
El científico coruñés César de la Fuente, director del Grupo de Biología de Máquinas de la Universidad de Pensilvania, recibió el pasado 11 de febrero con el Premio Rafael Hervada de Investigación Biomédica en su XXXI edición. La Fundación San Rafael entregó este reconocimiento en el salón de actos del Hospital San Rafael. Además del homenajeado, también estuvieron presentes el conselleiro de Sanidad de la Xunta de Galicia, Antonio Gómez Caamaño, y la alcaldesa de A Coruña, Inés Rey. El premio ensalzó la figura del biotecnólogo gallego y la utilización de la inteligencia artificial en su investigación para identificar antimicrobianos que venzan a las superbacterias.
Javier Peña, secretario del Consejo de Administración de la Fundación San Rafael, declaró que el galardón “representa nuestra vocacional aportación al fomento de la investigación biomédica y pretende contribuir al progreso de la comunidad científica y, por ende, a mejorar el bienestar y la salud de las personas”.

El tribunal estuvo dirigido por el doctor Ángel Carracedo y contó con los doctores Eloy Fernández, Ángel Concha, Gonzalo Peña y Francisco Blanco. En su evaluación, recalcaron que la resistencia a los antibióticos representa una “pandemia silenciosa” a la que se le asocian más de cinco millones de muertes anuales en el mundo. Además, genera un gasto farmacéutico de 1.500 millones de dólares.
“Es un orgullo tremendo para mí recibir un premio de casa, uno de los más prestigiosos y antiguos de España. Lo recojo con mucho cariño”, indicó César de la Fuente antes de incidir en la temática de su trabajo. Explicó que las bacterias “son como los seres humanos. Si intentas matarlas, aprenden a sobrevivir”. Además, recordó que existen varios motivos por los que se genera la resistencia a los antibióticos, como su mala utilización. El científico recalcó que “las bacterias son muy inteligentes y pueden evolucionar rápido para resistir y desarrollar mecanismos con los que hacer frente a los antibióticos”, lo que las convierte en “superbacterias”.
Al abordar la investigación de antibióticos, afirmó que “con el paradigma tradicional, los científicos iban a la naturaleza y buscaban muestras de suelo para purificar compuestos a través de ellas. Era un proceso muy arduo de prueba y error que muchas veces no producía un candidato prometedor”. Sin embargo, “usando la inteligencia artificial, se nos ocurrió que es posible entender toda la biología como un código fuente que se puede recorrer a través de algoritmos”. La nueva perspectiva “nos ha permitido descubrir antibióticos en minutos u horas al acceder a este código a través de un mecanismo que permite recorrerlo a la velocidad del mundo digital”.
El galardonado ahondó en el potencial de estos avances y destacó cómo hizo posible que abordasen la biología del pasado. “No tenemos acceso a los organismos que estudiamos, como el mamut siberiano, el perezoso gigante o algunos árboles de magnolia, pues todos ellos desaparecieron, pero sí podemos acceder a su información biológica a través de genomas parciales y metagenomas”. De este modo, pueden analizar estos datos “con nuestros algoritmos para encontrar nuevas moléculas antibióticas que puedan hacer frente a las bacterias”.