
Pablo Estrella Porter (Quito, Ecuador, 1995), residente de cuarto año de Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Clínico Universitario de Valencia, acaba de ser elegido presidente de la Red de Médicos Jóvenes de la Asociación Médica Mundial, la única entidad que aglutina a profesionales jóvenes a nivel internacional. El doctor Estrella —que cuenta con doble nacionalidad— es el primer español en ostentar el cargo. Estudió Medicina en la Universidad San Francisco de Quito, es máster en Salud Pública por el Instituto de Salud Carlos III y está realizando su doctorado en el área de vacunas. Además, está muy implicado en la concienciación sobre la resistencia a los antibióticos, uno de los grandes retos a los que tienen que hacer frente los sistemas sanitarios de todo el mundo.

Se trata de la única red mundial que sirve como plataforma para los profesionales jóvenes, y representa a los médicos que han acabado la carrera hace menos de diez años y a aquellos que están realizando una especialidad médica. Al formar parte de la Asociación Médica Mundial, en su seno mantenemos relaciones estrechas con diferentes organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud. Nuestra junta directiva está compuesta por nueve representantes de países muy diferentes: Corea del Sur, Túnez, Sudáfrica, Kenia, México, India, Malasia, Pakistán y, ahora, España. Esto nos da una perspectiva muy diversa cuando tratamos de hacer una aproximación a la salud global en nuestro trabajo.
Dentro de nuestras prioridades se encuentra, en primer lugar, la parte representativa. Trabajamos con muchos representantes de las redes de médicos jóvenes nacionales, donde tratamos de dar voz a las situaciones que ocurren a nivel local. Por otro lado, en la Red contamos con muchas áreas de trabajo distintas, que abarcan la resistencia antimicrobiana, la ética y educación médicas, la preparación ante pandemias, la salud planetaria o la atención primaria, por ejemplo, además de otras materias, como las relacionadas con el colectivo LGTBIQ+. En estos grupos brindamos a médicos jóvenes de todo el mundo la oportunidad de que puedan participar y trabajar en plataformas de colaboración internacional.
Tenía muy claro que quería especializarme en Salud Pública, y en España la especialidad está muy bien planteada: hay dos años de medicina preventiva, donde obtenemos una visión mucho más clínica y local rotando por centros y en áreas hospitalarias como vacunación de grupos de riesgo, control de la infección hospitalaria, bioseguridad ambiental, infecciosas, microbiología y después hacemos dos años de rotaciones a nivel de salud pública, incluyendo un máster de Salud Pública durante los primeros 9 meses de la especialidad. En mi caso, he estado en el Ministerio de Sanidad, en la Dirección General de Salud Pública de Valencia y en un rotatorio externo en la oficina europea que la Red Mundial de Acción contra la Resistencia Antimicrobiana tiene en Uppsala (Suecia). Me pareció que en España, para la parte de formación en salud pública, había una buena mezcla entre la parte clínica y práctica con la parte teórica y de gestión. En Ecuador, la formación en este ámbito se reduce a un máster, y en muchas partes de Latinoamérica o Europa, solamente se aborda la parte de salud pública. Para mí es muy importante el enfoque integral con la medicina preventiva, aunque esta parte no es tan conocida —incluso entre el propio personal sanitario—. Además, en España, como parte de la Unión Europea, existe una perspectiva de colaboración internacional que me parece clave.
En mi etapa universitaria, como miembro de organizaciones estudiantiles internacionales, comprendí que mi visión de la medicina iba más allá de lo individual, me gustaba verla a nivel poblacional como el conjunto de factores que promueven el estado de salud. Ese cambio de percepción me empujó a elegir la especialidad de Medicina Preventiva y Salud Pública. Yo no trato pacientes, sino poblaciones, y con esta formación podemos tener un impacto muy importante en ellas a través de políticas sanitarias, de nuevos protocolos o de emplear la medicina basada en la evidencia para cambiar guías de práctica clínica, por ejemplo. Yo quería tener esa oportunidad de impacto a mayor escala, aunque, por supuesto, también es clave el trabajo del médico en el día a día en la consulta, el centro de salud, el hospital y el quirófano. Además, yo vengo de un contexto, en Ecuador, donde el sistema sanitario tiene deficiencias muy grandes, con una clara evidencia de falta de gestión, lo que también impacta en el acceso a la salud universal. He trabajado en algunos centros públicos de Ecuador, y conocer la falta de cobertura de necesidades básicas —los pacientes tenían que ir a comprar sus propios hilos de sutura para que pudiéramos darles realizarles la cura y sutura de heridas— me motivó a formarme en un sistema sanitario como el español para, después, poder aplicar lo aprendido a nivel internacional.
Es un gran honor. Hasta ahora, no hubo ningún representante originario de España ni de Ecuador. Pero también supone una gran responsabilidad al tener que liderar un grupo tan internacional —con el peso de todos los médicos jóvenes del mundo— y dar prioridad a las cuestiones de mayor urgencia no solo para los residentes, sino también para conseguir impacto en la salud pública planetaria. Por otra parte, a pesar de que la Red ha crecido en los últimos años, creo que todavía tiene mucho potencial. Durante el año que la presidiré, trataré de trabajar para hacerla más inclusiva y trasladar mejor lo que está pasando dentro de la Asociación Médica Mundial para que el trabajo realizado por todos los representantes médicos de los distintos países pueda verse reflejado en cómo los médicos jóvenes se involucran en esas áreas.
Uno de los temas importantes —sobre el que discutimos en la reunión mantenida en Helsinki hace unas semanas— es el de la migración médica, tanto con respecto a los países de los que se marchan los profesionales como de aquellos que los reciben. No se trata de un asunto nuevo, pero se ha ido haciendo más evidente debido a ciertos factores, como las oportunidades laborales, la globalización o las condiciones de trabajo de los médicos. Es importante que se haga un manejo integral, porque queremos asegurarnos de que los médicos tengan derecho a la movilidad, pero teniendo también en mente que se deben cuidar los sistemas sanitarios propios y que los países puedan reestructurarlos para hacerlos más atractivos y favorecer que los médicos jóvenes se queden con incentivos favorables. Las condiciones laborales son un asunto que queremos priorizar este año. La Asociación Médica Mundial está abriendo camino al respecto, y desde la Red de Médicos Jóvenes también deberíamos hacerlo.
Lo relacionado con la representación. Debemos involucrar más a los médicos jóvenes en plataformas como la nuestra. La Red ha crecido mucho, pero queda un largo camino para que estos perfiles encuentren atractivo participar en foros como el nuestro, lo que implica dedicar parte del tiempo libre a esto. Todavía existen regiones del mundo que están infrarrepresentadas, y es importante promover cómo estos espacios de intercambio de ideas y trabajo conjunto internacional pueden aportar mucho para generar cambios. Tenemos que hacer que hablar de estos temas resulte más atractivo. En muchas ocasiones, los médicos ven la medicina como algo muy individual, centrado en el ámbito de cada especialidad. Sin embargo, el paciente no tiene solamente un problema en el corazón o los riñones, se trata de una cuestión integral que abarca dónde reside, cuáles son sus hábitos o qué nivel de contaminación medioambiental hay a su alrededor, los llamados determinantes sociales de la salud. Visibilizar estas cuestiones de salud pública es muy relevante.
Lo que tengo claro es que aquello que no se investiga y no se publica no se sabe. Lo primero que debemos hacer es medir cuál es la situación basal y qué medidas se han implementado en ciertos lugares. La evidencia y los expertos que trabajan en esta materia dirán cuáles son las más y las menos adecuadas. Las condiciones laborales afectan también a la salud mental —un tema sobre el que se está discutiendo de forma más abierta en comparación con años anteriores—, pero existen otros factores que influyen, como la forma en la que se remuneran las jornadas laborales o las posibilidades de conciliación de la vida familiar y laboral. Hay que tener en cuenta los diferentes elementos e investigar para desarrollar políticas basadas en la evidencia. Ahí reside la clave para poder hacer incidencia política para mejorar las condiciones.
Esta es una cuestión que ahora se está visibilizando —especialmente por parte de los propios médicos, que somos los primeros interesados—, pero sobre la que es difícil dar una solución única y certera. Históricamente, parecía que la profesión médica era capaz de aguantar cualquier tipo de condición laboral o cualquier número de guardias sin descanso. Es importante que se abra este debate, y creo que los que ostentan cargos de representación deben analizar cuál es la situación en cada uno de los países para hacer las correcciones correspondientes de forma integral y basándose en la evidencia. Hay que hacer más hincapié en la parte de investigación y, sobre todo, en contar con una imagen clara de cuál es la situación en cada país.
Preocupen en mayor o menor grado, siempre están presentes. En todas las facultades de Medicina a nivel mundial se abordan estos temas, que después vemos en el día a día de nuestro trabajo como médicos. Actualmente, con los avances tecnológicos que se están produciendo en inteligencia artificial o con el uso del big data, se abrirá una nueva puerta de discusión sobre cómo gestionar este tipo de cuestiones a nivel ético. Hay que abordar en qué medida pueden servir estas herramientas para apoyar la toma de decisiones, pero siempre poniendo en el centro la ética médica, la integridad del paciente y las decisiones basadas en la evidencia con una revisión humana. Además, creo que es relevante que en estas discusiones empiecen a participar otros perfiles más allá de médicos y personal sanitario, como sociólogos o antropólogos, para contar con una percepción más global de cómo pueden impactar los avances tecnológicos que se están produciendo a nivel mundial.
En los últimos años se había instalado la idea de que las enfermedades infecciosas eran algo superado sobre lo que no competía seguir trabajando tanto a nivel internacional —algo que queda en evidencia si comparamos el número de nuevos antibióticos que se desarrollan cada año con otro tipo de fármacos—. Sin embargo, el problema de las resistencias a antimicrobianos se nos va a venir encima. De hecho, es una realidad que ya estamos viendo en muchos lugares del mundo, con personas que ingresan en el hospital para someterse a algún procedimiento quirúrgico y acaban infectadas por alguna bacteria multirresistente, por ejemplo.
Debemos ser conscientes de nuestra responsabilidad, no solo para prescribir de la forma correcta cuando está indicado, sino también para facilitar educación sanitaria a los pacientes para que sepan por qué es importante terminar el tratamiento antibiótico y no abandonarlo cuando los síntomas mejoran, por qué no se deben compartir con otras personas o cómo deben desecharse los antibióticos, porque también pueden ser una fuente de contaminación ambiental si no nos deshacemos de ellos correctamente. Es una cuestión sobre la que hay que trabajar desde diferentes perspectivas, pero tenemos que actuar ya. Cuando volvamos a tener microorganismos para los que no existen tratamientos será casi como regresar a la época previa a los antibióticos, en la que infecciones que hoy consideramos sencillas podrían acabar con la vida de las personas. El problema de la resistencia antimicrobiana no es algo lejano. Lo estamos viendo ya y afecta de manera inequitativa a cada país: aquellos con recursos bajos o medios son los más afectados. Se trata de una materia en la que tenemos que trabajar no solamente desde el ámbito de la medicina sino con un enfoque de Una Sola Salud “One Health”.
Entre otros, hay que tener en cuenta el uso de antibióticos en animales, aunque es cierto que cada vez se está intentando regular más su empleo en las granjas. Además, se debe incidir en la parte de producción: se ha comprobado que en zonas donde se producen antibióticos hay resistencias antimicrobianas en el ambiente debido a los desechos que salen de las fábricas. El cambio climático también puede tener efectos en este problema. Con la pérdida de zonas boscosas se produce un movimiento de organismos vivos —incluyendo microorganismos— y se genera presión ecológica.
En este sentido, 2024 ha sido un año muy importante en este sentido. La Red forma parte de un grupo internacional más grande, conocido como el “Cuatripartito”, compuesto por cuatro organizaciones mundiales: la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH). Todas ellas crearon una nueva red de vinculación con grupos jóvenes en la que trabajamos para llevar a cabo iniciativas de representación y lobby sobre resistencia antimicrobiana. Además, en septiembre se celebró la reunión de alto nivel de las Naciones Unidas sobre esta materia, en la que también tuvimos presencia. Allí presentamos un manifiesto que reúne las perspectivas de jóvenes de todo el mundo —tanto sanitarios como no sanitarios—. A diferencia del cambio climático, que es una idea que los jóvenes tienen muy clara, la resistencia a los antibióticos puede ser un concepto un poco complejo, por eso hemos querido centrar muchos esfuerzos en ahondar en él. No obstante, también trabajamos mucho en otras cuestiones, como la salud planetaria, a través de la aproximación de “One Health”, un concepto que abarca la salud humana, animal y medioambiental. Estamos presentes en muchos foros y áreas de discusión para traducir las conversaciones, resoluciones y documentos a acciones que puedan aplicarse a nivel nacional y local.
Totalmente. El médico cumple un rol destacado no solo en la parte sanitaria, sino también en fomentar el conocimiento y la educación con respecto a la importancia del cuidado medioambiental. Como profesionales sanitarios, cuando hablamos con los pacientes sobre salud, no podemos olvidarnos de que esta no abarca únicamente la humana, sino también la de su ambiente. Esto incluye, además del cambio climático, los famosos determinantes sociales de la salud: que el paciente pueda hacer ejercicio diario o que tenga acceso a ambientes con un aire no contaminado, por ejemplo. Todo ello está directamente relacionado con su salud. También hay que hacer ver a los pacientes los cambios que ellos mismos pueden realizar para mejorar en este sentido, aunque es cierto que resulta muy difícil hacerlo en una consulta de atención primaria debido a la carga asistencial que existe. En todo caso, el trabajo colaborativo y la presencia de los médicos en los foros donde se abordan estas cuestiones son clave. En la reciente Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático estuvimos representados los profesionales de la medicina porque somos una parte importante de la discusión. En estas reuniones de alto nivel también participamos, porque somos quienes podemos dar voz a las situaciones de salud a las que nos estamos enfrentando con la crisis climática actual.
El problema de la prevención es que no resulta tan sencilla de visualizar políticamente como pueden serlo las herramientas de tratamiento o diagnóstico, porque la prevención no es algo tan tangible. Es más sencillo comprobar cuántos tratamientos se han dado con un nuevo fármaco financiado o cuántas resonancias magnéticas se han hecho con cierto nuevo aparato. Sin embargo, a la prevención resulta complicado ponerle cara. Hablamos, por ejemplo, de la reducción de la tasa de mortalidad, pero de cara a la población este impacto es algo difícil de transmitir, porque se trata de muertes evitadas, no tenemos los nombres de las personas que están vivas gracias a una intervención preventiva de salud pública. Esto puede verse con las vacunas —un área en la que también trabajo mucho—: se trata de una de las medidas sanitarias que mayor impacto han tenido en salud a nivel mundial, pero su propia efectividad muchas veces les juega en contra.

Personas que no han visto nunca un caso de poliomielitis o de sarampión pueden olvidarse rápidamente de la importancia que tenían estas enfermedades hasta hace pocos años. Sin embargo, tenemos otras partes del mundo en las que se dan casos de brotes comunitarios de sarampión o en las que la poliomielitis todavía es endémica. Resulta fundamental trabajar en prevención, porque es lo que más va a fortalecer a los sistemas sanitarios. Por cada euro que se invierte en prevención, se nos devuelve más en ahorro de gasto sanitario. Por suerte, creo que después de la pandemia se está conociendo mejor a nivel internacional la importancia de la prevención y de la salud pública, a las que no se ve hasta que falla algo en el sistema. Aunque trabajamos detrás del telón, tenemos que fortalecerlas y contar con personal bien formado en estas áreas y con los recursos necesarios.
Debemos insistir en la confianza y seguridad que ofrecen las vacunas. Y también diferenciar entre los antivacunas y aquellas personas que son reticentes a las vacunas, algo que yo he visto de primera mano en mi consulta. Muchos pacientes no son antivacunas, pero pueden tener ciertas dudas con alguna en concreto. Tenemos que trasladar que los procesos para su aprobación son seguros y rigurosos, y también transmitir la importancia de vacunarse —esto incluye la vacuna contra la Covid-19 y la gripe en los grupos para los que están recomendadas, ahora que ha empezado en el hemisferio norte la temporada de invierno—. El trabajo en este ámbito no corresponde únicamente a los profesionales de la medicina preventiva y la salud pública, sino que debe ser una labor conjunta con otras especialidades. Si durante la consulta con un paciente diabético el endocrinólogo le traslada la importancia de vacunarse contra la gripe, por ejemplo, está ayudando a todo el sistema sanitario. Es imposible llegar a todo el mundo si esto se deja únicamente en manos de los profesionales de prevención y salud pública. Al promover medidas que tengan un impacto global en la salud del paciente desde las diferentes especialidades habremos ganado mucho, porque hay que recordar que la vacuna de la gripe, por ejemplo, puede reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares o el efecto de enfermedades neurológicas.
Cada vez se está hablando más del concepto de envejecimiento saludable. La medicina avanza, pero no se trata únicamente de extender la vida, sino de poder hacerlo con calidad. Esto implica muchos puntos, incluyendo la soledad no deseada, que es un problema al que tienen que enfrentarse muchos países con población envejecida. Existen numerosas iniciativas que pueden llevarse a cabo por diferentes instituciones, además de por los médicos, para apoyar el proceso de envejecimiento saludable. Que los pacientes puedan realizar ciertos ejercicios básicos, como pasear cerca de su casa —porque cuentan con la infraestructura urbana para hacerlo, como parques— ayudará a prevenir enfermedades cardiovasculares o el riesgo de fragilidad. Se trata de una cuestión muy importante a nivel internacional: muchas poblaciones están empezando a envejecer, y este trabajo tiene que llevarse a cabo de manera integral para poder contar con un sistema de apoyo que no solo alargue la vida, sino que mejore su calidad.
Es una cuestión muy importante. La salud sexual ha estado estigmatizada durante muchos años, pero desde el ámbito de la salud pública tenemos que darle una mayor visibilidad. También hay que avanzar en sistemas de notificación en los diferentes países para avisar a los contactos cuando se detecta un caso de ETS. De esta forma se previene que puedan producirse nuevos contagios y se evitan problemas en personas que son asintomáticas pero que, más tarde, pueden desarrollar complicaciones. En esta materia son necesarios los controles rutinarios o hablar abiertamente de este tema con la pareja —especialmente con las nuevas— sobre salud sexual. Por otro lado, con el acceso a antibióticos se cree que infecciones de transmisión sexual bacteriana pueden resolverse fácilmente, pero la resistencia antimicrobiana hace que esto no sea así. Todo va de la mano. Las enfermedades de transmisión sexual son otra cuestión más en la que tenemos que trabajar, y que incluye también la educación sanitaria y la resistencia a los antibióticos. Otro aspecto importante reside en no banalizar estos temas. Hoy en día existen nuevas medidas preventivas para el contagio del VIH —como la profilaxis preexposición, PreP— o tratamientos crónicos para quienes se han infectado, pero no se le puede restar importancia a la enfermedad y a la prevención de otras ETS. Debemos trabajar mucho sobre la educación sanitaria de los pacientes y hacer que ellos se apropien de su salud y se conciencien con respecto a la prevención.
Muchos de los médicos jóvenes que forman parte de entidades como nuestra Red terminan en puestos relacionados con la gestión sanitaria, la administración o la toma de decisiones. Hay que abrir estos foros para que todas las personas que tengan interés en estas materias o cuenten con un perfil adecuado para la gestión o las políticas sanitarias tengan una oportunidad, de la mano de la formación basada en la evidencia. Esto es lo que tratamos de hacer en la Red de Médicos Jóvenes para formar a líderes que, tanto a nivel local como nacional, tendrán su impacto. A pesar de que los sistemas sanitarios son muy dispares en el mundo, vemos que muchas veces las problemáticas e incluso las soluciones pueden ser comunes. Por lo tanto, crear estos foros para compartir información y conexión, experiencia y buenas prácticas son clave para generar cambios positivos.
Ahora, más que nunca, la cantidad de información médica que se genera diariamente es abrumadora, lo que provoca que la medicina se tenga que adaptar. No tengo claro cuál será el siguiente camino, pero empezaremos a ver más integración de herramientas digitales en la toma de decisiones clínicas, por lo que debemos asegurarnos de contar con sistemas formativos y de regulación que nos den la oportunidad de mantenernos al día con información contrastada. Las escuelas de medicina a nivel internacional hacen lo mejor para adaptarse a sus distintos contextos y necesidades, y creo que es clave que sigamos haciendo esto de forma que veamos a la salud con un enfoque poblacional, no como algo que simplemente depende del paciente. Hay distintas interacciones e interrelaciones entre el ambiente, la salud del humano y los distintos determinantes sociales de la salud. Creo que esto también nos permitirá que, al realizar avances científicos, no solo nos centremos en los pacientes como sus enfermedades, sino como aquellos individuos que interaccionan, toman decisiones y son un conjunto de toda una población.