
El 25 de junio, la sede del Colegio se convirtió en un aula abierta para pacientes con la jornada titulada Osteoporosis 360º. Cuidar el hueso desde la vida real, en la que un equipo de profesionales de la reumatología, la rehabilitación y la nutrición abordó esta enfermedad de forma integral, con ideas prácticas de alimentación, movimiento y hábitos pensadas para llevarse a casa. La jornada, organizada por la Unidad de Prevención de Fracturas (FLS) del Servicio de Reumatología del Chuac, en colaboración con Stada, reunió a los doctores Jenaro Graña y Javier Seoane, reumatólogos del complejo hospitalario coruñés; a la doctora Isabel García Armesto, del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación; a la nutricionista especializada en salud ósea Adriana Fernández Vidal y al chef Moisés Rodríguez, que cerró el acto con una degustación didáctica.

El encuentro tuvo la particularidad de que “esta era, en general, la primera vez que se hacía una reunión específica para pacientes, no tanto para público general”, explica el doctor Graña, jefe de sección del Servicio de Reumatología del Chuac, encargado de inaugurar la sesión. Desde el primer momento se buscó la participación de los asistentes, porque “queríamos que la reunión fuese proactiva, más un diálogo que una serie de conferencias”.
Según explica el doctor Graña, “el paciente que sufre una fractura osteoporótica no suele ser consciente de que tiene una enfermedad crónica. Cree que ha sufrido un proceso agudo”. Y, sin embargo, el impacto de fracturas teóricamente poco graves “es tremendo”, algo que ejemplifica de la siguiente forma: “una señora adulta activa que se cae con 61 años y se rompe el radio distal tiene que ser operada, puede estar dos o tres meses con la mano inhabilitada y no suele recuperarla al cien por cien. Todos somos conscientes de ello, pero nadie lo asimila hasta que le pasa”.
Lo más grave, advierte, es lo que esa primera rotura anuncia. “El paciente no es consciente de que eso puede ser un aviso de que, unos años después, se va a romper dos o tres vértebras. Las fracturas vertebrales disminuyen la calidad y la esperanza de vida, porque reducen el volumen respiratorio. Y, si no se preocupa, más adelante puede tener una fractura de cadera”, con importantes consecuencias. “La fractura de cadera tiene una mortalidad en el año siguiente de casi el 30 %. Más de la mitad de los pacientes no vuelven a andar, y el 70 % pierden su autonomía. Es una catástrofe que la gente asume simplemente como mala pata por ser ancianos”. Frente a esa resignación, el objetivo de los especialistas pasa por intentar reducir el número de personas que se fracturan. Para ello, señala, hay que actuar en prevención primaria —“algo que sigue siendo difícil y recae en los médicos de familia”— y, sobre todo, en secundaria, cambiando la percepción de la población. “Tenemos que convencer a la gente de que una fractura no es un proceso agudo del que se sale en un par de meses. De la misma forma que si a alguien le duele el pecho piensa en un infarto, si se rompe la mano ante una caída banal debe pensar que tiene mal los huesos y es necesario que acuda al médico”.
En esa labor pedagógica queda mucho camino por recorrer. El doctor Graña recuerda que el Servicio organiza un curso anual sobre osteoporosis para médicos de familia, que este año celebra en octubre su séptima edición, pero reconoce que “la brecha entre el número de pacientes que habría que tratar y los que realmente están tratados sigue siendo muy grande, casi supera el 60 %. Todavía hay mucho trabajo por hacer”.
Precisamente de ese desconocimiento nació la idea de la jornada, como relata el doctor Javier Seoane, reumatólogo del Chuac. “A pesar de ser una enfermedad muy prevalente, también es muy desconocida y hay muchos bulos alrededor”, señala. La patología, además, tiene “varios hándicaps muy grandes. En primer lugar, es silenciosa, por lo que el paciente, al no sentir dolor, no va a preguntar por ella si la desconoce. Depende de que su médico la estudie”. A esto se suma un importante problema de adherencia, porque “prácticamente un 40 o 50 % de la población deja el tratamiento a partir del año debido a que se empiezan a encontrar bien y no saben que necesitan continuar con él”. Por esa razón, puso en valor la celebración de jornadas de este tipo, “que empoderan al paciente y lo capacitan para conocer su enfermedad y manejarla un poco mejor”.
Su ponencia, titulada Mitos y realidades de la osteoporosis, quiso combatir la desinformación en torno a la enfermedad con un formato participativo en el que expuso algunas afirmaciones y los asistentes, provistos de una tarjeta verde y otra roja, debían pronunciarse sobre la veracidad de cada una. “Los asistentes estaban bien informados”, asegura. “Acertaron bastante y no cayeron en trampas ni bulos”.
Entre los mitos más extendidos, Seoane destaca el que asegura que la osteoporosis es muy dolorosa. “Eso es incorrecto. La osteoporosis no duele. Lo que puede llegar a doler es una fractura”. Otro error habitual es normalizar las roturas en personas mayores. “Cuando preguntamos si sus padres han tenido alguna fractura, muchos contestan que sí, pero afirman que es algo normal porque se cayó o porque es muy mayor”. Sin embargo, “ante un traumatismo de bajo impacto —cuando la caída se produce desde nuestra propia altura— no es normal bajo ningún concepto fracturar huesos como una vértebra, una cadera, un húmero, una muñeca o un radio distal. Se trata de indicios de alerta para estudiar una posible osteoporosis”. La presentación repasó también otras creencias erróneas: que el calcio puede curar la enfermedad, que se trata de una patología exclusiva de mujeres, que perder altura es algo normal con la edad, que los suplementos de herboristería mejoran la calidad del hueso o que se debe suspender la medicación para la osteoporosis al recibir un implante.
Especial atención mereció durante su intervención el temor a la osteonecrosis del maxilar, “un problema que produce mucho miedo a los pacientes y provoca cifras importantes de abandono del tratamiento” cuando afrontan un implante o una cirugía dental. En estos casos, “les explicamos que esto no siempre es así. Es muy importante consultar con el reumatólogo, y en muchas ocasiones lo ideal no es tanto suspender, sino reprogramar la cirugía”, señala Javier Seoane. Frente a todos estos temores, su charla se cerró en positivo para dejar claro que “la osteoporosis se puede diagnosticar, se puede tratar y se puede prevenir”. Además, “los tratamientos actuales nos permiten, en muchas ocasiones, corregir la enfermedad y, sobre todo, disminuir mucho el riesgo de tener una fractura o una refractura”. Eso sí, matiza, la farmacología no lo es todo: “los médicos nos centramos mucho en el tratamiento farmacológico —que es muy importante—, pero tanto la alimentación como el ejercicio ayudan mucho a mejorar la calidad de vida de estos pacientes”.
De ese segundo pilar se ocupó la doctora Isabel García Armesto. “Muchos pacientes que vemos en la consulta suspenden su actividad física por miedo a nuevas fracturas, que es todo lo contrario a lo que nos dice la literatura científica”. Estos miedos se alimentan del boca a boca y de malentendidos sobre las fracturas. En ocasiones, “la fractura vertebral osteoporótica pasa desapercibida y la detectamos en una radiografía, pero esto no implica que debamos dejar de hacer ejercicio, porque el sedentarismo empeora aún más el estado del hueso”.
La facultativa explicó a los asistentes “cómo conseguimos trabajar nuestro hueso para que sea fuerte y para que, en caso de caídas, sufra una menor lesión. También es importante entrenar la musculatura, por lo que insistimos en que los ejercicios de equilibrio y fuerza son fundamentales: mejoran el hueso, mejoran el músculo y permiten que nuestro cuerpo reaccione ante las caídas intentando volver a estabilizarse”.
La receta es muy sencilla: “con 20 minutos, tres veces por semana, es suficiente para conseguir beneficios sobre el hueso”. La rutina que presentó —calentamiento, sentadillas en silla, subida de escalones, puente de glúteos, ejercicios de equilibrio y estiramientos— cabe en un folio, y esa es justamente la intención. “Queremos que, de un simple vistazo, el paciente entienda que es fácil y asumible”.
Para la doctora García Armesto, jornadas como esta son especialmente necesarias “en un mundo en el que cada vez somos más sedentarios”, y no solo para quienes ya tienen un diagnóstico. “Nos interesa que todos en nuestro día a día conozcamos estas rutinas desde pequeños”. También reivindica su utilidad para resolver dudas que a menudo quedan en el aire, y hace un llamamiento a los médicos para que sus explicaciones a los pacientes no se hagan con un lenguaje técnico. “Tenemos que hacerlo de forma cercana, como lo haríamos con nuestra familia”.
La visión de 360 grados que prometía el título se completó con el taller de nutrición Comer para fortalecer el hueso, impartido por Adriana Fernández Vidal, y con la degustación didáctica del chef Moisés Rodríguez, que elaboró bocados ricos en calcio y explicó por qué había elegido cada alimento.
