Adaptación ante la jubilación

Regina Basadre, especialista en métodos de procesos correctores comunitarios, impartió un taller de envejecimiento saludable en el Colegio

La jubilación supone un cambio importante para cualquier facultativo. Por esta razón, nuestro Colegio organizó un taller de envejecimiento saludable. La sesión se llevó a cabo en la sede de Salvador de Madariaga el 21 de octubre y fue impartida por Regina Basadre, doctora jubilada y especialista en métodos de procesos correctores comunitarios, con la colaboración científico-técnica del Centro Marie Langer. La experiencia dio forma a un espacio de reflexión sobre esta nueva etapa y los malestares creados por las exigencias de la sociedad actual.

La doctora Basadre explica que la metodología de procesos correctores comunitarios “pone el foco en los malestares de la vida cotidiana, que no se analizan, consultan o cuestionan porque se consideran normales. No tienen un interlocutor válido, pero perjudican y crean costes importantes en salud. Por eso, es fundamental tomarse el tiempo para hacer un trabajo de reflexión porque, grupalmente, se pueden encontrar pequeñas alternativas”.

En este caso, el taller se centró en la jubilación, una etapa que puede ser difícil de asumir a causa del repentino cambio que supone dejar atrás la vida laboral. “Existen dos formas de envejecer. Una de ellas es saludable y la otra es la que se ve hoy en día en nuestra sociedad”, explica Regina Basadre. “En teoría, a partir de los 30 años, empieza a haber un envejecimiento biológico, pero no hay, necesariamente, ningún desgaste a nivel psicológico —en referencia a la propia identidad personal del individuo y su toma de decisiones— o social —comprendido como su red de relaciones—“. Sin embargo, en la jubilación, se produce una pérdida de valor social debido al salto de ser un trabajador activo a una persona que carece de esas responsabilidades. “Al día siguiente hay un vacío delante de ti y parece que no sirves para ninguna función social. De repente, la ilusión radica en encontrar un lugar donde poder ser, aportar y tener un valor”. 

Además de perder ese rol social, también ocurre lo mismo con las relaciones laborales, que pueden ser cruciales para algunas personas. “Creo que estos problemas siempre han estado ahí, pero no se suelen trabajar. Son malestares de la vida cotidiana aceptados por la gente. Antiguamente, los albañiles miraban las obras al jubilarse y dejar de trabajar”, rememora la experta. También expone que, mientras que en el campo suelen desarrollarse vínculos sociales fuertes en los que cada individuo tiene su lugar, en las ciudades estas conexiones están más rotas a causa del individualismo de la sociedad actual.

El taller para un envejecimiento saludable “tiene como objetivo crear un contraconsenso a estas tendencias que parece que uno tiene que vivir sin remedio. Hablando y analizando con otras personas podemos llegar a hacer algo diferente”. Este espacio ofrece herramientas para alcanzar el objetivo, como el mecanismo de duelo. “No hablo de la muerte de un ser querido, sino que, dentro de esta metodología, se trata de cualquier pérdida de la vida. Esto ocurre desde la infancia, porque, cuando un niño empieza el colegio y debe dejar su zona de confort, tiene que hacer un pequeño duelo. Siempre tiene que ver con dolor y la elaboración de un cambio. Es necesario para abrirse y adaptarse a una situación nueva”. Al profundizar en este aspecto, Regina Basadre revela que el duelo está muy denostado socialmente. “Esto hace que no sea fácil procesarlo para la gente”.

Otro punto relevante fue la perspectiva de género y cómo los hombres y las mujeres envejecen de forma distinta. “Ellos suelen tener menos recursos para lidiar con la jubilación, porque su rol se centra en la productividad. Por otro lado, aunque trabajemos fuera, el nuestro tiene mucha relación con los cuidados. La mujer no se jubila nunca. Pueden seguir haciendo la comida o encargándose de algún anciano o familiar que convive en la casa. Lo que ocurre es que las señoras de 70 y 80 años protestan porque ya no pueden mantener el ritmo de esas tareas”.

La coordinadora del taller también recalca la necesidad de tener un proyecto propio durante esta etapa. Debe tratarse de una meta realista que abarque los medios y aptitudes de cada individuo. Ejemplifica esta necesidad en el ikigai, término japonés que hace referencia a la razón de ser o el propósito de vida. “Aumenta la autoestima y mejora tu autonomía”, detalla. “Debemos ser personas activas y no clases pasivas.  De la misma manera que en la juventud se tiene un proyecto vital, en la vejez también hay que pensar en ello, aunque sea más pequeño y menos ambicioso”.

Por otro lado, se refirió a la vulnerabilidad como otro elemento a abordar durante las sesiones. “Se vive como una pérdida. Los adolescentes son vulnerables, pero no se sienten de ese modo. Si una persona mayor se dedicaba a correr y ahora no puede porque la rodilla no responde del mismo modo, se da cuenta de que hay un cambio y una pérdida de capacidad. En caso de no trabajarla a través del mecanismo de duelo, no podrá adaptarse a la nueva situación”. Añade que entre no poder realizar las actividades que se llevaban a cabo antes y no hacer ninguna otra cosa, “hay todo un abanico de posibilidades” y alternativas.

Los participantes del taller ahondaron en este aspecto a través de un ejercicio en el que escribieron los diferentes cambios provocados por la edad, ya fuesen físicos, psicológicos o sociales. Acto seguido, los pusieron en común para realizar un análisis en grupo de todos ellos. “El envejecimiento saludable tiene mucha relación con la adaptación a los cambios. Para ello hay que tratar algunas cosas que es bueno trabajar grupalmente. Es una vivencia que tiene un poder transformador”.

Fernando Campo era médico especializado en Anatomía Patológica y estaba a punto de jubilarse cuando se unió al taller de Regina Basadre. “La idea de tener este tipo de encuentros con más personas y compañeros en mi situación siempre se me ha pasado por la cabeza para intentar comprender mejor el cambio de estar trabajando un día y pasar a una situación de jubilado al siguiente. Quería ver sus diferentes perspectivas y opciones”.

En su opinión, “la jubilación es una etapa en la que hay que volver a pensar cuál es el objetivo que uno tiene después de haber trabajado durante muchos años de vida. Creo que se sitúa en el encuentro de uno mismo manteniendo una proyección hacia los demás”. También recalcó la importancia de que los principios de la profesión se alineen, en cierto modo, con esta nueva situación. “Lo que nosotros hemos estado haciendo en nuestra profesión es ayudar y tener una conexión con los pacientes. Considero que hay que seguir manteniendo esa visión hacia los demás a posteriori. Es importante relacionarnos con la familia, compañeros y más gente. Debemos intentar no aislarnos por todos los medios. Es una parte fundamental que tenemos que valorar para disfrutar de la vida después de la jubilación”.

Margarita Palacios, especialista en medicina familiar y comunitaria, lleva cinco años jubilada. Movida por la curiosidad, se apuntó al taller con la esperanza de poder intercambiar impresiones con otros compañeros. Al hablar sobre su retiro, confiesa que “al principio me costó, pero ahora estoy mejor”. Actualmente, se dedica a pasear y a estudiar una carrera. También realiza diversos cursos e invierte su tiempo en sus cuatro nietos. “La verdad es que no me aburro. Siempre fui muy activa. Por eso la jubilación me resultó difícil, pero me dije a mí misma que tenía que hacer cosas mientras mi cabeza, mi cuerpo y mi salud me lo permitieran”.