Miguel Gelabert obtiene la medalla de honor de la Academia Médico-Quirúrgica de Santiago

La sesión inaugural del año académico de la institución acogió este homenaje al antiguo jefe del Servicio de Neurocirugía del Chus.

La Academia Médico-Quirúrgica de Santiago de Compostela inició su año académico con una sesión inaugural en la que entregó su medalla de honor a Miguel Gelabert, antiguo jefe del Servicio de Neurocirugía del Complejo Hospitalario Universitario de la capital gallega. La ceremonia se llevó a cabo el 5 de febrero en la sede de nuestro Colegio en San Pedro de Mezonzo y contó con la presencia del conselleiro de Sanidad de la Xunta de Galicia, Antonio Gómez Caamaño; el presidente de la propia Academia, Francisco Lado, y el vocal de la Junta Directiva colegial, Manuel Bustamante. La laudatio fue realizada por el cirujano Miguel Caínzos y, durante la sesión, el cardiólogo del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña Rafael Vidal abordó la inflamación y la enfermedad cardiovascular en su conferencia magistral.

El doctor Gelabert afirma que el reconocimiento le produjo una gran e imprevista alegría. “No me lo esperaba. Supuso algo muy bonito para mí”. Al repasar su trayectoria y la de su especialidad, el homenajeado manifiesta el gran cambio que se ha producido. “Ha habido una transformación total entre la neurocirugía que se hacía hace 45 años, cuando ni siquiera teníamos escáner, y lo que es el quirófano de hoy en día, que posee una altísima tecnología”.

Añade que “la neurocirugía es muy minoritaria. Nosotros éramos nueve personas, pero, si el servicio está bien dotado y las plazas se cumplen, no supone ningún problema, porque no manejábamos las mismas cifras de intervenciones o de pacientes que en traumatología o cirugía general”. Además, el especialista expone la relevancia del sentido común al ejercer como neurocirujano. “Cuando uno se encuentra ante un proceso oncológico o uno vascular complejo, hay que alejarse de la actitud quirúrgica agresiva porque puede dejar secuelas. Tener una buena formación clínica, radiológica y quirúrgica es fundamental para lograr buenos resultados”.

El facultativo subraya otro punto esencial en el ejercicio de la profesión: el trato con el paciente, que debe ser “siempre exquisito”. En neurocirugía se aborda “una patología tremendamente compleja que tiene posibilidades de morbimortalidad. El médico debe tenerlo muy claro cuando va al quirófano y debe habérselo informado a los implicados”. En este punto, la desinformación de los buscadores de internet puede suponer un escollo. “Tenemos un problema: el doctor Google. Cuando vienen a las consultas, los pacientes ya lo han mirado todo en internet. Posiblemente no entienden mucho lo que han leído, pero traen una idea de cómo va a ser el proceso y las posibles secuelas. Algo que debería ser una herramienta de ayuda se convierte, muchas veces, en una dificultad”.

Uno de los grandes desafíos de su carrera, recuerda, llegó con la pandemia de Covid-19. “Repartimos el servicio en dos más pequeños para que, en caso de que alguien se contaminara, siempre dispusiéramos de alternativa. No tuvimos casos graves, pero se resintió mucho la lista de espera, porque solo operábamos lo que era realmente urgente y no podía retrasarse. No obstante, quedé gratamente sorprendido con la respuesta del hospital y de los facultativos del servicio”.

Al plantearse qué consejos ofrecería a los estudiantes de medicina interesados en la neurocirugía, Miguel Gelabert resalta que se trata de una especialidad muy absorbente. “Se manejan enfermos tremendamente complicados y requiere muchas horas de quirófano y estudio para estar completamente al día”.