
La dedicación del Colegio al bienestar de la población quedó reflejada, un año más, con la organización de la cuarta edición de la campaña Risco Cero. La iniciativa consiste en charlas sobre educación sexual dirigidas a adolescentes para informarles sobre métodos de anticoncepción, prácticas sexuales seguras y cómo evitar las enfermedades de transmisión sexual, que imparten alumnos de último curso del grado en Medicina y médicos residentes. El proyecto surgió ante el alarmante número de casos de personas afectadas por estas patologías en España y se llevó a cabo en colaboración con la Fundación San Rafael, la Unidad de Coordinación Docente de los alumnos de Medicina y la Unidad de Docencia de Medicina Familiar y Comunitaria del área sanitaria de A Coruña y Cee. 
La presentación de su última edición se realizó en la sede de Riego de Agua el 30 de abril. La sesión contó con la participación del presidente y el vicepresidente colegiales, Luciano Vidán y Javier de Toro, respectivamente; una de las impulsoras de Risco Cero, la médica de Atención Primaria Ana Zamora; el coordinador de docencia del Chuac, Juan Carlos Vázquez Barro, y la alumna de sexto curso de Medicina Ana Serantes, quien acudió en representación de las voluntarias que colaboran con el proyecto.
“Es un orgullo para el Colegio impulsar una iniciativa como esta e implicar a los médicos jóvenes en una campaña preciosa de salud comunitaria, un ámbito al que no se le presta suficiente atención”, declaró Luciano Vidán. “Nos produce una alegría inmensa que un proyecto nacido como una pequeña idea que apoyamos desde el Colegio esté llegando cada vez a más jóvenes para ayudarlos y concienciarlos sobre la importancia de una sexualidad sana”.
Javier de Toro recordó que uno de los lemas del Colegio es “no lo digas, hazlo” y afirmó que esa máxima promueve iniciativas como Risco Cero. “En el año 2017, lanzamos una serie de convocatorias, fundamentalmente de innovación docente, y reparamos en dos compañeras: Ana Zamora y Elvira Someso. Ellas vieron una realidad que impulsa el proyecto. Nos hemos ilusionado con esa idea. Hemos procurado promoverla e ir ganando alianzas, como la de Dolores Estrada —directora general de la Fundación San Rafael—, que también es una entusiasta de apoyar a pacientes con enfermedades raras. Desde el primer momento nos ha ayudado y ha ido con nosotros siempre de la mano”.
También expuso que la búsqueda de colaboraciones incluyó la incorporación de estudiantes de Medicina y residentes de Medicina Familiar y Comunitaria en la actividad. Los describió como “los mejores transmisores de información sobre salud sexual. Son personas jóvenes que ejercen como fuentes de información fiable frente a un entorno saturado de ruido”. En este punto, habló del papel de Juan Carlos Vázquez Barro, que hizo posible que estos futuros médicos asumiesen este rol docente. “Supone algo extraordinario para ellos, porque tienen una experiencia muy importante y se convierten en grandes diseminadores de información”. Los voluntarios acuden a los centros educativos públicos, privados y de formación profesional en zonas rurales y urbanas para impartir talleres que giran en torno a la seguridad y la prevención en las prácticas sexuales. El doctor De Toro calificó el proyecto de “muy ilusionante” y añadió que “está creciendo y va a seguir haciéndolo. Desde el Colegio procuraremos implicar al máximo número de colaboradores”.
Ana Zamora ahondó en los orígenes y la trayectoria de Risco Cero, que se inició hace nueve años. “Nació porque la doctora Elvira Someso —también médica de familia— y yo detectamos que había muchas mujeres, generalmente jóvenes y adolescentes, que iban a las consultas a solicitar la píldora poscoital. Tenían muchas dudas sobre métodos anticonceptivos y miedo a contraer o tener una enfermedad de transmisión sexual”. De esta manera, surgió el planteamiento de la iniciativa, que comenzó con una aplicación móvil. “Necesitábamos que alguien nos apoyara, y ahí estuvo el Colegio de Médicos con sus Premios de Innovación Docente. Nos dieron ayuda y entendieron perfectamente lo que queríamos hacer”.
La facultativa detalló que contactaron con los colegios para impartir los talleres a adolescentes. “Últimamente hemos visto, sobre todo a partir de la pandemia, que ha habido un incremento muy significativo de las enfermedades de transmisión sexual. En Galicia hay muchas infecciones de clamidia en mujeres, que pueden tener unos riesgos muy importantes para su salud, y también ha habido un aumento del número de casos de gonorrea”. Los profesionales de la salud “tenemos que hacer un esfuerzo desde nuestras consultas para captar a esta población”. Señaló que entre las causas de la subida del número de ETS se encuentra el abandono del preservativo.
En opinión de la experta, “ha llegado el momento de atajar este problema con determinación, y para conseguirlo necesitamos ofrecer una buena educación sexual a los adolescentes”. Los temas de los talleres incluyen aspectos como el consentimiento, que define como un “acuerdo que hay entre las personas antes y durante la relación”. Es necesario “informar a la persona con la que estamos de cuáles son nuestros límites”, y también hay que tener claro que, “si se desea parar, hay que hacerlo”.
Otro punto preocupante en España es el contacto con la pornografía. “Casi un 70 % de la población entre 14 y 18 años ha visto pornografía y uno de cada siete lo hace de manera habitual. El inicio de su consumo se encuentra entre los 12 y los 13 años, por eso nuestros talleres se dirigen a ese sector de la población. Sin embargo, me parece escalofriante pensar que el primer contacto se produce en edades más tempranas, a los 8 años”. La doctora Zamora también advirtió sobre el riesgo del impacto de este contenido en los más jóvenes. “El tipo de relaciones sexuales que ven nuestros adolescentes en la pornografía se caracteriza por la falta de consentimiento y sus prácticas violentas, en las que la mujer, generalmente, sale mal parada”. Además, hizo referencia a un informe de Save the Children que recoge que uno de cada tres jóvenes en España percibe como normal la oferta de contenido íntimo que recibe a través de aplicaciones de contactos, “e incluso llegan a normalizarlo como una manera de generar ingresos”.
Por su parte, Juan Carlos Vázquez Barro compartió que, “al presentarnos esta iniciativa, pensamos que los alumnos de sexto de Medicina eran idóneos para trasladar esta información a los adolescentes. Ojalá “podamos volcar en la sociedad otros muchos proyectos a través del alumnado de Medicina”.
La última en tomar la palabra fue Ana Serantes como representante de los voluntarios. “Creo que ser estudiantes nos ayuda a conectar con los jóvenes. Hemos notado que, en cuanto los profesores se marchan del aula, se acercan muchas alumnas con un gran número de dudas sobre cuestiones como a dónde podrían acudir si necesitan ayuda. Muchas de ellas nos cuentan que no tienen apoyo familiar para obtener información y que la forma en la que lo hacían era a través de la pornografía”.
Destacó que, además de brindarles información a los adolescentes, las participantes también descubrieron datos sobre las situaciones que afrontan. “El precio de los preservativos es lo que más les preocupaba, porque sigue siendo un tema tabú, sobre todo con sus padres. No pueden recurrir a ellos y pedirles dinero para protegerse. Por esa razón, creo que queda pendiente tener más puntos de acceso a preservativos, que son la única barrera que protege frente a embarazos no deseados y ETS, una idea que a las jóvenes les produce un gran impacto. Había niñas que nos decían que usaban la píldora anticonceptiva como método de barrera” o porque “su única preocupación era no quedarse embarazadas”. Entre las consecuencias más graves de estas prácticas están la posibilidad de contraer una enfermedad “que puede llegar a ser crónica”, originar un cáncer o complicar un ingreso. Como alumna, he visto casos de hepatitis B fulminante por no haber utilizado protección”.
También trató la diversidad sexual. “Muchas veces el preservativo se utiliza solo para contactos heterosexuales”. Afirmó que las relaciones homosexuales conforman otro grupo que también sufre este desconocimiento sobre prácticas seguras. “Intentamos trasladar que la información es poder de decisión sobre las elecciones que toman respecto a su sexualidad y sobre cómo vivirla”.
Por parte de la Fundación San Rafael, su directora general, Dolores Estrada, destacó la apuesta de la institución por apoyar a Risco Cero, porque “la información rigurosa y la prevención son el camino para que los jóvenes tengan unas relaciones sexuales sanas a lo largo de su vida, lo que redundará en su salud física y emocional”.
