado un vínculo y quieren continuar. Eso es maravilloso”.
A pesar de que la campaña para octubre de 2026 ya está cerrada, los facultativos interesados en participar en la iniciativa para próximas convocatorias pueden hacerlo a través de las becas Love Isdin o poniéndose en contacto con África Directo.