La Real Academia de Medicina de Galicia (RAMG) dedicó un homenaje al doctor Sánchez Salorio

Durante el acto, sus amigos lo recordaron como persona y profesional, destacando su contribución a la Medicina y, en concreto, a la Oftalmología

Homenaje al doctor Sánchez Salorio

La Real Academia de Medicina de Galicia dedicó, el pasado diciembre, un homenaje al doctor Manuel Sánchez Salorio —fallecido en marzo de 2023—, por su gran trayectoria profesional y lo que supuso para la oftalmología gallega y nacional. La apertura del acto corrió a cargo del presidente de la Academia, Francisco Martelo, que aseguró que “recordamos hoy a Manuel Sánchez Salorio, académico numerario, un compañero y un médico que ejerció en A Coruña y Santiago”.

A continuación, tuvo lugar la intervención de Julián García —catedrático emérito de oftalmología en la Universidad Complutense de Madrid—, que fue el primer catedrático de los siete que el doctor Salorio promocionó desde su cátedra de Santiago. “La llegada de Salorio a la universidad y a la especialidad supuso un antes y un después”, afirmó. Por un lado, a diferencia de la moda de ese momento, “Salorio comenzó a hacer los seminarios sobre casos reales, lo que nos permitía conectarlos con la realidad del día a día de la profesión”. Esas sesiones “fueron el germen de la Sociedad Gallega de Oftalmología, de la que fue el primer presidente”. En ese momento, “yo estaba como secretario en la institución, por lo que pudimos hacer muchas cosas juntos y lo echo mucho de menos”. Además, “como primer presidente que fue de la Comisión Nacional de Especialidades, se diseñó la forma de seleccionar a los centros para que pudiesen optar a contar con el MIR, y las responsabilidades sucesivas que debían tener cada año los residentes para obtener el título”.

Julián García también destacó los consejos que recibían por parte del profesor Salorio: “destacar en algo, ensayar las comunicaciones en los seminarios, estar en todas partes, realizar la tesis doctoral —era imprescindible que los que trabajábamos con él la tuviéramos— y, por último, decía que si no estabas presente en un sitio, era necesario que se notara tu ausencia”. En cuanto a las recomendaciones para aprobar la oposición de la cátedra, “Salorio afirmaba que esta se pasa en los tres primeros ejercicios, hay que ensayarlos en casa con un tribunal ficticio, no se debe cometer el error de ver o leer las memorias de nadie para ser original, no hay que caer en la torpeza de trincar a otro opositor y, por último, que aunque a la primera no salga algo, hay que conseguir ser el mejor”. 

El catedrático de Oftalmología también hizo referencia a Oftared, “la red temática que organizó el Instituto de Salud Carlos III.  Salorio se empeñó en que teníamos que entrar en ella y, al final, lo conseguimos. Supuso darles visibilidad a los centros de investigación, y Salorio se convirtió en el primer coordinador”, explicó. 

Por otro lado, durante su discurso, hizo referencia a los cargos que ocupó el doctor Sánchez Salorio durante su carrera profesional. “Aparte de catedrático de la USC, fue presidente fundador de la Sociedad Gallega de Oftalmología, presidente de la Sociedad Española de Oftalmología, primer presidente de la Comisión Nacional de Especialidades, primer coordinador general de Oftared del Instituto de Salud Carlos III y fundador y director del Instituto Galego de Oftalmoloxía”.

Al profesor Salorio “no lo puedo considerar como un amigo, porque estaba muy por encima del concepto que tengo de los amigos. Tampoco como un padre —aunque muy a menudo se comportó como si lo fuese— ni tampoco puedo decir que fuera mi maestro porque me dio mucho más de lo que un maestro haya dado jamás”. Sin embargo, “sin ser ninguno de estos, cada día supo interpretar todos esos papeles simultáneamente. Por eso, aunque sea doloroso decirle adiós, “Me quedo con el consuelo de saber que el legado que Salorio ha dejado no solamente llega a sus alumnos, sino también a los discípulos de estos”

Acto seguido, tomó la palabra Joaquín Potel Lesquereux —académico numerario del sillón de Cirugía General y Digestiva de la Academia y Medalla de Oro y Brillantes del Colegio—. “La academia, la universidad, la medicina, la oftalmología gallega y española perdieron el día de su fallecimiento a uno de sus más destacados y reconocidos líderes”, aseguró. El profesor Sánchez Salorio, “dotado de excepcionales cualidades intelectuales, reforzadas por su disciplina y voluntad, fue merecedor de los más altos reconocimientos, distinciones y honores en todas las instituciones, organismos y sociedades científicas de las que formó parte”. 

Cuando el doctor Potel Lesquereux comenzaba Medicina en Santiago, en el curso 1953-1954, “Sánchez Salorio terminaba la carrera. Tengo un recuerdo muy nítido, unido a un sentimiento de admiración, que se hizo más grande cuando lo conocí personalmente. Primero como alumno de Oftalmología y, después, como compañero en la facultad y como amigo. De sus años estudiando contaba su aversión al contenido de la asignatura de anatomía, pero sin embargo reconocía que le había servido mucho para entrenarse en esta disciplina”, explicó. En 1953 “terminó la licenciatura” y en 1955 “el doctorado, después de una estancia en Alemania. Siendo ya profesor adjunto, en el 59 asistía a sus clases como colaborador del catedrático Ángel Moreu”.

En 1963 “fue cuando el profesor Salorio aprobó la oposición para hacerse con la cátedra de Oftalmología de la Universidad de Santiago, dándonos esperanza a los demás. Así se fue integrando y desarrollando una escuela potente y muy prestigiosa, que más tarde sería calificada como la Baby School of Ophthalmology. Gracias a ella, la facultad de Medicina pasó de importadora de talento a exportadora de profesores”. En 1968, “Salorio ocupó el puesto de vicedecano y, en el 78, el de vicerrector. Después, fundó y dirigió su última aventura: el Instituto Galego de Oftalmoloxía. Pudo así mantenerse fiel a lo que siempre había defendido: la jubilación no debe ser vista como un punto final, sino como un punto y seguido, el que se pone cuando termina un período y hay que seguir escribiendo”, afirmó Joaquín Potel Lesquereux. Para muchos de sus coetáneos, “fue también uno de los ejemplos a imitar para saber mantener una actitud sin complejos en unos tiempos poco fáciles, que pudieran contribuir y contribuyeron a que el nombre de Galicia y su medicina fueran conocidos y apreciados más allá de la comunidad”.

El profesor Sánchez Salorio “A lo largo de su trayectoria académica, ha sido un brillante docente, un universitario ejemplar y un auténtico maestro, siempre comprometido con sus alumnos”. Toda la convivencia en el hospital y facultad sirvieron para que los lazos de compañerismo y admiración iniciales se estrecharan cada vez más. Juntos hemos vivido tiempos de contradicción y de mudanza, con vicisitudes históricas en la universidad”. Por último, el académico numerario destacó las cualidades del profesor Salorio: “inteligente, culto, gran mentor, de memoria prodigiosa, espíritu abierto y crítico, con gran sentido del humor, curioso, tolerante pero con convicciones profundas, austero, honesto, colaborador, entusiasta del trabajo en equipo, líder e innovador. Orgulloso de sus raíces, rodeado siempre de amigos, querido por todos, conversador infatigable, alegre y optimista”. 

Por último, intervino Juan Durán de la Colina —académico numerario de Anatomía Patológica. “El profesor Salorio era capaz de ver no solo la oftalmología, sino también la vida. Su encanto era una de sus grandes bazas. «No solo quería enseñar, sino cautivar. Abría la mente para obtener lo mejor de cada uno de nosotros”, explicó. “Le tocó vivir un cambio de siglo, y nos transmitió el mundo de ayer a los que vinimos más tarde. Nos enseñaba esos tiempos esperanzadores desde su optimismo. Era un viajero y un conversador empedernido”.  Durante su vida, “mantuvo en su intelecto, en su corazón y en su espíritu la curiosidad de un niño, las dudas de un adolescente, la energía de un joven, el juicio de un adulto y la sabiduría de un anciano. Todo era motivo de reflexión”.

Para clausurar el acto, volvió a tomar la palabra Francisco Martelo, para leer el artículo que escribió sobre el profesor Salorio en La Voz de Galicia. “Catedrático, académico, y fundador del Instituto Galego de Oftalmoloxía, creó una escuela propia, en la que formó a decenas de oftalmólogos de alto nivel que propagaron su enseñanza en universidades y hospitales de toda España, convirtiéndose en una referencia mundial”, aseguró. “A él le gustaba ser un entrañable seductor con la actitud y la palabra, sin querer reconocer que, por encima de todo, era un maestro de la medicina y de la vida”.