
Nuestro Colegio cedió el espacio de la sala de exposiciones de su sede al expresionismo moderno con la muestra de pintura y grabado de Jorge Labandeira. La obra del artista madrileño estuvo presente desde el 4 de julio hasta el día 30 del mismo mes con más de una docena de representaciones sobre madera y lienzo. Sus imágenes logran una proyección emocional del mundo y demuestran la infinidad de posibilidades del grabado.
La versatilidad de Jorge Labandeira como grabador y pintor se extiende al germen de su arte al explicar que su inspiración nace desde cualquier lugar. “Pueden ser pintores, escritores o la persona que tengo delante. Me inspiro en todo. No tengo un argumento o un núcleo en el que desarrolle toda mi obra. Lo que hago es dejarme bucear dentro de mi propio yo. Es verdad que hay mucha infancia y memoria”, pero intenta que estas afloren “desde un punto de vista totalmente expresivo. Por mi cabeza pasan imágenes y hasta que no termino de trabajar sobre el lienzo o el trozo de madera, no pienso lo que hago”. Además, añade que “no medito por qué he hecho esto. Creo que restaría frescura y creatividad”.

El artista asegura que cuando confecciona sus obras se “deja llevar como un niño a la hora de pintar”, algo que lleva con orgullo. No obstante, añade que existe una preparación previa antes de embarcarse en este proceso creativo. “Dibujo sobre la plancha de madera o el lienzo. Me planteo lo que va a ser sin pensarlo un segundo. A partir de ahí, trabajo más cuidadosamente, porque hay que tener un estudio de los colores. Aun así, la talla y el boceto los realizo de manera muy directa”.
Como grabador, Jorge Labandeira ensalza la riqueza que le otorga esta disciplina. “Tiene una posibilidad de comunicación que no consigo con la pintura u otras técnicas. Con ella, creas una escultura, aunque luego no se vea como tal. Es tu cuerpo el que talla y tu mano la que rompe la madera con la gubia. Esa manera de expresión tan agresiva me ayuda mucho y se ve en mis grabados”.
A pesar de las posibilidades del grabado y la xilografía, el artista reconoce que se trata de una técnica denostada y asegura que su falta de popularidad en comparación con la pintura o la escultura se origina en el capitalismo. “El lienzo es una obra única y eso es lo que busca la gente. En el momento en el que hay varios grabados el valor disminuye. Es una cuestión de posesión y de lujo. Sin embargo, no se trata de copias como las de una impresora, son artesanales. Para mí, un grabado es una obra original, aunque tenga copias. Al final, el arte y el mercado del arte son cosas diferentes”.
Sobre este tema, también evidencia que el desconocimiento es otro factor que perjudica a esta técnica: “no se conoce y eso hace que sea imposible que se entienda la dimensión que posee. Para mí no tiene techo. El grabado es absolutamente eterno”.
“El lienzo lo abordo desde otro punto de vista. En la exposición tengo dos partes. Se pueden ver los cuadros con las numerosas capas de pintura que voy dando hasta que en un momento dado siento que está terminado, y un trabajo de trazo ancho, línea negra y de relleno como si fuese un dibujo vectorial”, declara al analizar las distintas formas de una trayectoria creativa en constante evolución. “Estoy descubriendo mi lenguaje y viendo posibilidades de expresión. En la xilografía considero que he conseguido un nivel profesional en el que me encuentro muy cómodo con una línea concreta. Sin embargo, en el lienzo aún no he alcanzado eso y me queda mucho recorrido”.
Jorge Labandeira estudió Comunicación Audiovisual y Publicidad y trabajó como diseñador de accesorios para Inés Figadero y La Condesa. Su interés por el lenguaje visual y la expresividad le hizo crear Mireiq ―estudio experimental de diseño de bolsos― y la marca Kitsubi. Su trayectoria como grabador y pintor le ha permitido exponer en Betanzos, Oviedo, Castilla-La Mancha, Salamanca y A Coruña. En 2019, obtuvo el XII Premio Internacional de Grabado y Vino Pedro Vivanco por la obra En el funeral de Papá todos beben vino.
